El senador Bernie Sanders lidera, hasta hoy, las preferencias en las elecciones primarias demócratas de las que saldrá el candidato que competirá por la presidencia con Donald Trump en noviembre próximo.

Tras obtener el triunfo en estados como Nevada y New Hampshire, el competidor demócrata tiene asegurados, hasta el momento, 45 delegados de un total de 1.991 necesarios para ser nominado a la candidatura presidencial de la oposición. Le siguen en la lista de preferencias el senador Joe Biden y el exalcalde de Nueva York Michael Bloomberg.

La competencia ha tomado un tinte feroz, como se espera en toda competición política, ya sea interna o externa. Pero a la hora de dar en el blanco de las críticas, los demócratas no se han guardado nada al fustigar los dichos del pasado de su compañero y rival, favorito en las internas.

Los elogios y visitas de Sanders a Cuba, Nicaragua y la URSS

“El hombre es dueño de sus silencios y esclavo de sus palabras”, reza un conocido refrán. Y vaya que esta semana el precandidato Sanders, quien se describe como un socialista democrático, lo vivió en carne propia y plena batalla por la nominación a la candidatura presidencial.

Las críticas hechas dardos hacia el senador de 78 años, tomaron fuerza el pasado domingo en el programa televisivo 60 Minutos (CBS). Ahí, lo cuestionaron por sus declaraciones hechas hace 30 años en las que elogió a la Cuba de Fidel Castro, en especial lo que valoró como avances en el sistema educativo de la isla.

Durante la emisión, un video dejó ver a un joven político estadounidense, conviviendo por unos días en el que su país consideraba un antisistema para cualquier ciudadano.

“Nos oponemos mucho a la naturaleza autoritaria de Cuba, pero es injusto decir que todo es malo”, respondió Sanders ante lo dicho y hecho 3 décadas atrás.

Fue como un recordatorio a sus oponentes en tiempos de estrategia de choque. Sus visitas a la entonces Unión Soviética y a Nicaragua en la década de los 80, vinieron de golpe al presente.

Sanders era alcalde de Burlington, en Vermont, e hizo varios viajes a la Unión Soviética, Cuba y Nicaragua.

En 1985 no tuvo más que elogios al sistema de salud lanzado por los sandinistas en Nicaragua. Una semana de visita fue suficiente para que los hiciera públicamente. Durante ese periodo, el gobierno de Ronald Reagan estaba ligado a los contras nicaragüenses, descritos como milicias de extrema derecha implicadas en graves violaciones a los derechos humanos.

En 1988, Sanders concluyó un viaje a la URSS con su delegación municipal.

“Impresionado”, fue el término que utilizó para describir como se sintió por el transporte y la atención de salud pública de la Unión Soviética. Se cuidó, sin embargo, de no alabar al gobierno y al comunismo del bloque.

Llevó anécdotas hasta su país, entre estas, que a muchos rusos les gustaba Reagan, quien poco antes se reunió con el líder soviético Mijail Gorbachev.

Todas esas incidencias vinieron a la memoria en unas primarias reñidas.

Si bien el precandidato intentó contrastar lo que asegura es bueno, con una condena por los presos políticos en esos territorios, sus compañeros y a la vez rivales del proceso no desaprovecharon el momento.

“No se equivoquen: los comentarios de Bernie Sanders sobre Fidel Castro son parte de un patrón más amplio a lo largo de su vida para abrazar a líderes y gobiernos autocráticos de todo el mundo. Parece haber encontrado más inspiración en los soviéticos, sandinistas, chavistas y castristas que en Estados Unidos”, aseguraba la campaña de Joe Biden, como respuesta a su correligionario.

El tercer lugar de las primarias, el exalcalde Bloomberg, también se pronunció contra su compañero y rival, asegurando que Fidel dejó un “oscuro legado” como para ser elogiado.

El excalde Pete Buttigieg se sumó a la estrategia y condenó que un postulante demócrata “esté alentando a la gente a mirar el lado positivo del régimen castrista”.

Chile y el gobierno que, según Sanders, EEUU ayudó a derrocar

El último debate demócrata agregó varios litros más de bencina a la polémica entre el precandidato demócrata y sus otros rivales en competencia.

48 horas después del registro mostrado por la CBS y las preguntas incómodas a Sanders, sobre su postura de apoyo a algunas dictaduras en América Latina, el tema salió de nuevo a la luz para convertirse en el centro de lo debatido.

Tanto fue el foco de atención de los dichos del senador por Vermonth, que un día antes había rematado con la frase “la verdad es la verdad”, al referirse a lo que, a su juicio, es lo “bueno” dentro de dictaduras como la cubana.

Entonces, llegaba el momento para que explicara sus dichos en medio de la incomodidad generada en su partido. Lo hizo. Pero no solo Cuba, Nicaragua o la Unión Soviética están en el radar de defensa de Sanders a la hora de demostrar sus posturas.

Sobre Chile, tuvo una mención que no es nueva pero sí importante, a juzgar por sus valoraciones sobre el papel que tuvo el gobierno de Richard Nixon para consolidar el golpe de estado contra Salvador Allende el 11 de septiembre de 1973.

“Creo que es una buena idea ser honestos sobre la política exterior estadounidense y eso incluye el hecho de que Estados Unidos derrocó gobiernos por todo el mundo en Chile, en Guatemala, en Irán y cuando las dictaduras, ya sea en China o Cuba, hacen algo bueno, uno lo reconoce”.

3 años atrás, cuando competía contra Hillary Clinton, también por la nominación a la candidatura, mencionaba a Chile como parte de sus críticas a su país en materia de política exterior.

“Yo desde el principio me opuse firmemente a que Henry Kissinger y el gobierno (EEUU) derrocara a Salvador Allende en Chile”, decía para ese entonces.

Consideraba desde ese entonces una intromisión en países latinoamericanos como Chile, el apoyo que Washington endosó a Augusto Pinochet y a los militares que derrocaron a Allende.

Atrás quedó, en el más reciente debate, el interés único de ataque hacia Donald Trump, que los mismos demócratas dejaron ver como parte del fracasado impeachment contra el polémico mandatario. Esta vez, la rigurosidad fue directa a su compañero de bancada.

En la guerra, en el amor y, al parecer, en las primarias demócratas, todo está permitido. Aún y cuando el “enemigo” a vencer esté en las mismas filas.

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