Jorge “Tuto” Quiroga Ramírez nunca ha ganado una elección. La vez que más “cerca” (eufemismo, claro) estuvo de ganar algo por voto popular sacó un 28 por ciento de las papeletas y fue en el 2005, cuando la política boliviana se encontraba casi tan revuelta como hoy.

Desde entonces su carrera política ha sido algo parecido al ejercicio público del rídiculo y de la bravuconada digital: desde sus redes sociales el ex empleado del dictador Hugo Bánzer se ha dedicado a lanzar insultos contra líderes de América Latina generando una pregunta desde el Río Bravo a la Patagonia ¿Quién es ese tal Tuto?

El ex vicepresidente de Bánzer acaba de lanzar una nueva candidatura: lleva dos derrotas (la segunda solo sacó un 9% de los votos, en el 2014, cuando se creía enterrado y despedido). La pregunta lógica que se hacen los bolivianos es ¿Qué quiere el tal Tuto? 

La única encuesta publicada tras la caída de Evo Morales le dio un triste 2%, dentro del margen de error. Su imagen es la de un político del pasado y cómo no, si además de ser el delfín de Bánzer fue ministro de Finanzas con Jaime Paz Zamora en 1992 y sus proyecciones de futuro son negras. Entonces ¿Qué quiere?

En una publicación en sus redes sociales, Quiroga presentó su plan de gobierno y se mostró dispuesto a “conversar con todos los partidos y líderes que quieren asegurar que nuestra Bolivia consolide la recuperación de la democracia”. Además, aseguró que va a “participar en las elecciones sin caprichos ni imposiciones, con razones y propuestas”.
El anuncio llega un día después de que el ex mandatario renunciara a su puesto como delegado ante la comunidad internacional del gobierno interino, liderado por Jeanine Áñez desde que Evo Morales dejara su puesto en noviembre de 2019.
En una carta dirigida a Áñez y publicada en sus redes sociales, el funcionario designado el 3 de diciembre de 2019 indicó que el motivo de su decisión radica en la necesidad de evitar que sus “posiciones o acciones comprometan a su gobierno”.
En lo que pareció un mensaje anticipatorio, Áñez reaccionó al anuncio horas después y dijo que “él está con otras posibilidades, quiere otras cosas”. ¿Qué cosas si todos en el país saben que no va a ganar?

Lo de Quiroga es precisamente un retorno a la política previa a Evo Morales en donde los gobiernos eran el producto de grandes coaliciones que se dividían las instituciones públicas como parte de un botín de guerra.

Así, gobienos como el de Jaime Paz Zamora -que sacó la tercera mayoría- donde se estrenó el tal Tuto, fueron posibles tras el acuerdo entre los congresistas de tres partidos: ADN 38, MIR 33 y Condepa 9, en contra de 40 del MNR. Algo que se repitió en el 93, cuando la coalición entre el Movimiento Nacionalista Revolucionario y el Movimiento Revolucionario Túpac Katari de Liberación, fue apoyada por la Unidad Cívica Solidaridad y el Movimiento Bolivia Libre.

Esto volvió a suceder en 1997 y en 2002, cuando quienes terminaron gobernando no habían alcanzado siquiera el 25% de los votos ciudadanos. 

Así, es fácil deducir que lo que Quiroga busca es tener un mínimo margen para negociar la entrada en un gobierno, no importa quien gobierne.

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