Un día después del atropello que mató a ocho personas en Nueva York al supuesto grito de Allahu Akbar, no es loco preguntarse si la imagen de Donald Trump podría fortalecerse en una sociedad que comienza a quitarle el saludo.

El autor del atropello es un uzbeco de 29 años y eso podría fortalecer el rechazo a la migración, especialmente desde países islámicos, impulsada por Trump y sus amigos supremacistas blancos. No se trata de que el presidente tenga razón, claramente. Se trata de que comience a parecerlo y así, su conducto de bad hombre, a validarse.

El presidente estadounidense se demoró poco en tuitear. “Acabo de ordenar al (Departamento de) Seguridad Nacional que endurezca nuestro programa de vetos ya de por sí extremo. Ser políticamente correcto está bien, ¡pero no para esto!”, escribió en una pose de te-lo-dije.

El tema ahora no es si Trump tenía razón con su veto. Sería absurdo pensar que un atentado pruebe la necesidad de cerrar las fronteras a millones de ciudadanos de distintos países. Más aún cuando la mayoría de los atentados en Estados Unidos los cometen personas nacidas allí, “the real americans”, como en el caso de la masacre de Las Vegas donde murieron más de 60 personas.

Sin embargo, la imagen de Trump podría verse fortalecida, más aun si aplica el terror como herramienta al estilo Bush hijo. No se trata de que Isis sea una amenaza real para los estadounidenses y muchísimo menos en su propio país. Se trata de que lo parezca.

Por ahora es difícil saber la profundidad de los lazos del atacante con el Estado Islámico. Y eso que versiones de prensa hablan de que se encontró una nota escrita a mano cerca de la furgoneta en la que jura lealtad al ISIS. Sin embargo, aún no se han hallado vínculos de Sayfullo Saipov con el grupo terrorista y se investiga lo sucedido como un ataque “inspirado” en los protagonizados por el ISIS.

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