Tres niños en una carretera en Islandia, una tripulación somnolienta a bordo de un ferry, un emú en Île de France, un bello rostro de las islas Bijagos, un cementerio de gatos a las afuera de Tokio, vagabundos en Namidabashi, los habitantes de la Isla de Fogo, Cabo Verde, un carnaval en Bissau… Así inicia el relato una mujer desconocida que lee las cartas remitidas por un operador de cámara, Sandor Krasna, que a través del registro de las imágenes de sus viajes se interroga sobre la memoria y la función del recuerdo, “que no es lo contrario del olvido, sino su opuesto”, para conformar, como Sei Shônagon, su particular lista de “cosas que hacen latir el corazón”.

En el film, una narradora lee (y a veces comenta de manera sutil) las cartas que le envió el camarógrafo (ficticio) Sandor Krasna. Además, la película está compuesta por imágenes de archivo, películas, fragmentos de programas de televisión y escenas filmadas en Japón y Guinea Bissau, entre otros lugares del mundo. Si bien la película hace uso de la ficción, no se la debe confundir con el falso documental. El contenido de ficción derivada de la yuxtaposición de la narrativa y la imagen añade significado a la película junto con el movimiento ocasional entre localidades y la falta de narrativa basada en imagen y sonido.

El título de la película proviene del ciclo de canciones para voz y piano “Sin sol” de Modest Músorgski.

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