Por estos días, en Colombia el nombre de Jenny Ambulia se ha convertido en un sinónimo de alguien que vive donde no le toca. 

La historia la sabe todo el país: Jenny es la hija de Omar Ambulia, un alto cargo de la aduana de Buenaventura que muy probablemente recibía coimas a cambio de dejar entrar o salir contrabando en el principal puerto sobre el Pacífico colombiano.

Jenny, más que su padre, ha sido el hazmerreír del país porque con esa plata presuntamente malhabida se daba la buena vida. 

Es cierto, Jenny exhibió sus lujos ingenuamente en sus redes sociales: que si un Lamborghini o un apartamento en la torre Trump. Que sí bolsos de dos mil dólares o viajes por el mundo cuando su padre ganaba legalmente unos 3.000 dólares. 

Sin embargo, la mayoría de las críticas a Jenny, rostro del caso de presunta corrupción de su padre, apuntaban a que era negra. Y una negra no puede tener esas cosas.

Entonces el hecho de que su padre, funcionario del Estado, estuviese dilapidando el dinero de todos los colombianos, pasó a segundo plano: el tema  no es el robo, el tema es que los iban a descubrir por darse una vida de blancos. 

Es curioso: el país entero la agarró contra ella que no es funcionaria. La agarró con ella por exhibir el dinero presuntamente robado en la forma en que aplauden a las mujeres que exhiben el dinero presuntamente robado por sus esposos. 

Jenny trató de seguir el ejemplo que los mismos medios que la condenan aplauden. Así, en el caso de modelos casadas con narcotraficantes o políticos de dudosa reputación, el titular giró completamente para tratar la absurda ostentación de ambos casos. 

Christie Martínez en Las 2 Orillas se refirió al tema: 

“Al leer los comentarios y publicaciones en redes sociales es claro que lo que le molesta a la sociedad es el hecho de que una mujer negra y que no cumple con los estándares de belleza impuestos se haya dado esa vida. Muchos se atreven a decir que por qué no se operó la cara con tanta plata. Lo paradójico es que esos mismos son los que cuando una mujer se hace una cirugía y el tema se complica dicen: ‘eso le pasó por no aceptarse como es'”.

Según la columnista muchas personas insisten en que Colombia el racismo no existe, pero entonces cómo explican estos comentarios, se pregunta: “demasiado carro para un pedazo de carbón”, “cuando sales del Pacífico pero el Pacífico no sale de ti”, “un negro en ese carro siempre será sospechoso” o “por qué no se operó la jeta del Pacífico que tiene”. Cabe anotar que pasé por alto los comentarios más grotescos porque no me pareció prudente replicarlos.
Opina que es gratis