Los resultados de la jornada electoral de este domingo en Chile fueron una sorpresa parcial para dos candidatos o al menos sus votantes: por un lado, el ex presidente Sebastián Piñera, ganador de los comicios con un 36 por ciento de los votos, tuvo una victoria amarga con casi 10 puntos porcentuales por debajo de las proyecciones.

Por el otro, Beatriz Sánchez, desde la izquierda, tuvo casi 12 puntos porcentuales más de los que le entregaba la encuesta del Centro de Estudios Públicos, considerada ‘la mamá de las encuestas’ en Chile y que en su última entrega le adjudicó 8,5 por ciento de los votos frente al 20,27 por ciento final.

Sin embargo, ¿alguien puede sorprenderse de que en un país gobernado por la derecha económica, enjuiciada por colusión y monopolio, dueña de los medios de comunicación y los centros de estudios, las cifras hayan sido maquilladas?

Este domingo, una vez publicados los resultados de la votación, Sánchez apuntó precisamente hacia allá: “¿Dónde está ese oráculo que es la CEP, borrándonos del mapa? ¿Dónde están las otras encuestas, por ejemplo la Cadem, diciendo ‘están fuera, pueden llegar cuartos o quintos?’. Yo me pregunto, si esas encuestas hubieran dicho la verdad, a lo mejor sí estaríamos en segunda vuelta”.

Algo de razón tenía: el factor miedo pudo haber conducido muchos votos hacia el senador oficialista Alejandro Guillier, quien alcanzó un 22,7 de los votos y se verá las caras con Piñera en segunda vuelta.

Curiosamente, la explicación que dieron desde las firmas de opinión de mercado puede ser comparable a la frase nefasta de “ella lo provocó con su falda”. En una entrevista con el diario El Mercurio, Roberto Izikson, gerente de Asuntos Públicos y Comunicaciones de la firma Cadem, culpó a los votantes del desatino y dijo que fallaron porque “el votante de Beatriz Sánchez se ocultó, no respondía, y eso hay que intentar entenderlo mejor”.

Según Izikson, “las encuestas lograron anticipar la elección (…) ¿En qué lugar del mundo podría ser un fracaso que tú estimes, correctamente, que hay segunda vuelta, quiénes van a pasar y las posibilidades del cuarto lugar?”.

En tanto que Ricardo González, coordinador del Área de Opinión Pública del Centro de Estudios Públicos, dijo que “es parte natural de cómo funciona esto. Cualquier crítica asociada es no entender cómo funcionan las encuestas”, afirmó.

Hay que recordar que el director del CEP hasta el 31 de diciembre es Harald Beyer, ex ministro de Educación de Sebastián Piñera, lo que pone en tela de juicio la objetividad de esta institución.

Sobre el resultado por sobre 10 puntos que le otorgaban a Piñera en comparación con la votación obtenida, González explicó que ahora “lo que viene para el futuro es mucho trabajo, asociado primero al marco muestral. Verificar que utilicemos la mejor información disponible para seleccionar a nuestros entrevistados y lo que pasó con el modelo de votantes probables. A pesar de que fuimos certeros a la hora de estimar la cantidad, puede ser que diferencias en la composición hayan generado estas diferencias en las preferencias”.

“Reconocemos con humildad que no fuimos precisos a la hora de estimar la votación en particular de Sebastián Piñera y de Beatriz Sánchez, y a partir de mañana comenzaremos a trabajar para corregir todas las discrepancias y tener al final el instrumento más preciso que se pueda tener”, señaló.

En la nota de descargos publicada por El Mercurio también participó Marta Lagos, directora de Mori Chile y quien en los últimos días dijo que Sebastián Piñera ganaría en primera vuelta. Según ella, su decisión de no hacer encuestas después de septiembre era correcta: “tuve mucha razón en negarme a hacer una encuesta predictiva con un estudio que era frágil, porque 1.200 casos no eran suficientes. Dije: ‘por menos de 2.400 casos no lo hago'”.

Según ella, “para hacer una encuesta y saber quién gana, tengo que hacerla una semana antes de la elección y con 2.400 casos. Es carísimo (….) Por eso no supimos qué es lo que pasó, porque nadie quiso invertir una chaucha”.