Quince años después de que Nestor Kirchner abandonara el Fondo Monetario Internacional, cuestionando las condiciones de sus préstamos, Mauricio Macri volvió a tocar la puerta de la entidad para conseguir un préstamo de emergencia que le permita salvar al peso argentino y su imparable carrera bajista frente al dólar. 

Este martes, Macri dijo que ya había hablado con la presidenta del FMI, Christine Lagarde, para pedirle su ayuda y aunque no precisó cuánto pedirá, su llamada de auxilio se produce justo cuando el peso argentino cae más de un 5 % frente al dólar.

“Somos de los países del mundo que más necesitamos del financiamiento internacional producto del enorme gasto público que heredamos”, dijo Macri adjudicando el problema, una vez más, al gobierno anterior.

La semana pasada, el peso se devaluó con fuerza y obligó al gobierno a intervenir en el mercado con un alza en las tasas de interés hasta el 40 % y forzando a los bancos a vender sus dólares. Esta medida fue un balde de agua en un incendio y dos días después el dólar continuaba al alza en un contexto internacional complicado para las monedas emergentes.

Macri sabe que tocar la puerta del FMI es revivir los fantasmas de la crisis del 2001 y el desplome de un modelo neoliberal que ocultó durante años la pobreza y las duras condiciones para los más desfavorecidos. Por eso, el presidente argentino asegura que todo es culpa del gobierno anterior.

“Implementamos una política económica gradualista que resuelva el desastre que nos dejaron en las cuenta públicas. Eso depende del financiamiento externo y durante los últimos dos años hemos contado con un contexto favorable. Pero esto está cambiando por distintos factores: suben las tasas de interés, sube el crudo, se han devaluado las monedas emergentes”, dijo. 

El Gobierno anunció la semana pasada que recortará unos 3.000 millones de dólares del gasto público y reducirá así la dependencia del Estado al dinero externo. Pero eso no bastó: los inversores ya no confían en la economía argentina, pese al apoyo internacional que ha merecido Macri desde que llegó al poder. Mientras el dólar subió 5,3% en Buenos Aires, Colombia depreció su moneda 1,4%, Chile 1,3% y Brasil 0,8%. Sostener el peso le costó al Banco Central argentino más de 5.000 millones de dólares desde el viernes de la semana pasada, señala El País. 

La estrategia de resistencia del peso puede tener ahora graves consecuencias para la economía, en momentos en que intenta frenar una inflación que se prevé del 20% para 2018, la segunda más alta de la región después de Venezuela. 

 

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