Me gustaría no ver en mi infancia otra cosa que infancia. Y sin embargo no puedo. Ni siquiera veo en ella ninguna señal de infancia. Ese pasado tiene algo de consumado y perfectamente definido. Y respecto del cual no es posible ningún engaño.

Yo no me encuentro en ella de ninguna manera. Es la época de mi vida que me parece más árida, al margen de algunos años que son, en ella, como un lugar de descanso, del que saqué fuerzas para toda mi vida. Nada más nítido, más vívido, menos soñado que mi infancia. Ninguna imaginación, nada de la leyenda, ni del cuento de hadas que aureolan la infancia con el nimbo de los sueños.

No quiero explicar nada. Así fue para mí y para mis dos hermanos, que vivieron los mismos años. Esta infancia me incordia, sin embargo, y persigue mi vida como una sombra. No me atrae por su encanto, pues apenas lo tiene a mis ojos, sino, muy al contrario, por su rareza. Jamás ha condicionado mi vida. Fue solitaria y secreta, ariscamente guardada y sepultada en sí misma durante mucho tiempo.

La diré a merced del viento que sopla en mí cuando siento que me invade y me obsesiona como una aventura olvidada y no dilucidada.

No he tenido largos años de costumbres, ni esa dulzura que se deriva de ellas y de su ritmo, de su lentitud para desprenderse del tiempo, para ejercer su encanto. No, no he tenido nada de todo eso, no he tenido ni casa familiar, ni jardines conocidos, ni desvanes, ni abuelos, ni libros, ni esos compañeros a los que uno ve crecer. Nada de todo eso. ¿Se preguntarán qué es lo que queda? Queda mi madre. ¿Por qué ocultármelo?

Es su historia la que quiero contar, el asombroso misterio jamás conocido, ese misterio que fue durante mucho tiempo mi alegría, mi dolor, en el que me reencontraba siempre y del que huía a menudo para después volver.

Mi madre fue para nosotros una extensa llanura por la que caminamos largo tiempo sin averiguar sus dimensiones. No la veo en modo alguno con ese halo de dulzura y de vigilancia que acompaña a estos recuerdos cuando los seguimos. Es una gran caminata que nunca terminó.

No conozco su vida como mujer, como muchacha, como esposa. La veo como nuestra madre, eso es todo.

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