Después de la elección legislativa de marzo este año, las cuentas para el partido de Álvaro Uribe le daban un aparente control del Congreso colombiano que le permitiría gobernar sin sobresaltos. Pero no: el partido oficialista se acaba de anotar su primera derrota a tan solo dos semanas de haber asumido.

El Centro Democrático, iglesia política en torno de la figura de Uribe, ni siquiera logró ponerse de acuerdo en la elección del Contralor en el Congreso, que finalmente optó por Carlos Felipe Córdoba, impulsado por el partido Cambio Radical y apoyado casi por todo el Parlamento.

El candidato de Uribe, José Felix Lafaurie, ni siquiera logró sumar los 51 votos de todos los representantes del Centro Democrático y se quedó con apenas 12 votos.

Ni siquiera el propio Uribe votó por él, pues se abstuvo de emitir una preferencia. 

Antes de la votación – y viendo la garrotera que se les venía encima- los congresistas del partido de Uribe trataron de convencer a Lafaurie para que bajara su candidatura y se evitara una derrota humillante como finalmente sucedió. 

Según cuenta Semana, Lafaurie no solo se mantuvo obstinado sino que amenazó con impulsar el retiro del carnet del partido a los senadores y representantes que no votaran por él.

El golpe de Uribe

Viendo que la derrota se le venía encima, Uribe decidió hacerse el loco con la elección y se declaró impedido para participar de la votación con la excusa de que varios de los candidatos habían sido sus subalternos durante los ochos años de su gobierno, incluido el ganador Carlos Felipe Córdoba.

Al momento del escrutinio, la fractura del uribismo quedó cantada. De los 49 votos del Centro Democrático habilitados (Uribe y María Fernanda Cabal, esposa de Lafaurie, que tramitó una licencia no remunerada), Lafaurie apenas obtuvo 12. Eso significa que 37 congresistas del partido de gobierno terminaron votando a favor de Córdoba, como lo habían promovido algunos antes de la votación.

Ese resultado fue interpretado en el Capitolio como la derrota del ala más radical del uribismo, que se la había jugado con Lafaurie. En consecuencia, los parlamentarios de la llamada ala moderada, más cercanos al presidente Iván Duque, ganaron la partida. Al no renunciar, como muchos se lo habían recomendado, Lafaurie dejó fracturado al uribismo.

La derrota del uribismo contrasta con la victoria de las bancadas del Partido Liberal, Cambio Radical y el Partido de la U, que tras conformar coalición para elegir a contralor general, pueden declararse independientes frente al gobierno Duque el próximo 7 de septiembre, fecha en la que vence el término -según el estatuto de la oposición- para definir la postura frente al Ejecutivo. Y lo peor para el gobierno, es que estos partidos notificaron quién es el que tiene las riendas de las mayorías en el Capitolio.

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