A pesar de que el nuevo canciller alemán, Adolf Hitler, está en contra de los Juegos Olímpicos en su país por causa de la grave crisis que sufre, el presidente del Comité Olímpico alemán expone los grandes beneficios de realizar unas olimpiadas en Alemania y Hitler acepta. Éstos serán los Juegos Olímpicos antes de que empiece la gran locura del dictador y serán recordados como los juegos de Jesse owens, un joven corredor afroamericano, que en el corazón de la Alemania nazi, se consagrará para la historia.