El imitador chileno Stefan Kramer se robó el show en la primera jornada del festival de Viña del Mar y centró por completo su rutina en la situación del país tras el 18 de octubre. Con una lista de imitados cargada a la clase política y con guiños constantes a las manifestaciones, selló su tercera vez sobre el escenario.

En su tercera vez en el emblemático evento, su estrategia fue hacer pequeños guiños, ya sea con comentarios con claro tinte político -“El 2019 iba a ser el año del chancho, hasta que lo cambiaron por Blumel”, disparó supuestamente desde la piel de Pedro Engel, y luego reversionaría una canción de Los Bunkers diciendo que “no es Plaza Italia, es Plaza Dignidad”- hasta imitaciones a personajes como Evelyn Matthei y Karla Rubilar. En el minuto 20 de su rutina, sin embargo, llegó el minuto que se preveía como más complejo: la imitación a Sebastián Piñera.

El Presidente es una figura habitual en los shows del comediante a lo menos desde 2008, cuando dedicó una parte de su primera actuación en Viña a imitar al entonces favorito para las elecciones del año siguiente: tras ello, fue uno de los personajes ejes de su película y en 2018 lo hizo protagonizar un sketch en la Teletón que sería duramente criticado incluso por la Primera Dama.

En este caso, Kramer aludió al bajo porcentaje de aprobación del mandatario e incluso hizo interactuar a su imitación con un repartidor de pizzas, recordando uno de los episodios más criticados del manejo del estallido social. Todo mientras se escuchaba una fuerte pifia de fondo.

La lista de figuras, de hecho, se cargó a los políticos: así, además de Piñera, Rubilar y Matthei, pasaron figuras como los ministros Jaime Mañalich y Marcela Cubillos, el senador Manuel José Ossandón, el alcalde Joaquín Lavín y Francisco Vidal. Y las menciones desataban reacciones del público, como las pifias durante la imitación de Piñera o los aplausos cuando relató un supuesto encuentro con la “Primera Línea”.

Incluso, los guiños hicieron retroceder el tiempo a doce años atrás, cuando Kramer protagonizara un partido de tenis como Nicolás Massú sobre el escenario de la Quinta Vergara. Por momentos, los movimientos eran casi exactos que los de uno de los instantes más memorables de su actuación inaugural. Pero luego, ese juego se convertiría en una serie de menciones vinculadas al estallido social, la desigualdad, las consignas que se han convertido en emblema de las movilizaciones, como el “Chile Despertó”, e incluso los personajes asociados a las marchas, como la tía Baila Pikachu y el Sensual Spiderman.

“Es posible ganarle a la desigualdad, a la injusticia, a los abusos”, cerró Massú-Kramer esa parte de su show, aludiendo a otra frase histórica del tenista, aquella que decía que “nada es imposible”. “Yo apruebo todo”, continuó, mientras de fondo sonaba “El derecho de vivir en paz”, para luego dar un giro con un mensaje en que llamaba a respetar a las opciones diferentes. “Esto debemos solucionarlo entre todos”.

“Una radiografía de nuestro país”, señaló Martín Cárcamo -otro de los imitados en la jornada- cuando se presentó para entregarle al comediante la primera de las dos gaviotas que recibió. Y la parte final fue una presentación más bien cargada a la música junto a su esposa, Paloma Soto, donde ambos plantearon temáticas como la paridad de género.

En una rutina que llegó a los 54 puntos de rating, Kramer cumplió con lo que había anticipado, haciéndose cargo de la situación del país y saliendo más que airoso de la dura tarea de ser el humorista que abría los fuegos en la difícil edición 2020 de Viña.

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