Brasil está ante un momento determinante para su historia.  Jair Bolsonaro tiene todo de cara para ser el próximo presidente brasileño el domingo 28 de octubre frente a Fernando Haddad. Una victoria que, con el aval de la mayoría de los más de 147 millones de brasileños llamados a las urnas, dejaría el país en manos de un exmilitar de ultraderecha con un historial machista, racista y xenófobo.

Una hemeroteca contra los pobres o los negros que no ha impedido que le apoyen exfutbolistas que vienen de la pobreza y que son racializados. Como ocurre con los campeones del mundo Rivaldo, Ronaldinho o Cafú. Los dos primeros lo hicieron a través de Instagram con camisetas con el número 17, que es el número de diputado del candidato de ultraderecha.

Que varios exjugadores de los que se destacaba sus orígenes humildes apoyen a Bolsonaro ha sorprendido al mundo entero. Las críticas contra ellos y su decisión política no tardaron en aparecer. Ya no solo por “traicionar” a sus orígenes y a su integridad, sino por respaldar a un candidato que llegó a decir que los pobres solo servían para votar y para los que propuso un “control de natalidad” en 1992. Es decir, insinuó que había que esterilizarles porque “quien no tiene condiciones para tener hijos no debe tenerlos”.

Nada de esto ha disuadido a Rivaldo o Ronaldinho, que siguen vinculados al F.C. Barcelona, y a otros jugadores como Felipe Melo y Lucas Moura a anunciar públicamente que depositarían la papeleta de Bolsonaro en las urnas el pasado 7 de octubre y que seguramente volverían a hacerlo en la segunda vuelta del próximo domingo. Un apoyo que es muy difícil de comprender teniendo en cuenta todo lo anterior. Pero que encuentra explicación en el contexto de un país más preocupado por sus urgencias que por sus derechos sociales.

“Se mezclan descontento y necesidad de creer en algo”

Los que viven situaciones extremas (en Brasil hay 12 millones de desempleados) y los futbolistas que han prosperado gracias a su talento tienen en común, además del respaldo a Bolsonaro, la preocupación por la baja seguridad en Brasil. El país latinoamericano batió en 2017 su récord de asesinatos, tras llegar a los 63.880, según datos del Braziliam Forum of Public Security. “Bolsonaro quiere facilitar el acceso a las armas a la población. Se vende como un outsider y vender soluciones sencillas para problemas que son muy complejos. Por eso le apoyan”, explica a eldiario.es Thiago Arantes, periodista brasileño radicado en España.

Según Arantes, la clave para entender el éxito de Bolsonaro en las capas sociales más pobres está en una mezcla de “descontento y necesidad de creer en algo”. “El discurso flojo y superficial que tiene es lo que le ha ayudado a ascender. A eso se suma el descontento con el Partido de los Trabajadores (PT), que empezó bien con Lula y se ha acabado deshaciendo por la corrupción”, añade el periodista especializado en deportes, que incide en que no ha sido casual que los exfutbolistas más conectados con las clases más bajas hayan apoyado a la ultraderecha.

Esa corrupción y el descontento por la inseguridad es a lo que apunta el periodista Quique Peinado, que escribió el libro Futbolistas de Izquierdas. Según el también presentador, Ronaldinho o Rivaldo “han puesto por delante otros factores y restan importancia a lo dicho por Bolsonaro, que se ha desdicho de algunas cosas del pasado pero no se ha arrepentido”. La alta tasa de delincuencia y las cifras de crímenes es algo que afecta también a la gente con mucho dinero, por lo que, dice Peinado, “al final los futbolistas son más lo que tienen que lo que son, y tienden a desclasarse”. Un ejemplo similar, según él, son las mujeres que apoyan a Bolsonaro aunque sea un machista.

Nada que ver con Sócrates

El rechazo al PT y a lo que supone tras 14 años en el poder marcados por la corrupción es otra variable importante. Jugadores como  Neymar y  Ronaldo Nazario apoyaron en las elecciones de 2014 a Aècio Neves, que aspiraba a la presidencia frente a Dilma Roussef. Un proceso que estuvo marcado por el Mundial que organizaba el país ese año, para el que se construyeron  estadios que no se volverían a usar y en cuyas obras murieron varios trabajadores. Una inquina que se repite en estos comicios, y que para Thiago Arantes ha supuesto que “se haya dado espacio al odio”. Algo motivado porque “en Brasil se vota más al candidato que al partido o la ideología. Hay gente que vota a Bolsonaro que votaría a Lula si fuera candidato”, dice el reportero brasileño.

Esta posición política de exfutbolistas que llevan pocos años retirados se ha limitado a fotografías colgadas en Instagram o pequeñas declaraciones en los medios. No tiene nada que ver con el compromiso que han mostrado otros como Romario, que fue candidato en estas últimas elecciones y lleva varios años siendo diputado. Ni tampoco con lo que supuso Sócrates, que fue uno de los impulsores de la llamada  Democracia Corinthiana contra la dictadura militar en Brasil. Una plataforma por la cual el Corinthians, en el que jugaba Sócrates, pasó a un sistema de autogestión en el que todos los trabajadores tenían voto en las decisiones del club.

“Él aprovechó la impunidad del fútbol, que te permite ser más libre, para aprovecharlo. Aquello fue una plataforma de izquierda que iba contra la dictadura. Y Sócrates no era solo un pensador e ideólogo, sino que tuvo la suficiente inteligencia para organizar aquello”, explica Peinado. Lo más parecido, señalan ambos, es el exjugador del Olympique de Lyon Juninho Pernambucano, que se ha mostrado contrariado por el apoyo de sus excompañeros de selección a Bolsonaro. “Es una excepción por completo. También tuvo una vida más fácil, y se interesó por el conocimiento”, dice Arantes, que resalta sus diferencias con otros. “Ronaldinho no va a salir en manifestaciones o a dar discursos de 10 minutos”, señala Arantes.

El Barça, preocupado por sus embajadores brasileños

Algunos de estos exfutbolistas que han demostrado su predilección por la ultraderecha también ha salpicado a los clubes o empresas con los que se les vincula. Es lo que ha ocurrido con el F.C. Barcelona, que cuenta con Ronaldinho como embajador del club. Y que anunció que le observaría “detenidamente” por su respaldo a Bolsonaro. “Desde el Barcelona defendemos valores civiles y democráticos que no concuerdan en absoluto con los ideales de este candidato a la presidencia de Brasil”, dijo el portavoz de la directiva, Josep Vives, cuando fue cuestionado por el tema. Pero, por ahora, no han roto relaciones con él.

La periodista Gemma Herrero conoció a Ronaldinho cuando llegó al Barça. Su sorpresa al ver que votaría a ese candidato fue tal que hasta escribió un artículo en el que anunciaba que esto no se lo perdonaba. “Tengo incredulidad. No me podía creer que apoyase a un racista. Él no era pobre total, pero su candidato va contra todos. Está claro que no le conocía”, cuenta a eldiario.es.

Según Herrero, lo de Brasil “no es una cuestión de ideologías, sino de lucha contra el fascismo. No es lo mismo apoyar a cualquier partido que a Bolsonaro”. Además, la periodista apunta a que mantener a Ronaldinho como embajador “no es bueno para su imagen”. Aunque cree que si no se hubiese difundido tanto “no habrían dicho nada”.

Al ser embajador del Barça, el exfutbolista es el representante del club en varios actos y juega varios partidos amistosos, además de ser la imagen en eventos institucionales. Algo que, como señala la reportera de la Cadena COPE Helena Condis, choca con su apoyo a alguien que “promueve unos valores que no tienen nada que ver con la institución”. Pero recuerda que “en su momento el Barça llevó la publicidad de Qatar. Yo no entiendo que Ronaldinho apoye a Bolsonaro, pero el club también tiene su pasado en lo de Qatar”, añade Condis.


Vía El Diario

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