El premio Nobel insiste en sus críticas al movimiento feminista durante la presentación de su autobiografía intelectual El llamado de la Tribu en Chile, donde recordó que estuvo “en una polémica en España porque una feminista de esta corriente estaba contra Nabokov por Lolita, que era un pedófilo por este personaje que viola a una niña, pero con ese criterio la literatura desaparecería”.

Su último libro es una suerte de mapa de los pensadores liberales que lo ayudaron a desarrollar un nuevo cuerpo de ideas después de lo que el peruano llama “el gran trauma ideológico” que le produjo el desencanto con la Revolución Cubana y el distanciamiento de las ideas de Jean-Paul Sartre, el autor que más lo había inspirado en su juventud.

En la presentación Vargas Llosa aseguró que cree “que el feminismo esencialmente tiene razón, hay una injusticia que tiene muchos siglos detrás en la que la mujer ha sido un ciudadano de segunda clase, que ha sido discriminada, que todavía en las sociedades más avanzadas a igual trabajo una mujer no gana lo mismo que un hombre, en fin, creo que hoy en día hay muchísimas razones para apoyar el feminismo”.

 “Ahora, desgraciadamente con el feminismo ocurre que hay una rama, un sector que defendiendo ideales justos se ha convertido en una dogmática, en algo absolutamente intolerante, en algo autoritario, y creo que eso debe ser combatido, sin complejo de inferioridad”, agregó el peruano.

“Recientemente, estuve en una polémica en España porque una feminista de esta corriente estaba contra (el escritor de origen ruso) Nabokov por Lolita, que era un pedófilo por este personaje que viola a una niña, pero con ese criterio la literatura desaparecería”, dijo Vargas Llosa.

Luego siguió: “Era resucitar una inquisición más feroz que la histórica, tratando de introducir la corrección política en un género, en un quehacer que es la incorrección no solo política sino que también social, filosófica, sexual, encarnada. Es una especie de contracorriente que se enfrenta a lo establecido, que resucita todos los demonios que queremos enterrar en la vida para hacer la sociedad posible”.

Según el Premio Nobel de Literatura 2010, “si quiere que haya literatura tiene que aceptar enfrentarse a esos demonios que la literatura resucita y las feministas tienen que entenderlo a no ser que quieran que la literatura desaparezca”.

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