El terrorismo made in USA ha vuelto a mostrar los dientes sin mucha creatividad: las mismas condiciones, los mismos patrones y el mismo dolor hecho noticia, que se paraliza el mundo porque una vez más un hombre solitario asesina a sus pares en un tiroteo masivo en Estados Unidos.

Puede ser vulgar preguntarse si hay alguien contento por la masacre de 17 personas en un colegio del estado de La Florida , pero aun así no deja de ser válido.

Después de todo, este tipo de tragedias también requieren un cierto impulso social para suceder. La eterna defensa de la libertad a la compra y porte de armas -amparada en esa segunda enmienda que le aseguraba a los recién independizados estadounidenses de fines del siglo XVIII que podrían defender su nueva tierra de Inglaterra- ha sido una de las banderas de campaña de Trump y los republicanos como Ted Cruz, precandidato presidencial.

Acá parte de su campaña:

Medir la tragedia para esas 17 familias es injusto si se mide en términos de rédito político, pero es imposible pensar cada uno de estos episodios como el caso aislado que el establishment trata de dibujar insistiendo en eso eso pure evil, pura maldad, la maldad pura y simple no puede justificar los 1800 estadounidenses asesinados en lo que va del año en ese país por violencia armada.

El álgebra simple diría que si Trump y los suyos son impulsores y defensores de la tenencia de armas, cada tiroteo de estos debería erosionar el respaldo del Partido Republicano y no. La sorpresiva elección del multimillonario fue posible en buena parte por el respaldo abierto a las agrupaciones defensoras de la tenencia de armas y, por el contrario, el discurso sobre la necesidad de éstas se ha vuelto más potente que la reflexión sobre su peligro.

Desde fuera del país se percibe un cierto alivio convertido en reproche. Acá-no-pasa-eso, se puede leer entre líneas de los comentarios de café en donde el resto de los países de América pueden consolarse en que su violencia tiene otra forma. La línea que separa la violencia suele estar más clara. La dificultad para acceder a un arma desde el mundo honrado hace que la posibilidad de un ataque de este estilo sea casi remota si no se tiene un pie al otro lado.

Pero justificar las muertes en que se pueden comprar balas es no ver la torta bajo la crema. De ser así tan plano, nos podríamos apuñalar o atropellar o cuanta forma pendeja de asesinato se pueda pensar, que las balas solo son el instrumento, no el motivo.

Entonces miramos a los autores/victimarios/perpetradores y el patrón es similar: hombres solitarios, marginados asociales a los que el desfile de la sociedad dejó de lado, mirando, deseando: cuando te das cuenta que comprar no alcanza para ser aceptado, la premisa del capitalismo se hace falsa. No todo lo da el dinero y es evidente que el problema va más allá de los medidores capitalismo/no capitalismo, pero ese es el teatro donde se dan estos ataques.

¿Nos sorprende el más reciente tiroteo en Estados Unidos donde un joven apareció disparando por el colegio del que lo habían echado y mató a 17 personas?

A mi, no. Ni me sorprenderá cuando vuelva a suceder, una certeza ronca. Porque ¿si sabemos que volverá a pasar, por qué no se frena? La obviedad del nudo no lo hace fácil de desamarrar. Chris Rock decía en un monólogo que el verdadero problema no era la libertad de tener armas, sino lo baratas que estas eran. Si una bala te costase 5.000 dólares, te lo pensarías dos veces antes de disparar. En una pelea dirías: okey, voy a trabajar fuerte, ahorrar mucho, juntar el dinero y en unos dos años volveré a matarte. En ese tiempo el empute se te habría calmado, decía el humorista y yo le creo.

En este caso el asesino no se mató: el circo futuro del linchamiento legal dejará espacio para imponerle la pena de muerte. Un debate aparte en el que no entraré más que asomado para decir que esta y otras penas no han frenado a nadie a la hora de comprarse un rifle y resoplar su odio a la sociedad.

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Casi un arma por gringo

 

Al finalizar la rueda de prensa en que se dio el “balance” del hecho, una de las funcionarias federales recordó que cualquier ayuda para las víctimas la podrían canalizar por la página web de donaciones Go fund me, como si el problema fuera ese. En pocas horas, millones de estadounidenses contribuyeron con sus granitos de dólar para satisfacer la consciencia.

En paralelo y sin pudor, la prensa repeteía videos del ataque. Como este:

Se hablaba del tirador, bajaron su cuenta de instagram pero algún buen samaritano la grabó antes de eso:

¿Cómo nadie vio que lo que le faltaba era amor?

Su día del Amor, su San Valentín, fue la imitación atroz de una mala película de terror muy gringa. Lets Make America Greate Again.


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