Los resultados de la elección parlamentaria de este domingo anuncian un Congreso fragmentado, con entre ocho y diez bancadas, según el conteo rápido de la encuestadora Ipsos, sin una mayoría y sin bloques claros ni a favor ni en oposición al gobierno.

Será un Parlamento sin representación oficialista. El presidente Martín Vizcarra conserva un alto nivel de popularidad, con 58 por ciento de respaldo, pero no tiene partido político, por lo que no presentó candidatos.

Ha sido una elección que confirmó el desprestigio y la falta de representación de los partidos políticos, ninguno de los cuales pudo obtener una votación medianamente importante. El partido más votado, que fue el centro derechista Acción Popular (AP), apenas llegó a 10 por ciento de los votos válidos. Históricamente esta es la votación más baja obtenida por un partido que gana una elección. 

En estos comicios se eligió un Congreso unicameral de 130 miembros para reemplazar al Parlamento anterior, dominado por el fujimorismo y altamente desprestigiado por su defensa de la corrupción política, que fue cerrado constitucionalmente por el presidente Vizcarra en septiembre pasado luego que se le negara por segunda vez un voto de confianza. Las curules en el Congreso no se definen por el porcentaje nacional de cada partido, sino por los resultados en cada uno de los veinticinco distritos electorales del país. Eso hacía más complicado adelantar esta noche la distribución del nuevo Congreso.

El hecho político más resaltante de estas elecciones ha sido la dura derrota del fujimorismo, que tenía la mayoría absoluta en el anterior Parlamento y ahora pasa a ser una bancada menor. El fujimorismo ha visto reducida su votación congresal a nivel nacional de cerca del 40 por ciento que obtuvo hace cuatro años, a 6,9 por ciento de los votos válidos. Un resultado que los relega al sexto lugar. De acuerdo a una primera proyección no oficial, obtendría al menos ocho bancas, cifra que podría subir algo porque al momento del envío de esta nota faltaban definirse 47 curules. Aunque sumen algunos legisladores más, quedarán muy lejos de los 73 parlamentarios que lograron en 2016. Ha sido una debacle electoral.

Pero, como quien vive fuera de la realidad, el secretario general del partido fujimorista de extrema derecha Fuerza Popular, el ex congresista Luis Galarreta, salió a negar la evidente derrota. “Para nosotros esto es un nuevo respaldo, es un triunfo de Fuerza Popular”, sorprendió a todos. Sonó a broma, a delirio. Parecía hablar desde un mundo paralelo.

En la que podría ser su última aparición pública en libertad, Keiko Fujimori, que el martes podría quedar bajo prisión preventiva por cargos de lavado, reapareció para votar. No quiso hacer declaraciones políticas. Horas después, se enteraría del desastre electoral de su partido.  Este martes podría enterarse que debe ir a prisión.

Otro gran derrotado ha sido el Partido Aprista del ex presidente Alan García (1985-1990 y 2006-2011), quien se suicidó en abril pasado cuando iba a ser detenido por cargos de corrupción. Aliados del fujimorismo en el anterior Congreso en la defensa de la corrupción política, los apristas no alcanzaron la valla del 5 por ciento del voto válido a nivel nacional para tener representación parlamentaria. Es la primera vez en su larga historia de más de 90 años que el Apra participa en unas elecciones y no logra ingresar al Congreso. El resultado de este domingo parece anunciar la desaparición del partido más antiguo del país. La pesada herencia dejada por García, que murió convertido en símbolo de la corrupción política, se siente dramáticamente en el viejo partido.

El ganador de esta elección, Acción Popular, fundado en los años 50 por el fallecido ex presidente de centro derecha Fernando Belaúnde (1963-1968 y 1980-1985), obtendría al menos 21 bancas, cifra que debería subir algo cuando se tengan resultados finales. Será la primera minoría. El comportamiento que vaya a tener en el nuevo Congreso es impredecible. El partido no tiene un liderazgo claro, ni posturas definidas. Cada uno de sus dirigentes parece disparar por su lado. Algunos de ellos se han entendido en el pasado reciente con el fujimorismo, otros lo han enfrentado.

La sorpresa de las elecciones ha sido el Frente Agrícola del Perú (Frepap), agrupación ligada a una secta evangélica cuyos miembros visten túnicas y se hacen llamar “los israelitas”, con presencia en zonas rurales, que alcanzaría el 8,8 por ciento.  

Por la izquierda, que fue dividida, ha asegurado participación en el Legislativo el Frente Amplio, al que las proyecciones le dan 6,1 por ciento y al menos siete parlamentarios. Una segunda agrupación de izquierda, Juntos por el Perú, también podría ingresar al Parlamento, pero eso aún estaba en duda. Los datos del conteo rápido le daban 5,1 por ciento, el límite exacto para lograr tener representantes.

“Esta elección es para fortalecer la democracia. Esperamos tener con el Congreso una relación responsable, madura, que busque consensos en beneficio del Perú”, señaló el presidente Vizcarra al momento de sufragar. Vizcarra deberá trabajar fuerte para lograr acuerdos para construir mayorías que respalden sus propuestas. Será, todo indica, un escenario sin alianzas firmes, sino con negociaciones permanentes y acuerdos cambiantes según cada tema. Aunque no participó con candidatos propios en las elecciones, el presidente Vizcarra ha ganado con el cambio del Congreso y la derrota del fujimorismo, pero lo que le espera no será sencillo. 

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