Documental realizado por el director colombiano Ciro Durán en 1985 que relata el día a día del transporte en esa ciudad, donde chóferes se ven envueltos en una verdadera batalla por los pasajeros en medio de la inoperancia de las autoridades.

Dos testimonios le sirvieron a Durán para ilustrar la cotidianidad egoísta, peligrosa y angustiosa que vivían tanto los usuarios como los choferes del transporte urbano en Bogotá. El día a día del transporte bogotano era, como el nombre del documental lo indica, una guerra.

Cuando se habla de la guerra del centavo, en el documental se hace referencia al hecho de que en el año de 1985 los conductores no percibían un salario fijo, sino que trabajaban para ganarse un porcentaje de los pasajes que recolectaran en sus recorridos. Esto obligaba a los conductores a recoger la mayor cantidad de clientes posibles y a trabajar durante turnos de cerca de dieciséis horas diarias. La guerra del centavo era esa batalla campal a la que los bogotanos estuvimos acostumbrados por varias décadas y que surgió en nombre del lucro.Para los bandos de la guerra del centavo, los seres humanos no eran más que cargas a las que había que transportar y arrastrar de un lado a otro por las vías de la ciudad para obtener la mayor cantidad de dinero, para los choferes y los dueños de los buses. El documental de Durán, es un documento que ilustra la situación de los choferes bogotanos y del sector del transporte hace casi 30 años. Sin embargo, el documental no es solo un documento muerto sobre el pasado de la ciudad –con una azarosa troncal de la Caracas sin Transmilenio y con las calles llenas de casetas amarillas y rojas– sino que también le permite a uno como habitante y contribuyente cuestionarse sobre el cambio de la ciudad y de la actitud de los habitantes. Al final, La guerra del centavo también es una expresión que sirve para referirse a toda una actitud bogotana y colombiana, en la que prima el interés personal por encima del bien común.

La situación ha cambiado y se han ofrecido soluciones –a mi parecer más temporales que definitivas a los problemas de movilidad de más de diez millones usuarios. Los bogotanos también hemos tenido que también aprender a comportarnos según normas y sistemas diferentes que antes no existían, lo cual ha implicado un cambio cultural. Sin embargo aún queda mucho por hacer y sobre queda mucho por exigirle a nuestros gobernantes.

La guerra del centavo haya desaparecido. Lo que rige el sector del transporte y en general la administración de la ciudad es la necesidad del lucro y los bogotanos seguimos manteniendo una actitud egoísta con la que queremos beneficiarnos solo a nosotros mismos. Ver el documental de Durán, le permite a uno también preguntarse también, hasta donde los usuarios y los trabajadores seguimos siendo simples piezas en el juego político de aquellos que verdaderamente se benefician.


Con información de Mil Inviernos

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