Esta semana, la senadora Paloma Valencia pateó el tablero de la política colombiana mientras se debatía en el Congreso el bochornoso caso de corrupción que vincula a Odebrecht con el mayor millonario del país y el actual Fiscal General Nestor Humberto Martínez.

Para decir que en un debate sobre la corrupción no podían hablar desde un pedestal moral los corruptos, Valencia presentó el ya famoso video de Gustavo Petro recibiendo unos fajos de billetes en lo que parece ser el comedor de una casa particular. 

La difusión del video rompió el debate en el Congreso donde el Fiscal Martínez trataba de convencer a los parlamentarios de que él desconocía las operaciones por debajo de cuerda de Odebrecht con Carlos Sarmiento Angulo para ganar jugosas licitaciones públicas. 

Lógico: después de que el video comenzó a circular, el escándalo de Odebrecht y la responsabilidad del Fiscal quedó en un segundo plano y Petro pasó a ser el centro de atención: ¿de dónde salió la plata? La respuesta del senador y ex candidato asegura que se trataba de un préstamo para una campaña política pero eso, que debe aclararse, a estas alturas ya no importa: se instaló el empate terrible.

Es muy sencillo: desde el uribismo se aplica la lógica cristiana del libre de pecado y la piedra. En el pasado ha dado resultados: cuando se destapó que Juan Manuel Santos y Oscar Iván Zuluaga habían recibido dinero de Odebrecht para sus campañas presidenciales del 2014, el empate a cero se aplicó sin show mediático. A los dos frentes les convenía meter el asunto en el cajón y a otra cosa. 

Esta vez el empate es forzado. No hay una negociación previa y se pretende que sea la opinión pública la que dicte la igualdad en términos de reserva moral. Si yo soy corrupto, el que me cusa también, es la lógica. De esta forma, aceptando tácitamente la acusación, se trata de romper con el juicio porque el otro bando no tiene potestad.

En términos discursivos, el Uribismo ha empleado la técnica en muchos planos, incluyendo la guerra civil colombiana. Después de que 60 parlamentarios que acompañaban a Álvaro Uribe en su presidencia terminara en la cárcel por sus nexos con grupos paramilitares (la parapolítica, claro), apareció el caso de la “Farc-política” por el que finalmente solo un congresista fue sentenciado. 

Sin embargo, la estrategia fue empatar. Si yo soy paramilitar usted es guerrillero. Si los paramilitares descuartizaron a miles de personas, la guerrilla también. En esto último quizás tienen razón: la guerra afectó a todos los colombianos y el empate en maldad es tan incuestionable como inútil.

Ahora comparan los 20 millones de pesos de Petro con los 45 millones de dólares en tela de juicio dentro del caso Odebrecht. Y lo más curioso, su estrategia les está dando resultado.

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