La cadena británica Burberry, una tienda de ropa de lujo, está en el ojo del huracán, después de que un reportaje de The Times revelara que la marca quema cada año ropa valorada en unos 31 millones de euros. 

Esta sería su forma de deshacerse de ella y de que no llegue a las manos equivocadas, es decir, al ‘mercado gris’ o ilegal de productos de alta gama. Así, en los últimos cinco años, habría quemado un volumen de prendas valorado en100 millones de euros, 

Así, la mítica firma de las gabardinas de cuadros no tendría ningún reparo en quemar tales cantidades de ropa, generando aún mas residuos -la moda es la segunda industria más contaminante después del petróleo- y derrochando recursos.

Si bien alega que lo hace en incineradores especiales que aprovechan la ropa quemada como combustible. Sea como sea, se trataría de una medida que no deja en buen lugar a Burberry ni a las firmas que realizan esta práctica, por el exceso que supone.

En teoría, el objetivo de la marca británica y el resto de firmas que llevan a cabo esta práctica es proteger su marca y sus derechos de autor. Quemando su ropa evitan que les copien o vendan sus productos sin su consentimiento en redes de comercio paralelas, lo que les deja sin ingresar importantes cantidades.  

Además, evitan que cualquiera lleve su ropa. Porque las marcas de lujo quieren ver sus prendas en determinadas personas con un estatus y una posición social concreta. Sus precios son tan elevados para ello, como barrera de entrada para el resto de personas. Por eso no pueden arriesgarse a que, por medio del mercado gris, caigan en manos inadecuadas. Si bien para ello realizan un gesto que puede hacer que muchos se alejen de ellas, porque demuestra muy poca ética y responsabilidad con el medio ambiente y la sociedad.

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