RECUERDOS DE MATRIMONIO

Buscábamos un subsuelo donde vivir,
cualquier lugar que no fuera una casa de huéspedes.
……El paraíso perdido
tomaba ahora su verdadero aspecto: uno de esos pequeños departamentos
que se arriendan por un precio todavía razonable
pero a las seis de la mañana. “Ayer no más lo tomó un
matrimonio joven”.
Mientras íbamos y veníamos en la oscuridad en direcciones capciosas.
El hombre es un lobo para el hombre y el lobo una dueña de casa de pensión
con los dientes cariados,
húmeda en las axilas, dudosamente viuda.
Y allí donde el periódico nos invitaba a vivir se alzaba
un abismo de tres pisos:
Un nuevo foco de corrupción conyugal.

Mientras íbamos y veníamos en la oscuridad, más
distantes el uno del otro a cada paso
ellos ya no estaban allí, estableciendo su nido sobre
una base sólida,
ganándose la simpatía del conserje, tan hosco con los
extraños como ansioso de inspirarles gratitud filial.
“No se les habrá escapado nada. Seguramente el nuevo
ascensorista recibió una propina”
“La pareja ideal”. A la hora justa. En el momento
oportuno.
De ellos, los invisibles, sólo alcanzábamos a sentir su
futura presencia en el cuarto vacío:
nuestras sombras tomadas de la mano entre los primeros brotes
de sol en el parquet.
un remanso de luz blanca nupcial.

“Pueden verlo, si quieren
pero han llegado tarde”
Se nos haría tarde.
Se hacía tarde en todo.
Para siempre.

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EL VACIADERO

No se renueva el personal de esta calle:
el elenco de la prostitución gasta su último centavo en maquillaje
bajo una luz polvorienta que se le pega
a la cara
Una doble hilera de caries, dentadura de casas desmoronadas
Es la escenografía de esta
Danza Macabra
trivial bailongo sabatino en la pústula de la ciudad.

Es una cara conocida llena de costurones con lívidas cicatrices

bajo unos centavos de polvo,
y que emerge de todas las grietas de la ciudad,
en este barrio más antiguo que el Barrio de los Alquimistas
como la cara sin cuerpo del caracol ofreciéndose
en los dos sexos de su cuello andrógino
blandamente fálico y untado de baba vaginal
el busto de un boxeador que muestra las tetas
en el marco de un socavón.

No avanza ni retrocede el río en ese tramo
descolorido y bullente alrededor de la compuerta
El mecanismo de un reloj descompuesto
cuelga como la tripa de un pescado
de la mesita de noche
entre los rizos de una peluca rosada
La fermentación de las aguas del tiempo que se enroscan alrededor del detritus
como el caracol en su concha
el éxtasis de lo que por fin sepudre para siempre.