El representante del centroderechista Partido Nacional se enfrentará a los problemas de desempleo, de la economía estancada y del aumento de la violencia. Los expertos analizan el futuro de Uruguay.

Fue por una diferencia de poco más de un punto porcentual. Luis Alberto Lacalle Pou (46), representante de la llamada “coalición multicolor”, derrotó en las urnas al representante del Frente Amplio, Daniel Martínez, y asumirá la presidencia de Uruguay el 1 marzo de 2020.

En los últimos años, la coalición izquierdista del Frente Amplio fue desgastándose y perdiendo su fuerza debido a factores como: un 9,5% de tasa desempleo, una economía estancada y con un déficit fiscal equivalente al 4,9% del PIB.

Sin embargo, una de las principales preocupaciones de los uruguayos es el aumento en la sensación de inseguridad: entre 2017 y 2018, los homicidios aumentaron en un 45%, en un país calificado como relativamente seguro, con respecto a sus vecinos latinoamericanos.

Un giro hacia la derecha

Los logros conseguidos por los gobiernos de izquierda, entre los que destaca el mandato de José Mujica, estuvieron principalmente enfocados en establecer medidas en materia de derechos sociales, políticas del sistema laboral, mejoras salariales y ayudas para los sectores más vulnerables. No obstante, esto no fue suficiente para lograr un nuevo mandato por cinco años más.

Esta derrota tiene que ver con un desgaste después de 15 años en el Gobierno, en un contexto regional internacional muy poco favorable en los últimos años. El Frente Amplio no logró convencer con su plan de transformación profundo de la economía, entonces Uruguay tiene un gran desafío, impulsar su propia matriz productiva, para generar empleos calificados y crecimiento sostenible.

Se puede hablar de un debilitamiento electoral, un poco de cansancio en los electores. Independientemente de que el Frente Amplio fue un partido innovador y que ha logrado éxito en diversas dimensiones, se han acumulado problemas y expectativas frustradas en la opinión pública. La gente está preocupada por la seguridad, por el desempleo o por algunos problemas en el sistema educativo. Aunque el balance es ampliamente positivo, hay problemas sin resolver y una sensación de que ya no está en condiciones de darle un empujón al país.

En una votación tan reñida, la primera tarea del nuevo Gobierno debe ser lidiar con la división política: superar esta polarización y volver al diálogo es el primer desafío. Desde el Frente Amplio se debe ofrecer una oposición constructiva para que este nuevo presidente no estreche alianzas con la ultraderecha, que por primera vez entró al Parlamento.

Algunos analistas estiman que la seguridad es, sin duda, la mayor prioridad del futuro Gobierno de Lacalle. Hay un tema de preocupación pública, que fue puesto en la agenda de la oposición como una prioridad y que fue utilizado como campaña, donde se dijo que fue el gran déficit del actual gobierno. Por lo que Lacalle quedó comprometido a mejorar la seguridad pública.

¿Qué tan difícil será gobernar?

La “coalición multicolor” fue ganadora absoluta también en las dos cámaras del Parlamento uruguayo. Conformada por cinco partidos (donde destacan el Partido Nacional de Lacalle, el Colorado y el Cabildo Abierto, liderado por el excomandante del Ejército Uruguayo), lograron imponerse con 17 senadores de 30, y 56 diputados de 99, es decir, con mayoría parlamentaria.

Va a ser un Gobierno complejo porque esta coalición multicolor tenía el fin de sacar al Frente Amplio del poder. Todavía no conocemos muy bien sus planes más detallados y en esos 5 partidos podrían tener diferencias. Tal vez no en temas socioeconómicos, pero sin duda en temas más culturales de la convivencia, ahí hay reacciones más liberales, conservadores y reaccionarias, fuera del consenso democrático.

Las dificultades pueden ser para negociar, ya que para algunos proyectos necesita al menos dos tercios de los votos, por lo que tiene que negociarlas con el Frente Amplio, que de todas formas, ya dio señales claras a través de sus principales líderes, de que va a tomar una posición de diálogo, que no va a ser de postura dura. Ellos estarán en la búsqueda de entendimientos, por lo que no se prevé una situación de conflictividad mayor.

No existe Gobierno fácil en Uruguay. Es un país pluralista. Todos tienen una parte de poder y sigue siendo así. No resultó fácil para el Frente Amplio y tampoco lo será para el Gobierno electo. El poder está dividido ahora en una coalición de 5 partidos, que son distintos, que convergen en torno a su agenda, pero tampoco son idénticos en término de preferencia. Hacer coaliciones no es fácil, pero todo indica que este jefe de Gobierno sabe cómo construir alianzas electorales.

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