El escenario de la COP25 estaba a medio desmontar este sábado. Los trabajadores retiraban las instalaciones en la Feria de Madrid Ifema, pues la cumbre de la ONU había concluido -en la teoría- un día antes. Pero las negociaciones seguían en curso.

La descripción corresponde a un artículo publicado este fin de semana por El Mundo. El medio español, uno de los más importantes de ese país, recogió las críticas apuntadas contra la presidenta de la instancia internacional, la ministra chilena de Medio Ambiente, Carolina Schmidt, cuya cuestionada gestión fue tema de varios artículos en los matutinos madrileños.

¿La razón? Pese a haber extendido el plazo de la cumbre en dos días (convirtiéndola en la más larga de la historia), la ministra no lograba destrabar la pugna entre varias de las 200 naciones que participaron de la instancia, para poder avanzar en la reducción de emisiones de CO2 a nivel mundial, su gran objetivo.

Misión compleja

La tarea de Schmidt no era fácil. Tenía que conciliar visiones tan dispares como las de la Unión Europea -cuyos delegados plantearon la necesidad de reformas más profundas y planes más duros en pos del medio ambiente-, con miradas como las de India y China, quienes fueron sindicados de no apoyar a aquellos países más vulnerables al cambio climático.

Pero nada de eso pasó. Según resaltó El Mundo, durante las gestiones de la ministra chilena había “hartazgo” y “cansancio” en los pasillos de la cumbre.

“Y es que se considera que el equipo liderado por la presidenta de la COP25, Carolina Schmidht, no está actuando con toda la diligencia y premura que requieren unas conversaciones tan complejas como éstas”, señala un artículo del medio citado.

En esa línea, el periódico español recogió las palabras de Jennifer Morgan, directora de Greenpeace International, cuyas declaraciones apuntaron directamente a Schmidt.

“La presidencia chilena tenía un trabajo que hacer, que es proteger la integridad del Acuerdo de París y no permitir que la codicia y el cinismo lo destruyeran. Ahora mismo, está fracasando”
– Jennifer Morgan, directora de Greenpeace International

Ayuda de Teresa

En medio del conflicto, Schmidt debió pedir ayuda para salvar la COP25. ¿La elegida? La ministra para la Transición Ecológica del Gobierno de España, Teresa Ribera.

La experimentada política, con pasos como directora del Instituto de Desarrollo Sostenible y Relaciones Internacionales, con sede en París, tomó el liderazgo en la recta final de las negociaciones y actuó como mediadora en uno de los puntos más complejos de la discusión: cómo convencer a los países a adoptar planes más severos para proteger el medio ambiente, según consigna El País.

“En concreto, a Ribera le ha encargado que acuerde con el resto de países cómo encajar la llamada que esta COP25 debe hacer a los Gobiernos para que presenten planes de recorte de emisiones más duros en 2020”, detalla el periódico.

En tanto, El Mundo precisó que la política española también actuó como facilitadora en otros aspectos importantes de la cumbre, principalmente aquellos referidos al capítulo de pérdidas y daños por el impacto del cambio climático y la financiación.

A puertas cerradas: la estrategia de Schmidt que molestó

La ayuda de Teresa llegó en medio de las reuniones a puertas cerradas que sostuvo la ministra chilena con otros negociadores, para superar otro de los problemas de la cumbre: la regulación de los mercados de carbono.

Fue precisamente la secretaria de Estado quien siguió liderando esa discusión en paralelo durante el sábado y domingo, pero las conversaciones con los representantes de la Unión Europea, China, India, Brasil, entre otros, no solo fracasaron sino que también causaron molestias.

Justamente el carácter privado de aquellas citas provocó el disgusto en las naciones que fueron excluidas de las tratativas por la titular de Medio Ambiente.

“Hay un problema de representatividad si se alarga tanto la negociación”, dijo a El País uno de los negociadores.

En tanto, Harjeet Singh, miembro de la ONG ActionAid International, explicó al medio citado que la extensión en las conversaciones perjudica a las naciones más pequeñas, que cuentan con delegaciones menores y con recursos limitados.

“Vergüenza mundial”

Precisamente éste fue uno de los argumentos que recogió el diputado ecologista chileno, Félix González, para calificar el fracaso como una “vergüenza mundial”.

El parlamentario culpó a la secretaria de Estado de haber hecho fallar la cumbre en la que se debían poner en práctica los acuerdos alcanzados en París de una manera “decidida y efectiva” o para no empeorar los efectos de la crisis climática.

A su parecer, el Gobierno no entendió o no quiso reconocer que su rol era “conducir y empujar” este acuerdo.

Por el contrario, agregó, hay muestras evidentes de ineptitud y falta de rigor, ejemplificando con el hecho que la cumbre climática se haya tenido que extender por dos días extras, sumado a que se hicieran plenarios en español en circunstancias de que el idioma oficial de la cita es el inglés y que a altos miembros del equipo se les permitiera devolverse antes, para así no perder los pasajes respectivos.

González también cuestionó que la ministra pidiera a las delegaciones enviar sus conclusiones y propuestas por correo electrónico, debido al apuro para tomar los aviones.

Un “no” cerrado fue la respuesta de los participantes, el que fue respondido por Schmidt con una sonrisa a lo menos incómoda.

El mea culpa de Schmidt

La ministra de Medio Ambiente Carolina Schmidt valoró la participación de Chile en la COP25 y destacó los acuerdos logrados durante la cumbre, aunque reconoció que no se logró cumplir con los objetivos propuestos.

“No estamos satisfechos, los acuerdos alcanzados no están a la altura de la urgencia climática”, señaló.

“Nos sentimos orgullosos de Chile, de nuestro país, un país pequeño, un país en desarrollo, un país de muy bajas emisiones y tremendamente vulnerable al cambio climático, de que este país, nuestro país haya tenido el coraje de sentarse y extender las negociaciones para correr el cerco, enfrentar a las grandes potencias del mundo para lograr los acuerdos que necesitamos”, aseveró.

Finalmente, respondió un par de preguntas, cuyo eje central fueron las críticas internacionales a la organización, asegurando que “estoy triste por no haber alcanzado todas las metas que nosotros queríamos pero también estoy orgullosa de lo que se alcanzó, porque hoy cada paso cuenta”.


Con información de Biobio

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