Por Ana Mancera Rueda

Advertencia: la lectura de este artículo puede provocar un impulso irrefrenable de abandonar el domicilio para ir a comprar papel higiénico. Y es que comenzaré hablando de fluidos. La primera edición de la Enciclopedia Británica (1771), en su definición de la palabra humor, recurre a dos sinónimos: fluid (es decir, fluido) y wit (ingenio). Por lo tanto, en su acepción inicial, podríamos decir que el término humor posee un origen médico.

El humor como fluido

La teoría de los humores, surgida en la Antigua Grecia, fue transmitida por los árabes y contó con gran predicamento entre los médicos y alquimistas de la Edad Media. Hipócrates de Cos, considerado el padre de la medicina, afirmaba que en el cuerpo humano existen cuatro humores o tipos de fluidos (sangre, bilis negra, bilis amarilla y flema).

En las personas sanas, estos se encontraban en una proporción semejante. Pero la existencia de mayor cantidad de uno de ellos provocaba un desequilibrio que hacía enfermar al individuo. Por eso, hasta el siglo XVIII, algunos médicos pensaban que el sangrado podía curar el exceso de sangre o que el comer cítricos resultaba beneficioso para evitar el aumento de flema. De ahí que el término humor se considerara equivalente del sustantivo fluido.

La “genealogía” del Humor, hijo de don Ingenio y doña Risa

El humor se encuentra también emparentado con el ingenio. Por ejemplo, al ensayista Joseph Addison le debemos esta ocurrente genealogía, publicada en 1711 en el periódico The Spectator:

“Parece ser que la Verdad fue fundadora del linaje cuando concibió al Buen Sentido. Este engendró después al Ingenio, que contrajo matrimonio con una mujer llamada Risa […]. De ella tuvo un hijo, al que puso por nombre Humor. El Humor […], por ser descendiente de padre con cualidades tan diversas, posee un carácter sumamente versátil. A veces se presenta con un aire grave y solemne, igual que un magistrado; otras veces adopta un estilo desenvuelto y viste de manera estrafalaria, igual que un saltimbanqui. Sin embargo, conserva mucho de su madre, y por eso, cualquiera que sea su actuación, siempre alegra a quienes desean oírle”.

El humor en las redes sociales

Tal capacidad del hijo del Ingenio y de la Risa para alegrar “a quienes desean oírle” (o leerle) es algo que estamos comprobando estos días, gracias a los mensajes difundidos a través de las redes sociales. Según la Teoría semántica del humor basada en guiones, desarrollada en 1985 por Victor Raskin, para poder considerar un texto como humorístico deben advertirse en él, al menos, dos guiones diferentes que se oponen entre sí.

Por ejemplo, en el siguiente tuit se ponen en relación dos situaciones comunicativas diferentes, tratando de mostrar una perspectiva positiva de la cuarentena a consecuencia del coronavirus:

Dada la obsesión de algunos ciudadanos por acudir a los supermercados para comprar papel higiénico, en las redes sociales abundan las equiparaciones de este producto de primera necesidad con los bienes más preciados:

Llegando a parodiar interacciones conversacionales fácilmente reconocibles por los lectores:

Entre los indicadores del humor más frecuentes en este tipo de mensajes se encuentran figuras retóricas como la de la prosopopeya, que lleva a atribuir acciones propias de seres humanos a objetos inanimados. Por ejemplo, a un rollo de papel higiénico se le otorga la capacidad de formular unas “impactantes declaraciones” en las que afirma que se ha agotado en los supermercados:

Incluso a nuestros mejores amigos se les permite quejarse:

Para la comprensión del humor es preciso contar con una triple competencia por parte del lector: genérica, lingüística e ideológica. Así, su competencia genérica le permitirá identificar tal tipo de mensajes como pertenecientes al género de la parodia. Por ejemplo, algunos tuits confieren tintes bélicos a la obsesión por adquirir papel higiénico:

Mediante su competencia lingüística el lector será capaz de descifrar lo implícito en las palabras del mensaje recibido, a veces, con la ayuda de la imagen:

Y su competencia ideológica le permitirá advertir la crítica subyacente en algunos textos:

Como reconocía Henri Bergson, la risa cumple una función social, pues ayuda a liberarse de la propia angustia burlándose de ella de manera colectiva. Y para Jean Château, el humor es un fenómeno afectivo que fomenta la unión entre los que ríen. Pero pienso que es esta definición de Robert Escarpit la que mejor se ajusta a nuestro momento actual de incertidumbre y aislamiento por cuarentena:

“El humor es el único remedio que distiende los nervios del mundo sin adormecerlo, le da su libertad sin volverlo loco y pone en manos de los hombres, sin aplastarlos, el peso de su propio destino”.

Recordatorio: el papel higiénico también puede servir para enjugarse las lágrimas provocadas por la risa.

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