Ahora parece que nos sorprendemos: la humanidad entera de boca abierta con las denuncias contra el productor estadounidense Harvey Weinstein por acoso sexual. Cómo puede ser posible que esto pasara, nos decimos con una sorpresa que antes que zonza es falsa. 

No se trata solo de que la industria de Hollywood esté basada en la cosificación de la mujer y que buena parte de su discurso sean dos pezones en coronando silicona. Se trata de que los Weinstein abundan y fingir sorpresa no es otra cosa que esconder nuestra complicidad. 

Se habla de cifras: que ocho de cada diez mujeres son víctimas de acoso sexual y aun así nos preguntamos quiénes son esos acosadores. Dónde están esos hombres que molestan a las mujeres por la calle. Cómo actúan esos mosntruos del piropo no deseado.

Y es que en este caso todos somos Weinstein y pocas somos denunciantes. Es como si el productor gringo se hubiese inmolado en nombre de la masculinidad, cristo redentor del pecado de bragueta, sacrificándose por toda la humanidad con pene, lavando los pecados del machismo. 

Esta semana, la actriz mexicana Karla Souza denunció que un director de cine la violó. Hace unas semanas, la periodista colombiana Claudia Morales dijo que un ex jefe había hecho lo mismo con ella. Ninguna de las dos quiso dar el nombre de su victimario. El miedo sigue presente. El delito persiste porque desde afuera se acusa a la víctima. Se lo buscó. Provocadora. No es una santa. 

Entonces los Weinstein siguen ahí, como si nada, apuntando con el dedo a los otros acosadores. Amparados en que fue el alcohol, en que fue un pequeño desliz, en que la calentura los dominó. 

Cuatro de cada diez mujeres han enfrentado violencia sexual de parte de su pareja, según datos de la ONU, pero esas parejas, esos Weinsteincitos domésticos no han enfrentado jamás a la justicia. Menos aun la recriminación boba pero efectiva de la denuncia social. 

No sé si detrás de cada hombre hay un abusador. Lo que sí sé, es que hay muchos más abusadores de los que creemos. Agazapados detrás del chiste flojo, regodiados en sus grupos de whatsapp donde se quejan de que las mujeres de hoy “no aguantan una cachetada”, amparados en la idea de que para ser acosador hay que violar.

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