“Ya en Colombia, agradecido con el presidente Iván Duque por su apoyo a la lucha del pueblo venezolano”. Juan Guaidó, presidente del Parlamento de Venezuela, confirmó a través de sus redes sociales el último desafío planteado al chavismo: una inesperada gira internacional para denunciar los “vínculos” revolucionarios con grupos terroristas y el golpe legislativo ordenado por Nicolás Maduro contra la Asamblea Nacional (AN).

Hace un año, Guaidó cruzó la frontera por primera vez como autoproclamado presidente del Ejecutivo, prometiendo un pronto cese de “la usurpación”.

Poco le importó al líder opositor la orden de prohibición de salida del país y las amenazas del Tribunal Supremo de Justicia, de la Fiscalía y del propio Nicolás Maduro. El segundo viaje en un año llevó de nuevo a Guaidó a Colombia, donde hoy participará en la III Reunión Ministerial Hemisférica de Lucha contra el Terrorismo de la mano de su anfitrión colombiano. La cita más esperada es con el secretario de Estado de Estados Unidos, Mike Pompeo, que emprenderá el regreso desde Berlín para no perderse el encuentro.

Entre hoy y mañana tiene previsto seguir su gira en Europa, donde lo esperan varios destinos importantes para su desafío contra el chavismo. En la suiza Davos participará en el Foro Económico Mundial, punto de encuentro de presidentes y líderes mundiales. También tiene planeado acudir a Bruselas para denunciar ante la Unión Interparlamentaria los abusos cometidos por la revolución contra los diputados, que suman dos encarcelados, 35 exiliados, 12 perseguidos y la última emboscada a tiros y pedradas contra una comitiva de cinco opositores en las inmediaciones del Palacio Legislativo.

El equipo de Guaidó maneja una agenda abierta con varias escalas todavía por confirmar: un encuentro con el presidente francés, Emmanuel Macron, dirigente que reiteró su apoyo a la causa democrática en Venezuela, y otro viaje a Londres para dialogar con las autoridades británicas. Pero uno de los principales retos es Madrid, donde una comisión de diputados exiliados preparaba ayer de forma intensa un encuentro con la comunidad de emigrantes criollos para finales de esta semana.

El presidente de la AN volvió a escurrirse en un abrir y cerrar de ojos de las fuerzas gubernamentales, que lo marcan muy de cerca, tal y como hace 11 meses, cuando visitó en un viaje exprés el país cafetero, Paraguay, Brasil, Argentina y Ecuador.

El año pasado, en circunstancias parecidas, el presidente legislativo atravesó la frontera cerca de Cúcuta para participar en el concierto internacional en apoyo de Venezuela y en el fracasado operativo de la entrada de ayuda internacional, que tantos quebraderos de cabeza posteriores le provocó. La Fiscalía de Colombia investiga si colaboradores de Guaidó malgastaron donativos, lo que también causó el cese del embajador del Parlamento en la capital colombiana.

Su equipo considera que el riesgo vale la pena y que sus investigaciones son claves para la cumbre en Bogotá. “Presentaremos al mundo las pruebas de los vínculos del terrorismo internacional, especialmente Hezbollah, con el régimen de Maduro”, adelantó el diputado exiliado Carlos Paparoni, presente en Bogotá junto a varios dirigentes de la Unidad Democrática.

La oposición denuncia desde hace años que la organización islámica chiita usó a Venezuela para sus operaciones financieras y envió a militantes a campos de entrenamiento en el país petrolero.

Además de Hezbollah, tanto el Ejército de Liberación Nacional (ELN) como los disidentes de las FARC mantienen sus santuarios en las cercanías de la frontera entre Colombia y Venezuela. La semana pasada, las autoridades colombianas abortaron un plan para asesinar a Rodrigo Londoño, alias Timochenko, líder de las antiguas FARC, que se habría preparado en territorio venezolana con los auspicios de sus antiguos compañeros en el mando guerrillero.

La gira del dirigente opositor coincide con la última embestida chavista contra el Parlamento democrático. El gobierno de Maduro impuso por la fuerza y de forma fraudulenta una junta directiva conformada por diputados expulsados de la Unidad Democrática por sus vínculos con millonarios boliburgueses.

Las ofertas de dinero para la compra de voluntades iban desde 700.000 dólares hasta más de un millón, según la grabación de la conversación telefónica mantenida por José Gregorio Noriega, uno de los parlamentarios “traidores”, y el diputado Alfonso Marquina.

Uno de los empresarios relacionados con los diputados expulsados es el colombiano Alex Saab, a quien la fiscal rebelde Luisa Ortega considera testaferro de Maduro.

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