Comienza el recuento de votos tras el cierre de los colegios electorales a las 20:00 (hora local). El último dato de participación, conocido a las 18:00, sitúa la afluencia a las urnas en un 60,75%, casi 10 puntos más que a esa misma hora en los últimos comicios. 

Una de las posibles razones de esta alta motivación ciudadana podría estar en la creciente polarización ideológica que ha experimentado el panorama político español en los últimos años, en especial a raíz del conflicto territorial en Cataluña. 

Estas elecciones también han presentado, como factor distintivo, una mayor fragmentación del voto con respecto a anteriores citas con las urnas: esta vez son cinco los partidos cuyas previsiones electorales superaban el 10% de los votos. La novedad más reseñable en este sentido ha sido la irrupción del partido ultraderechista Vox en el grupo de partidos que aspiran a entrar en el Congreso. 

Con esta fragmentación, ninguna de las fuerzas políticas conseguirá la mayoría absoluta, lo que obligará a las formaciones a alcanzar pactos para poder gobernar. En este sentido, las elecciones se han planteado como una puja entre dos bloques: la derecha (Partido Popular, Ciudadanos y Vox) y el centro-izquierda (Partido socialista y Unidas Podemos). 

Así, el PSOE podría pactar con Unidas Podemos, y contar con la ayuda externa de algunos partidos nacionalistas como Esquerra Republicana de Cataluña (ERC) o el Partido Nacionalista Vasco (PNV) y otros minoritarios, para intentar formar una mayoría estable.

A la derecha del espectro político, si alcanzan los números, podría darse un pacto entre el Partido PopularCiudadanos y Vox, el mismo con el que lograron la mayoría parlamentaria en las elecciones andaluzas a finales de 2018. 

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