Es cierto: en el siglo XXI, hablar de una monarquía parece irrisorio. Más aun si se trata de una familia real en un país desarrollado y autoerigido como guardián de la democracia de América Latina como en el caso de España. Aun así, la familia Borbón existe y gobierna, así sea simbólicamente, y sustenta su poder en la gracia divina (¿?). 

Por eso, una crisis en la familia real puede suponer un problema político.

Hasta hacía poco, la creencia general era que a Letizia y Sofía las unía una relación, si no entrañable, al menos cordial. En 2015, durante un reconocimiento a la madre de su esposo, la primera afirmó: “Le acabo de entregar el premio a la reina Sofía, a mi suegra, y yo creo que la palabra suegra nunca ha sonado mejor”, tras elogiar su labor por “valiosísima, callada y utilísima”.

Sofía, por su parte, desde la boda en 2004, manifestó con gestos, como suele hacerlo la realeza, que quería a su nuera. Así, abundan fotos y videos que exhiben abrazos y risas cómplices entre las dos en actos oficiales o en salidas juntas.

Pero la buena labor de imagen que construyeron por 14 años, gracias a la cual se percibía armonía entre ellas, pese a estar en bandos distintos, se vino abajo con su pelea del pasado Domingo de Pascua. Los hechos son bien conocidos: un video viral en internet reveló un desencuentro entre la reina emérita, como fue llamada Sofía tras la abdicación de su esposo Juan Carlos en 2014, y la consorte del rey; en seis segundos, Felipe disolvió el altercado, llamándole la atención a Letizia. El audio no deja saber los términos del encuentro, pero según expertos en lectura de labios, Felipe inquiere a su mujer: “¿Cuál es el problema?”. Segundos más tarde le replica: “Por favor, déjalo ya”, y le pide lo mismo a su madre.

Fue un episodio poco presentable de una familia llamada a dar ejemplo de unidad, que es lo que la institución de la monarquía representa para los españoles. Sobre esa obligación se refirieron medios como ¡Hola!, una revista cortesana que jamás airea los trapos sucios de los Borbón, lo que ilustra bien la seriedad del escándalo.

Todo comenzó cuando a la salida de la misa de Pascua en la catedral de Palma de Mallorca, la reina emérita quiso que le tomaran una foto con sus nietas, las infantas Leonor, princesa de Asturias, y Sofía. Las imágenes muestran que el fotógrafo no tiene que rogarle mucho, como si tuviera un especial interés en ser retratada con las niñas. Una de ellas, su tocaya, trata de escabullirse, como temerosa de su madre. Al instante, la reina empieza a interponerse entre las tres y la cámara, hasta que se le acerca a su suegra y le hace un reclamo.

Sofía trata de aferrarse a sus nietas, pero Leonor, en una actitud que causó estupor, aparta bruscamente dos veces el brazo de su abuela. Pero una versión del video desde otro ángulo, enseña que la reina no es áspera con su suegra, sino que le acaricia el brazo y le toma la mano con delicadeza, mientras le habla.

El motivo más probable de la pugna fue que Letizia no quería que se tomara la instantánea. Como igualmente lo anotó ¡Hola!, que posee buenos contactos en la casa real, así se comprobó el rumor de que ella controla, hasta la obsesión, la imagen de sus hijas, en especial quién y para qué se las fotografía.

La boda del príncipe de Asturias con la periodista Letizia Ortiz Rocasolano, el 24 de mayo de 2004, en Madrid. El entonces rey Juan Carlos tuvo que ceder porque su hijo amenazó con renunciar al trono si no le permitía convertirla en su princesa. Foto: AFP.

“Todas las familias tienen un mal día”, opinan los que piensan que se le dio mucha importancia a lo sucedido. De otro lado, el rifirrafe volvió a sacar a la luz viejas historias sobre otros desplantes y situaciones, nunca documentados con un video, como en este caso, que han alimentado la idea de que las relaciones entre Letizia y su familia política no son buenas. Lo particular de este momento es que por primera vez, desde su subida al trono, se habla del posible divorcio de los reyes a causa del carácter conflictivo y autoritario de la reina.

La llegada de un nuevo miembro suele revolcar a muchas parentelas. En esta historia, la periodista Letizia Ortiz Rocasolano, nieta de un taxista y presentadora de Televisión Española, no fue del agrado del rey Juan Carlosdesde el comienzo. “Que nadie diga que ha dormido con la reina”, le recomendaba a su único hijo varón, porque ella era divorciada del profesor Alonso Guerrero, una condición que por años fue vetada en las casas reales.

Felipe ya había tenido que renunciar a dos novias, Eva Sannum e Isabel Sartorius, debido también a la censura del rey y como un sacrificio por su posición de heredero del trono. Pero esta vez se mantuvo firme en que renunciaba a sus derechos dinásticos si no lo dejaban casarse con la bella asturiana, hija del periodista Jesús Ortiz y de la enfermera y sindicalista Paloma Rocasolano, también divorciados y republicanos.

A Juan Carlos, parece que ese entorno le chocó. Llamaba, despectivamente, a Letizia ‘lista‘ y ‘la Chacha‘, según el libro La corte de Felipe VI, de Daniel Forcada. Otros rumores con origen en las entrañas del Palacio Real sostienen que una de las primeras cosas que le expresó a su nuera fue: “No me gustas, pero haré de ti una reina”. Así mismo, le declaró a un amigo que su presencia era “como tener al enemigo en casa”. La manifestación más grave que quizá ha hecho Juan Carlos sobre Letizia es recogida por Jaime Peñafiel, veterano cronista de la casa real, en artículos y libros: “Si se casa con ella, se acabará cargando la monarquía”.

Los reyes con sus hijas, Leonor y Sofía, en el Palacio de Marivent, en Palma de Mallorca, el verano del año pasado. Felipe les tiene miedo a las rabietas de Letizia, quien protege hasta la obsesión a sus hijas. Foto: Look Press Agency.

El rey emérito detesta el carácter controlador e independiente de su nuera. En 2013, en medio de una grave crisis de la pareja, corrió el chisme de la fuerte pelea que el rey y su hijo tuvieron por ella. Corría el tradicional verano real en el Palacio de Marivent, en Palma, sitio que Letizia detesta, y tanto Juan Carlos como Sofía le pidieron a Felipe que alargaran la estadía para poder disfrutar un poco más de sus nietas. El no de Letizia fue rotundo.Felipe no fue capaz de negarse al deseo de su padre y eso molestó a su esposa, quien lo dejó en la isla conLeonor y Sofía. Juan Carlos, furioso, le espetó a Felipe: “Divórciate”.

La virulencia de las relaciones ha quedado reflejada en muchos más episodios de telenovela. Juan Carlos tampoco soporta el perfeccionismo de la consorte, deseosa siempre de ser la más sabionda y la más guapa, según la chismografía. Una vez, relata Andrew Morton en Ladies of Spain, se enfureció al ver cómo ella soltaba un discurso de 20 minutos sobre la situación en Irak, en medio de una reunión familiar en la que también estaba el rey Konstantinos II de Grecia, hermano de Sofía. “Letizia, ya sabemos que eres la más inteligente de la familia, pero deja hablar a los demás”, le reclamó el rey, célebre por su estilo llano, de campesino rico.

“La reina se siente sola”, señaló ¡Hola!, tras el incidente de Mallorca, además de que se culpa a sí misma porque su impulso dañó la imagen de su hija Leonor, llamada ahora “malcriada” por su grosería con su abuela, de 79 años. Empero, no ha faltado quien pida compasión para Letizia, que desde que llegó a la familia real es blanco de un riguroso escrutinio de su ropa, modales, peso, cirugías plásticas, etc, sin posibilidad de defenderse.

A la reina se le culpa de un complot que determinó la renuncia de Juan Carlos al trono, así como de haber distanciado a Felipe de su familia y de no permitir el contacto de sus hijas con los Borbón. Este último detalle es uno de los detonantes de su malograda relación con Sofía. Según Peñafiel, quien ha cubierto la realeza de Europa por cuatro décadas, la reina emérita le contó hace poco a una amiga: “Mi nuera no me deja ver a mi nieta”, refiriéndose a Leonor. Esta última, a su vez, les expresó lo mismo a unas amiguitas del colegio. La reina, muy mandona, le ordenó al personal que no dejara que la abuela vea a las herederas y amenazó a un empleado con echarlo por no acatar la instrucción.

También circula la historia de unos caramelos de anís que Sofía guarda en su cartera para sus nietos. Letizia, de quien se dice que es anoréxica, también supervisa rígidamente la alimentación de las herederas y no consiente que Sofía les dé los dulces. Aún así, esta se las ingenia para que las niñas los disfruten.

Peñafiel es un severo y bien informado crítico de Letizia y hasta ha tenido discusiones cara a cara con ella y la describe como “incontrolable, agresiva y maleducada”. Afirma que Sofía, siempre conciliadora, en principio trató de protegerla y de enseñarle cómo llevar una dignidad de la que ella sabe de sobra, como nieta, hija, sobrina, hermana, prima, esposa y madre de reyes.

Es conocido que Letizia tampoco se entiende con su cuñadas, las infantas Elena y Cristina. Con esta última, la rivalidad es acerba y comenzó por detalles como que Letizia se negó a hospedar a los padres de su marido, Iñaki Urdangarin, en el Pabellón del Príncipe, donde viven, su pretexto de su embarazo de Leonor. Resultó extraño porque se trata de una casa de 1800 metros cuadrados y se especula que la verdad es que ella ya estaba resentida con su cuñada porque no la quiso nombrar madrina de su hija, Irene Urdangarin.

El conflicto escaló con el estallido del caso Noos, por el que tanto la infanta como Iñaki fueron a juicio por el desvío de más de 16 millones de euros de fondos públicos. Nunca antes un miembro de la familia real se había sentado en el banquillo de los acusados y los Urdangarin están convencidos de que Letizia, según periodistas como Eduardo Inda y Esteban Urreiztieta, de El Mundo, estuvo detrás de su desgracia, por la cual fueron borrados de la agenda y la web de la casa real. Vergonzosamente, Felipe los despojó luego del título de duques de Palma de Mallorca.

El proceso podría poner a Iñaki tras las rejas (la infanta fue absuelta), se esperaba al cierre de esta edición, y lo ha obligado a exiliarse en Suiza con su familia. Como es de esperarse, Sofía está del lado de su hija y le implora al rey que levante el veto. Pero él se ha mostrado inflexible, al parecer movido por Letizia y he ahí un motivo más para sospechar por qué Letizia no es santa de la devoción de su antecesora.

Dado su fuerte carácter, insiste Peñafiel, nadie, ni siquiera su marido, puede decirle nada a Letizia. “Felipe perdió la batalla desde el anuncio del compromiso, cuando ella le dijo: ‘Déjame terminar‘, luego de que él la interrumpió en la rueda de prensa”. El periodista piensa que la relación no tiene arreglo. “Ella está crecida y Felipe está empequeñecido. Le asustan las reacciones de su mujer”. De igual modo, añade, el rey ya no la admira. “Dudo que siga enamorado de ella. Lo ha hecho sufrir tanto”, explicó en entrevista para El Nacional, de Barcelona.

Pero, ¿por qué las desavenencias entre los Borbón y los excesos de Letizia pueden suponer un peligro para el trono? Si siguen así, podrían darles razón a los que abogan por una república, en un país que no es especialmente monárquico y ha derrocado a varios reyes.

En defensa de Letizia, muchos que la quieren se preguntan si un divorcio la dejaría frágil ante el inmenso poder de la monarquía. No se saben los términos del acuerdo prenupcial que firmó con Felipe. La única pista la ha dado su primo, David Rocasolano, en su libro Adiós, princesa, en el cual narró que ella le pidió revisar el documento y se encontró con que perdería la custodia de los hijos habidos en el matrimonio. Letizia se puso furiosa cuando el abogado le dijo: “Es ilegal. Yo que tú no firmaría”, a lo que contestó, energúmena: “¡Cómo te atreves! ¿Tú qué crees, David? ¿Que soy tonta? Aquí estamos a lo que estamos”. Y estampó su rúbrica.

Letizia también le consultó al abogado Jaime del Burgo, esposo de su hermana Telma, cuya respuesta fue desestimar el asunto de la custodia, según el diario digital Vox Populi, y le reiteró a su cuñada: “Te tienen que tratar mejor que a Lady Di”. Para Rocasolano, eso fue una advertencia de que buscara una compensación económica mayor a la que obtuvo la fallecida exmujer de Carlos de Inglaterra. Para ella, los 20 millones de dólares que recibió fueron insuficientes para sus necesidades de seguridad y por eso andaba a la caza de un millonario como Dodi Al-Fayed, al lado de quien murió en 1997, que la protegiera del asedio de la prensa y otros enemigos.

Ahora, la sombra del divorcio vuelve a acechar a Felipe y Letizia, una vez más por invocación de Juan Carlos, testigo mudo del espectáculo de la catedral, aunque minutos después reaccionó. “Si no querías fotos de las niñas con los abuelos”, interpeló a su nuera, “pues no debiste tener dos hijas con don Felipe”, según un paparazzi que estaba cerca de él ese domingo. Y remató expresándole que deseaba que el futuro de su hijo fuera más tranquilo. ¿Qué quiso decir con eso?, se interrogó la prensa española. ¿Verse liberado de las presiones de la autoritaria Letizia? El tiempo tiene la palabra.


Con información de Jet Set

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