Para hacer un estudio serio de la Cojudez Peruana, debemos comenzar por establecer la diferencia que existe entre «el» Cojudo y «lo» Cojudo.

Lo Cojudo es la institución, el Cojudo es la persona (si se puede llamar persona a un Cojudo). Lo Cojudo responde a realidades socioeconómicas concretas, mientras que el Cojudo hace las cojudeces por su cuenta, pese a que el riesgo lo corren los demás. Lo Cojudo es permanente, pero el Cojudo es transitorio. Lo Cojudo está por encima de la vida, mientras que el Cojudo se acaba con la muerte. Lo Cojudo pertenece a la esquemática nacional, frente al Cojudo que es un problema familiar. Lo Cojudo necesita un sociólogo; el Cojudo precisa de un médico. Mientras lo Cojudo es el arquetipo, el Cojudo es la variante. Lo Cojudo está, el Cojudo es. Lo Cojudo es un concepto, pero el Cojudo es una vaina. Son, en consecuencia, dos mundos diferentes, aunque paralelos, que necesitan estudio aparte para llegar al fondo, a la esencia misma de sus respectivas naturalezas. Macrocosmos el uno, microcosmos el otro, satélite el Cojudo de la cojudez, viven unidos como la Tierra y la Luna a través del tiempo, sin que nada pueda separarlos. Porque si bien los Cojudos son mortales (a excepción del citado Abel, de Colón, de Job, de Sansón y otros personajes que se hicieron inmortales precisamente por Cojudos), ocurre que los unos se suceden a los otros, como los puntos de una línea, hasta formar esa constante de cojudez que se conoce como Sicología Nacional.

Ahora bien, entre lo Cojudo y el Cojudo hay un complejo mundo de cojudeces cuyos meandros (palabra que no viene de «orinar» como pudiera suponerse), llegan a todos los aspectos generales y particulares de la vida. Cojudo puede ser todo, absolutamente todo lo que nos rodea. Particularmente si limitamos nuestro horizonte al epicentro de la Cojudez Universal que es, modestamente, el lugar donde nos tocó nacer. Sin que esto involucre un reproche a nadie, porque los hijos no tienen el derecho de criticar a sus padres, aunque uno viva cargando semejante cruz a cuestas. Así, pues, dentro del mundo en que vivimos hay:

Nombres Cojudos: Anastasio, Polidoro, Rigobero, Lindolfo, Godofredo, Venancio, Feliciano, Baltasar, Basilio, Heraclio, Artoclo, Valeriano, Jacinto, Casimiro, Cesáreo, Isidro, Honorio, Serapio, Teófilo, Rufino, Fulgencio, Bernardino, Cirilo, Filiberto, Cándido y Belisario.

Apellidos Cojudos: Pianola, Moceo, Pimenta, Gil, Pajares, Pelotti, Picón, Recto, Chumacera, Gato, Delicado, Culli, Pedoto, Pedoni, Ragatti, Costilla, Cabezón, Belín, Nalguero, Coronta, Potón, Camote, Sardina, Chuchuy, Yataco, Chambón, Pujarteago, Tolete, Borsalino, Mecca y Pomada.

Cargos Cojudos: «Secretario Perpetuo», «Archicofrade Mayor», portero de cementerio, «Ministro sin Cartera», «Cónsul Ad-Honorem», chofer de Volkswagen, «Subprefecto de Paucartambo», «Alcalde de Amotape», inspector de ómnibus, «Miembro de Número», sacristán de iglesia pobre y campanero.

Parientes Cojudos: El entenado, el concuñado, el tío político, el primo segundo, el abuelo materno, el hermano de leche, el sobrino huérfano, el hermano gemelo, la tía solterona, el relacionado pobre, el padrastro, el ahijado bizco, el suegro viudo, el yerno sin trabajo y la abuelita loca.

Enfermedades Cojudas: El sonambulismo, la diarrea, el hipo, el pedorreo senil, el tic nervioso, las paperas adultas, el paludismo, la viruela, el estreñimiento, la retención de orina, las hemorroides, el bocio, la hemofilia, la sarna, la lombriz solitaria y la próstata inflamada.

Defectuosos Cojudos: El bizco para afuera, el sordo de un oído, el gago charlatán, el miope sin anteojos, el calvo con bisoñé, el tartamudo nervioso, el mocho del dedo nervioso, el que respira por la boca, el chicapierna, el pisa huevos, el tuerto sin parche y el japonés pecoso.

Efemérides Cojudas: «Día del Empleado Público», «Semana del Ortopédico», «Jubileo de Fray Tapón», «Centenario de la Fundación de Huacho», «Aniversario de la Sociedad Filatélica», «La Bajada de los Reyes», «El Viernes Médico», la joroba de cumpleaños, las «Bodas de Hojalata» y el año de luto.

Frases Cojudas: «Dios guarde a Usted», «¡La Patria es mi Madre!», «¡Seré breve!», «¡El honor es mío!», «¡Un amigo más!», «¡La justicia tarda, pero llega!», «¡No hay que desesperar!», «¡Confío en usted!», «¡Las mujeres y los niños primero!», «¡La acompaño en su dolor!», y «¡Dios mío, qué hice!».

Animales Cojudos: El pavo tenor, el perro salchicha, el gato castrado, la Managua de playa, el oso hormiguero, la gallina carioca, el burro quejumbroso, la cucaracha Marina, los peatones miopes, el pejesapo, el caballo percherón, el canario que no canta y la piraña vegetariana.

Calles Cojudas: Comesebo, Yaparió, Barbones, Barboncito, Pilitricas, Chirimoyo, Siete Jeringas, Polvos Azules, Aromito, Chinchón, Santoyo, Mariquitas, Cangallo, Mirones, Pacae, Huatita, Capón, La Palma, Buenamuerte, Felicidad, Malambito, Palomino, La Torrecilla, La Medalla y Pericotes.

Ciudades Cojudas: Chuntacollo, Chacopata, Quispicanchis, Chumbivilcas, Chachapoyas, Characato, Lucuchanga, Poto, Socosvinchos, Cachachi, Huarocondo, Pitumarca, Chinche, Ticrapo, Aguamiro, Chupas, Huaraca, Chócope, Mochumí, Carampoma, Coñito, Catacaos, Corongo, Querecotillo, Putina y Pujapuja.

Canciones Cojudas: «Adiós Huarochirí querido», «Cuando vuelva a Chongoyape», «Himno a Cajatambo», «Huascarán de mis amores», «Espérame que ya regreso», «Evarista», «Valencia», «Estrellita», «Quiéreme mucho», «Toda la vida me moriré por ti», «Orgullo puneño», «Huayno al Cañón del Pato», «¡Ay!».

… La sordera es peligrosa, porque puede terminar volviendo Cojudo al sordo…

Publicaciones Cojudas: «La Voz de Camaná», «El heraldo de Puno», «El Faro de Ilo», «Órgano del Ginecólogo», «La Estrella de Chincha», «Boletín del Sordomudo», «Cómo hacer feliz a su Canario», «La Opinión de Sullana», «Boletín del Agente Viajero», «Hosanna», «Guía Turística de Chucuito».

Tipos Cojudos: El condecorado por Francia, el cholo que juega bridge, el viejo con escarpines, el filántropo consuetudinario, el pariente rico que no se muere, el hijo que se casa con huachafa, el astrónomo aficionado, el aspirante a diplomático, el que da malas noticias y el que presta plata.

Bebidas Cojudas: La cerveza de Chimbote, la cascarilla antes del almuerzo, el agua de llantén, el emoliente frío, la yerba-luisa, la manzanilla sin azúcar, la caspiroleta caliente, el fresco de granadilla, la leche de burra, el tilo para los nervios, la cerveza sin helar y el Vino de Honor.

Actividades Cojudas: Repartición de Premios, Clausura de Actividades, Memoria Anual, Discurso de Orden, Homenaje a Fulano, Recital de Canto, Sepelio de Zutano, Juramentación de Cargo, Conferencia de Filósofo, Bienvenida a Mengano, Saludo al Personal, Cumpleaños del Gerente y velorio de la viuda.

Comidas Cojudas: Tortilla de ollucos, Berenjena frita, sopa de coliflor, consomé de betarraga, huevos de pato, puré de zanahoria, estofado de chivo, arrimado de coles, frituras de nabo, arroz con ganso, sustancia de chancho, seco de gallo, frituras de hígado, salchichas de Huacho y gelatina de pata.

Adornos Cojudos: Huacos falsificados, mantones de Manila, peinetas españolas, abanicos del Rey Pepino, cuadros cuzqueños, espejos con pan de oro, artículos de cuero de toro, mariposas disecadas, catres de bronce, porcelana japonesa, retratos del abuelo, álbumes de familia y rollos de pianola.

Libros Cojudos: «Documentos Históricos sobre la Fundación de Cañete», «Árbol Genealógico de la Familia Pérez», «Historia del Descubrimiento del Ajonjolí», Biografía de Fulano, Memorias de Mengano, «Como curarse las hemorroides sin dormir bocabajo», «Cómo dejé el cigarrillo», «In Memoriam…».

… Al Cojudo hay que observarlo atentamente, siempre, para ver en qué nos podría ser útil…

Aficiones Cojudas: Trepar cerros los domingos, coleccionar cajitas de fósforos, ser miembro de instituciones, usar bastón, llevar escarapelas en la solapa, jugar cun-can, caminar por gusto, regar el jardín, sacar a orinar al perro, ser flaco y tomar baños turcos, tomar baños de sol en el techo.

Situaciones Cojudas: Salir a la calle con medias de distinto color, olvidarse de la dentadura postiza y sonreírle a todo el mundo, descubrir que uno olvidó ponerse los calzoncillos, soltar un cuesco y descubrir que era diarrea, hablar mal del Gobierno con un militar vestido de civil.

Desgracias Cojudas: Vivir junto a un tarado que toca violín, perder el dedo índice y no poder voltear la hoja del libro, sufrir un ataque de hipo mientras se pronuncia un discurso, tener carraspera en un velorio, llevar un pedo atravesado, o zafarse la cadera en plena luna de miel.

Pasiones Cojudas: Enamorarse de la cocinera, odiar al cura de la parroquia, amar al prójimo más que a uno mismo, escribir sonetos a la vecina, intentar el suicidio por amor, desear ardientemente a la suegra, quitarle el saludo al comisario, casarse a primera vista y matar gatos a balazos.

Horas Cojudas: Las cuatro de la tarde, los domingos por la noche, los lunes al mediodía, la llegada del lechero, la del avión que se atrasa, la del sepelio que no empieza, las del purgante que no hace efecto, la espera en el dentista, las del abuelito que se muere y la del niño que no nace.

Lugares Cojudos: Las salinas de Huacho, la Pampa del Medio Mundo, el cerro de Amancaes, el Túnel de La Herradura, el Puente del Infiernillo, la tumba de Pizarro, el Barrio Chino, el Puente de los Suspiros, el Malecón de los Suicidas, la Playa de Chucuito y la Alameda de los Descalzos.

Entretenimientos Cojudos: Los pares o nones, el juego de prendas, la gallina ciega, el carga la burra, el póker a centavo, los cuentos alemanes, las visitas por gusto, las bochas con luz eléctrica, el espiritismo de copita, la lectura de las manos, jugar ajedrez solo y conversar con la abuela.

Profesiones Cojudas: Trasquilador de ovejas, vendedor de rifas, empresario de su mujer, ordeñador de vacas, catador de vinagre, fabricante de suspensores, profesor de trombón, domador de pulgas, cargador de muertos, pelador de gallinas, inspector de antenas y masajista de gordas.

Devociones Cojudas: Judas Iscariote, El Divino Botón, la Archicofradía de las Viudas Militantes, la Beatita de Chimbote, Poncho Negro, el Fémur de San Hipólito, la Calavera de Santa Ramona, la Calavera de Nicéforo, la Chicha Milagrosa, culto de Fray Pelotas, Godofredo el Iluminado y la Rabadilla de Nicéforo Mártir.

Prendas Cojudas: La corbata michi, el tarro de siete reflejos, el cuello duro, los escarpines de antes, los pasadores de cinta, los calzoncillos de franela, los zapatos de charol, el monóculo sin marco, el bastón de carey, el detente con trementina, la bigotera doble y los gemelos de perlita.

Días Cojudos: La Pascua sin plata, el Año Nuevo con fiebre, el cumpleaños preso, las Bodas de Jebe, el bautizo del entenado, el aniversario del divorcio, el petitorio de mano, el verano sin sol, las vacaciones enfermo, el fin de semana en casa, la temporada de lluvias y el feriado trabajando.

Vehículos Cojudos: La motocicleta con tándem, la bicicleta a motor, el automóvil de tres ruedas, las casas de remolque, la motoneta para tres, la litera colonial, la silla de ruedas con timón, el camión de veinte ruedas, el carro que no arranca, el ómnibus que no llega y la silleta de manos.

Lecturas Cojudas: Revisión de la Guía Telefónica, artículos sobre Esperanto, revistas de consultorio, biblioteca del excusado, periódicos de ayer, cartas de la primera novia, anónimos insultantes, documentos oficiales, novelitas de amor, carteles callejeros y correspondencia de la mujer ausente.

Colores Cojudos: El atornasolado, el azul de Prusia, el verde esperanza, el rojo vivo, el amarillo patito, el pálido reflejo, la tez cadavérica, las chapas serranas, el luto riguroso, el caqui, el rosado colonial, el blanco pecoso, la faz rubicunda, la caca de bebé y el castaño oscuro.

Flores Cojudas: El clavelito chino, la campanilla silvestre, el geranio de maceta, el gladiolo colorado, la gardenia en el ojal, las rosas de plástico, las orquídeas de gramalote, las azucenas de cementerio, el tacón en la oreja, el ramo de azahar, el alhelí en botella y el heliotropo en botón.

Actividades Cojudas: Preparación del Congreso del Sordomudo, Recolección Benéfica de papel higiénico usado, Propagación de la Fe en el Arcángel Filomeno, Reorganización de la Basura, Estudio para la Irrigación de la Isla San Lorenzo, Lanzamiento de la Colecta Pro-Casa del Arterioesclerótico.

Alimentos Cojudos: Los huevos de angelote, la quinua con chuño, la leche de burra, la cabeza de bonito, la sustancia de agua, le bisté de pulpo, la tortilla de erizo, la carne cruda, la huevera natural, el chilcano de tramboyo, el cuáquer con leche, la miel de abejas y la espinaca hervida.

Dulces Cojudos: Los diabéticos, suspiritos de San Antonio, caspiroleta ayacuchana, chumbequitos de anís, melcocha de nata, manjar blanco molendino, suspiros de Cajatambo, sandía rellena, huevos sudados, higos de Urubamba, pallares colados, paltas borrachas, almíbar de zapallo y nabo con miel.

Frutas Cojudas: Las guanábanas, el chumbo, el plátano de fraile, la naranja agria, la cereza amarilla, la manzana arenosa, la papaya redonda, la piña desabrida, la pasa con pepas, el orejón de lata, los guindones resecos, el coco rancio, la guayaba madura, los melones verdes y la tuna barbuda.

Actitudes Cojudas: Levantar los hombros para despreciar, ponerse las manos en la cintura, dar patadas en el suelo, alzar la nariz, torcer la mirada, no contestar el saludo, negarse a dar la mano, mandar padrinos, cobrar una deuda antigua, levantar una reja y fotografiarse con sombrero puesto.

Y así, hasta el infinito, porque Lo Cojudo no tiene principio ni fin como el Universo. Lo Cojudo nos envuelve, nos hace receptivos de la Cojudez Ambiental, nos convierte en lectores, depositarios y trasmigres del virus cojudero pero siempre con la ventaja de no hacernos perder la conciencia de nuestros actos, de no llevarnos a ignorar lo que somos ni el grado de cojudez en que vivimos. Cuando el peruano, por las noches, hace un inventario de sus actividades en el transcurso del día, y analizando el balance de las mismas, acaba por darse una palmada en la frente, mira al techo con un gesto de rabia y exclama desesperado: «¡Pero, qué tal Cojudo he sido…!», lo hace porque tiene plena conciencia de su realidad mental. No se engaña, no trata de hacerse el Cojudo porque sabe perfectamente que ya lo es. No se oculta la verdad y termina por aceptarla como un hecho consumado. Ha sido, efectivamente, un Cojudo. Pero el descubrimiento de ello no le impedirá seguir haciendo cojudeces al día siguiente, al subsiguiente y en todos los días que le resten de vida. Ahora bien, el hacer cojudeces constituye sólo un renglón de Lo Cojudo, como concepto abstracto que engloba el volverse Cojudo, el quedarse Cojudo, el acojudarse, el dejarse hacer el Cojudo y el hacerse el Cojudo uno mismo, por su propia cuenta y conveniencia. «Fui anoche al circo japonés —dice el damnificado—, y al salir los equilibristas, ¡me quedé Cojudo!». No se sabe cuánto tiempo le costó recuperarse del impacto, ni si el estupor lo convertiría en un Cojudo Permanente, pero lo fundamental es que el protagonista «sabe» que se quedó Cojudo. Cojudo y no sordo o bizco sino Cojudo, concretamente hablando. En cuanto a lo de «volverse Cojudo» parece constituir un privilegio de quienes tomaron consomé de chamico, pasaron por la experiencia olfativa que en el Norte se conoce como «calzón de novia», o descubrieron tardíamente lo que era una buena sesión de lujuria. Casi todos estos se vuelven irremediablemente Cojudos, hasta que el matrimonio acaba con ellos y se les termina la cojudez. Son, por lo tanto, Cojudos temporales y curables. También «se vuelven Cojudos» los improvisados, los nuevos ricos, los que de la noche a la mañana comienzan a gozar las ventajas de una nueva situación. Quien era hasta ayer un Cojudo de tipo, digamos, normal, se vuelve automáticamente un tremendo Cojudo, si alguien tiene la peregrina idea de nombrarlo para cualquier cargo importante, sólo porque es su amigo y no porque el sujeto lo merezca. Entonces nos veremos frente a un Cojudo que mira de arriba abajo, que no saluda, que se niega por teléfono y que empieza a tomar lo que se conoce como «aires de Cojudo», tan frecuentes entre nuestros políticos. En general, esta dolencia es curable y termina cuando al sujeto lo botan como un perro y los demás comienzan a hacer con él lo mismo que él hacía con los demás. Sin embargo, si bien la destitución o pérdida de los privilegios curan al enfermo de su cojudez Objetiva, el desconcierto de saber que «se ha dejado hacer el Cojudo» es tan terrible que automáticamente pasa a la condición de Cojudo Subjetivo, que es también curable, pero que exige un largo período de convalecencia, dieta, cambio de clima y reposo para que el Cojudo transitorio se cure definitivamente. Sin embargo, las estadísticas demuestran, con la frialdad de los números y la experiencia, que —tarde o temprano— todos los Cojudos recaen indefectiblemente. Todo, por lo tanto, es cuestión de tener paciencia. Si usted es Cojudo, paciencia con su enfermedad. Si usted no es Cojudo, paciencia con «su» Cojudo (todos tenemos un Cojudo en perspectiva), hasta que el tipo vuelva a las andadas y se le ponga a tiro de escopeta.

Podríamos decir que el «acojudarse» viene a ser algo así como un cortocircuito de la cojudez. Algo parecido a un calambre cerebral que, si bien dura apenas unos segundos, puede ser suficiente para ocasionarnos gravísimas consecuencias. Acojudarse frente a un terremoto, por ejemplo, quedándose paralizado justo bajo la gran cornisa del edificio, es una garantía de terminar en la morgue cuando remuevan los escombros. Lo mismo ocurre cuando el acojudamiento se produce en circunstancias de hallarse en calzoncillos, frente a un marido con revólver y no atinar a meterse bajo la cama, saltar por la ventana o ponerse de rodillas en actitud suplicante. Esta forma de ataxia locomotriz por acojudamiento generalizado se da mucho en aquellos que, de pronto, descubren haber sido víctimas de un robo, de un adulterio, de una agresión, de un atropello y, en fin, de todas las cosas que solamente les pueden ocurrir a los Cojudos natos y a los propensos (caso de la cojudez por acojudamiento). La definición misma de «acojudarse» nos permite saber que ella se trata de un simple amago, de algo pasajero y fácil de superar con una aspirina o con bromuro. Sin embargo, después de la primera crisis (que puede ser el aviso de una tendencia a la cojudez tardía), siempre es bueno consultar a un especialista en la materia —vale decir, a un gran Pendejo amigo, si es que los Pendejos son amigos de alguien—, para contener a tiempo lo que puede ser el comienzo de una Cojudosclerosis. El Acojudamiento se manifiesta en muchas formas, científicamente catalogadas por Vivansky y Lobinsky en su famosa escala, que va del uno al cien, incluyendo el acojudamiento por traumatismo encéfalocraneano. Es decir, cuando a uno le cae una pedrada en la cabeza o algo por el estilo. En este caso la curación es imposible y el tipo se queda Cojudo para toda la vida, pudiendo realizar únicamente labores en la que no se requiera inteligencia, tales como recoger basura, contestar el teléfono, pedir limosna, conducir un ómnibus o ingresar al servicio diplomático.

Finalmente, aunque «hacerse el Cojudo» es una vieja práctica nacional entre las grandes minorías que siempre han gobernado este país, y pese al hecho de que quienes «se hacen los Cojudos» corresponden a otro volumen de la presente Enciclopedia, existe —paradójicamente— un tipo de Cojudo que se hace el Cojudo, sin saber que ya lo es y que haciéndose el Cojudo no cojudea a nadie. Su clasificación corresponde a la del «Pobre y Triste Cojudo», porque inspira una lástima rayana en la ternura y porque su imitación de Cojudo es tan mediocre que va de fracaso en fracaso, hasta que la realidad lo hace abandonar su estrategia y comienza a comportarse tal como es, en el fondo. O sea, como un perfecto Cojudo. Que es, recién, cuando tiene la posibilidad de sorprender a un Pendejo. Para mí, aquel viejo refrán cuyo texto dice «del agua mansa líbreme Dios, que de las otras me libro yo», resume la amarga experiencia de algún Pendejo al que hicieron Cojudo en un momento de debilidad, por bajar la guardia frente a otro Pendejo que se hacía el Cojudo, o frente a un Cojudo tan Cojudo que parecía una imitación de Pendejo. ¡Es decir, cada día se hace más difícil vivir en este mundo!

Los cuatro grandes núcleos de la Cojudez Subjetiva Nacional (1.— Volverse Cojudo, 2.— Quedarse Cojudo, 3.— Acojudarse y 4.— Dejarse hacer Cojudo), tienen, en sus orígenes, dos puntos perfectamente definidos, como los lápices bicolores: El cojudeo Intencional y el cojudeo Fortuito. Como es lógico, la primera clasificación implica la voluntad, el deseo consciente de un tercero, para cojudear a la víctima. Son, digamos, tipos de Cojudez por Inducción. La segunda se refiere a los casos donde la exclusiva intervención del protagonista, como ser receptivo y sujeto de una experiencia desencadenante, lo lleva casi de la mano a los maravillosos jardines de Lo Cojudo. Es lo que podríamos llamar Cojudez por Deducción Así tenemos que, por ejemplo:

A) Volverse Cojudo porque a uno le enseñó la novia loretana todas las posibilidades y los usos que puede tener un colchón, aparte de dormir sobre él, es Intencional, porque el tipo ha caído en una trampa matrimonial, donde no vuelve a probar el queso a menos que pise el palito del Registro Civil. Volverse Cojudo por recibir toda la herencia de un tío lejano que murió (como era su obligación) es Fortuito, porque nadie sabe para quién trabaja y porque el finado no imaginó, jamás, que toda su plata y su esfuerzo servirían para terminar fabricando un Cojudo.

B) Quedarse Cojudo cuando al postulante lo llevan de visita a una residencia gigantesca, deslumbrante y fabricada a todo lujo, es Intencional, porque lo que busca el dueño es atarantar al fulano con su riqueza. Pero quedarse Cojudo ante la fuerza de un estibador que levanta cien kilos con dos dedos es completamente Fortuito, ya que dicha bestia actúa de manera perfectamente normal y sin el propósito de impresionar a nadie, como no sea al promotor interesado en conseguir Cholo Barato (nombre que se da a blancos, negros, chinos, chelos, mestizos y mulatas que hayan renunciado para siempre a la tentación de cojudear, amarrando el macho, a su patrón).

C) Acojudarse cuando un sujeto matonesco pasa junto a la señora de la víctima y le practica un examen al tacto, algo más abajo de la zona donde se aplican las inyecciones intramusculares, es Intencional, porque el tipo sabe que con su aspecto físico está paralogizando al marido. Por el contrario, Acojudarse al conocer de cerca a un personaje cualquiera —político, intelectual, artístico o delictivo, porque la fama alcanza para todos—, es Fortuito, ya que el individuo objeto de la admiración no es culpable de tener una personalidad aplastante.

D) Dejarse hacer Cojudo cuando a uno le venden pomada de culebra para curar todas las enfermedades conocidas, es Intencional, porque el charlatán sabe que su producto huele a pasta de dientes, tiene aspecto de pasta dental y lo vende tranquilamente en un vulgar tubo de pasta dentífrica. Pero dejarse hacer Cojudo por el «agua» que se ve al fondo de la carretera, cuando el radiador del automóvil está al rojo, y caminar cuatro kilómetros en vano, es Fortuito, pues no se trata sino de algún espejismo de mierda que alguna vez nos ha cojudeado a todos.

… Pasear al nene es un buen sistema para volverse Cojudo en 20 días…

Ahora bien, describir a los Cojudos uno por uno sería imposible, dados su enorme variedad y polifacetismo. ¡Doce millones de casos no se los salta a la torera ni una máquina computadora! Por otro lado nos traería serios problemas de familia si uno quiere ser honesto y declara enfáticamente que el 95% de sus parientes son unos Cojudos alucinantes, para los cuales lo más recomendable es el suicidio. Por lo tanto tendremos que limitarnos a la descripción del Cojudo Nacional Promedio, de cuya espectacular sicología participan, en mayor o menor grado, casi todos los peruanos, sin excepción (?). Los Cojudos son como los eclipses: hay Totales y Parciales. Por lo tanto, el Cojudo Nacional Promedio viene a ser la equidistancia razonable entre los unos y los otros, a los cuales describiremos oportunamente.

Veamos.

El Cojudo Nacional Promedio tiene mirada de Cojudo. Eso es básico, porque si el interfecto deja asomar la más pequeña luz de inteligencia en sus pupilas, quiere decir que estamos frente a un impostor o, lo que es más grave, en presencia de un infiltrado. Fundamentalmente, al Cojudo Nacional Promedio se le puede estudiar desde los ángulos Espiritual, Material y Formal.

En el orden Espiritual, el C. N. P. (Cojudo Nacional Promedio) es:

… El Cojudo romántico, sólo cae simpático a las mujeres cuando se muere…

Romántico, de los que escriben sonetos paticortos o versilargos, a medias con Chocano y dedicados a la primera novia, que murió de cojuda porque al incendiársele la falda se echó kerosene para apagar las llamas. Es de los que dialogan con la Luna, leen a Bécquer, suspiran al llegar la primavera, huelen a jazmines como si fuera pichicata y tuercen los ojos hacia arriba cuando oyen algo de Chopin. Tengan la edad que tengan, siempre irán por la calle agarrados de la mano con alguien, sea la «prometida» (que es como los Cojudos llaman a su futura mujer), la esposa, la prima, la sobrina, la tía o un amigo de la infancia, en cuyo caso el tipo, además de Cojudo viene a ser un homosexual.

Sensible, de los que recogen perros callejeros enfermos, para curarlos en casa, y le contagian la sarna a toda la familia; de los que pertenecen a diversas sociedades filantrópicas, y al final los acusan de ladrones cuando hacen el arqueo de las colectas y falta plata; de los que lloran cuando la cocinera provinciana les cuenta cómo la violó el subprefecto, detrás de una tapia, y de los que, si se les muere un amigo, no duermen toda la noche, pensando que el tipo puede venir a despedirse de ellos. El violín los hace llorar, regresan de la calle sin un centavo porque todo lo repartieron en limosnas y ayudan a cruzar viejitas de una calle a otra, hasta que los mata un camión y la vieja resulta ilesa.

Afectuoso, de los que tienen la fotografía del padrino (que a lo mejor es el papá) en la mesa de noche; de los que abrazan a todo el mundo, hasta que tropiezan con un enfermo de lepra y ¡Se acabó el Cojudo! Sonríen a diestra y siniestra, para quedar bien con todo el mundo y enseñar los dientes de oro. Por las mañanas, lo primero que leen es la página de las Defunciones para asistir con cara de circunstancias —o sea, con cara de solemne Cojudo— al velorio y sepelio de otros Cojudos, muertos primero que ellos. Llevan un registro de todas las fechas importantes para sus amigos. Se empeñan hasta el pescuezo mandando canastas de flores con tarjetas en letra inglesa. Van donde los inviten y son de los que nos despiertan a las seis de la mañana, para felicitarnos por nuestro cumpleaños, media hora después de habernos acostado y cuando recién estábamos agarrando el sueño. Son también de los que llegan hasta las lágrimas cuando relatan (mientras en la mesa están sirviendo el arroz con puré) cómo se cagaba las sábanas el abuelito, poco antes de morir.

En el orden Material, el C. N. P. (Cojudo Nacional Promedio), es:

Prudente frente al clima, la digestión y el sexo. Respecto al clima, usa calzoncillos de lana en invierno y de jersey, hasta la rodilla, en verano. Se protege de las corrientes de aire, duerme con medias y sólo se baña en agua caliente, para evitar una pulmonía. Cree en las frotaciones de trementina y es de los que estornuda por la menor cojudez. Respecto a la digestión, evita comer frijoles porque, como todos los Cojudos, carecen de control sobre sus esfínteres, corre el peligro de que su familia lo ponga en la calle, a media noche, por contribuir de manera salvaje a la contaminación ambiental. En cuanto al sexo, el Cojudo termina por acostumbrarse a los reflejos condicionados de Pavlov y solo tiene relaciones los viernes por la noche (porque los sábados no trabaja) y la víspera de día feriado, en que no tiene que levantarse temprano. Además, nunca repite el plato por temor a enfermarse de los riñones o a tuberculizarse.

Metódico en sus hábitos, su higiene y su trabajo. En lo tocante a sus hábitos, el C.N.P. se levanta un minuto antes de que suena la campanilla del reloj despertador (cosa de la que se siente muy orgulloso) y pasa al cuarto de baño donde emplea exactamente un cuarto de hora en defecar, examinando atentamente la producción del día, para ver si todo está normal y no hay señal de amebas o algo por el estilo. En materia de higiene, se afeita, se lava los dientes, hace gárgaras (todos los Cojudos hacen gárgaras, sin comprender que eso ya pasó de moda) y, si no le toca bañarse aquel día, se refresca las hemorroides con un buen bañito de asiento, echándose luego abundante talco, cuyo 80% cae indefectiblemente al piso. Respecto al trabajo, el Cojudo es puntual, virtud que entre los Cojudos es negativa, porque estando más tiempo en la oficina tienen mayores posibilidades de hacer cojudeces y, por lo tanto, corren mayor peligro de que los despidan. Por eso es que hay tanto Cojudo desocupado en el país.

Disciplinado de los que no faltan al trabajo así llueva o truene, razón por la cual (sobretodo en la Sierra) muere de pulmonía o carbonizado por un rayo. El Cojudo Nacional Promedio jamás llegará tarde a ninguna parte, aunque tenga que vencer mil obstáculos en su carrera contra el reloj, sobre cuyo funcionamiento mantendrá una permanente vigilancia para que no se le pare nunca. Su concepto de la palabra «jefe» raya en lo divino y hará siempre lo que disponga el superior, así se trate de copiar «La Divina Comedia» a mano o de caminar veinte kilómetros para entregar un documento de esos, que los Pendejos mandan por correo. Incapaz de robarle tiempo a la empresa, jamás usará el excusado en horas de oficina, ni siquiera para orinar. Entre otras cosas porque su estómago también trabaja a horario estricto. Pese a ello, de todas maneras, guarda un rollo de papel higiénico en las gavetas de su escritorio, así como un frasco de alcohol para refregarse las manos cuando le es indispensable saludar a un extraño. Las epidemias, catástrofes y cataclismos no son impedimentos para cumplir con su deber, aunque sea él, precisamente, en un noventa por ciento de los casos, quien lleve el virus a la oficina, quien origine un corto circuito con doscientos muertos y quien contagie la cojudez a todo el mundo, respectivamente.

Obsoleto en el vestir, el andar, el comer, el gesticular, el actuar y el vivir, al extremo que su aspecto es el de un personaje arrancado de esos álbumes familiares donde aparece el abuelito, cuarenta años antes de que se lo llevara la trampa con bigote y todo. El Cojudo Nacional Promedio vive, cronológicamente, alrededor de la Segunda Guerra Mundial y si no usa monóculo es porque la gente se cagaría de risa al verlo. Come levantando los codos, como si se dispusiera a volar. Saluda a las señoras doblando el espinazo hasta formar ángulo agudo con las piernas. Todos sus gestos son del año de pangué y se ríe en falsete y por compromiso cuando escucha alguna cojudez que su educación a la antigua le aconseje festejar. Siempre hay algo en su personalidad que recuerda a Charles Chaplin. Su atuendo es un muestrario de cuanto cachivache se encuentra hoy en el panteón del olvido y su vestido ceremonial no perdona el menor detalle —travesa de corbata, chaleco, temo oscuro y otras menudencias— de cuanta cojudez se ponían nuestros antepasados encima. Se refiere a nuestra época meneando la cabeza con gesto reprobatorio, y aprovecha cualquier circunstancia para referirse a los tiempos de antes, cuando él era más joven pero también menos Cojudo. Porque si hay algo que en el Perú nunca dejó de progresar fue la marcha de Cojudos hacia la perfección de la cojudez.

Ya en el orden Formal, el C. N. P. (Cojudo Nacional Promedio), es:

Puntilloso en el vestido, la educación y la responsabilidad. En cuanto al vestido, jamás dejará de usar camiseta o bivirí (como abrigo y para proteger la camisa del sudor), lo mismo que gemelos, prendedor de corbata y anillo de cualquier cojudez en alguno de los dedos. El Cojudo usa talco en los pies y bicarbonato en las axilas, porque «sabe» que es el mejor desodorante. Tiene los zapatos brillando como un espejo, pero anda siempre con los fundillos caídos porque, en general, los Cojudos llevan el trasero recogido hacia adentro, no se sabe si por timidez o por la forma que tienen de caminar. En materia de educación y aunque el Cojudo no tiene control sobre su estómago, eructa a menudo, pero poniéndose una mano en la boca y pidiendo perdón a los presentes. En general se pone la mano a destiempo y todo el mundo sabe, en esta forma, que el Cojudo ha comido coles en el almuerzo.

El Cojudo es un tipo cumplidor (que es el nombre burocrático de la cojudez), de modo que todas las cojudeces de la oficina llevan su firma. En consecuencia, es también al primero que botan cuando se necesita un Cojudo que pague los platos rotos.

Responsable en el cumplimiento de las obligaciones contraídas —generalmente con algún Pendejo— y las cuestiones puestas bajo su cuidado, si es que alguien comete la cojudez de encargarle algo importante. El Cojudo Nacional Promedio jamás saldrá corriendo en caso de terremoto, mientras no cierre la caja fuerte, con doble llave, y ponga todos papeles en su sitio, para que cuando vengan las cuadrillas a remover escombros del edificio, encuentren todo en orden, junto a su cadáver aplastado por una viga, por cinco toneladas de techo o por los dos mil kilos de la caja fuerte, en cuya puerta se colocará más tarde —«en sencilla pero emotiva ceremonia»— una plaquita conmemorando en honor del Cojudo muerto. Si en la oficina hay algún trabajo urgente, siempre se lo encajarán a él, en su condición de Cojudo Militante y porque, de puro Cojudo, se presentará de voluntario, creyendo que esto le acumulará puntos, ignorando que su nombre figura primero en la lista de Cojudos que piensan botar en el próximo Directorio totalmente integrado por Pendejos.

Generalizando. El Cojudo Nacional Promedio se orina en la cama hasta los diez años, usa chupón hasta los cuatro o cinco, es el primero de la clase (deporte en que los Cojudos malgastan su niñez y juventud) y empalma sin excepción todas las enfermedades epidémicas, tales como el sarampión, las paperas, la escarlatina, la tifoidea, la gripe asiática, la fiebre malta y la bicicleta. A la hora de amar, el Cojudo nacional promedio se enamora de la primera mujer que le hace caso, le lleva bombones como en la época de Matusalén, le ofrece el brazo en la calle, con cara de galán de cine mudo, y a lo máximo que se atreve es a ponerle una mano sobre las rodillas, después de haberla pedido en matrimonio (con invitados y champán) después de «un tiempo prudencial». El Cojudo nacional promedio, se enamora de pies a cabeza, pero nunca llega a declararse porque se lo impide el tartamudeo. Baila de lejos con la novia y, si llega a rozarle un muslo con la pierna, la presión le sube a 40 mientras el organismo le fabrica veinticuatro litros de adrenalina. En su luna de miel, el Cojudo nacional promedio se desviste a oscuras, se mete a gatas en la cama (después de beber un par de tragos para estimularse), tarda una hora en encontrar lo que busca, luego de equivocarse indecorosamente cuatro o cinco veces, y actúa de modo tan frenético —aunque dándose tiempo para confirmar que la novia es virgen, cosa que nunca llegará a saber, precisamente porque es Cojudo— que en el momento cumbre, termina poseyendo al colchón, entre gritos epilépticos, antes de quedarse dormido como un tronco hasta el día siguiente. Mientras tanto, la novia —navegando al garete sobre el tálamo—, se pasa la noche en blanco, medita, llega a conclusiones y comprende al fin por qué su familia se oponía a que se casara con semejante Cojudo.

El Cojudo ronca, habla dormido y sueña cojudeces que lo obligan a levantarse para tomar bicarbonato, porque todo lo que come se le traduce en estreñimiento, aerofagia o diarrea. Tiene miedo a la oscuridad, a las enfermedades y a la muerte. Cuando ve sangre se le hace un nudo en el píloro y tiene que tomar café para no perder el conocimiento. El Cojudo cree en los fantasmas, los horóscopos, los gatos negros y otras supersticiones que son el folklore de la cojudez. Cuando el Cojudo come, se atora; cuando bebe, se ahoga; cuando hace el amor, le da calambre; cuando se viste mete la pierna en el otro lado del pantalón y cuando orina se moja los dedos hasta el codo. El Cojudo ni siquiera deja de ser Cojudo cuando se muere, porque lo hace poniendo tal cara de Cojudez Eterna, que ni el más Cojudo de los Querubines podría equivocarse a la hora de clasificarle el alma. Por una razón inexplicable, al Cojudo le sudan las manos, la cabeza le huele a coco rancio y la dentadura a burro muerto, pese a que numerosísimos Cojudos se lavan el cabello con frecuencia y los dientes todas las mañanas. Cuando se produce un temblor —acontecimiento al que los Cojudos le tienen pánico—, expelen un extraño olor entre agrio y metálico que debe ser, sin duda, la quintaesencia metabólica de la cojudez en erupción. A los Cojudos los operan de fimosis, cuando empiezan, y de la próstata cuando acaban. No tienen salida facial, porque si abren la boca es para hablar cojudeces y si la cierran es para poner cara de Cojudos. Aunque parezca una verdad de Perogrullo, donde está la Cojudez, allí estarán indefectiblemente los Cojudos. Vale decir, el chochipe, por ejemplo, es un idioma perfectamente Cojudo en nuestro tiempo (ahí está la cojudez) pero siempre encontraremos un grupo de retardados mentales que lo aprenden sin ser indios (ahí están los Cojudos).

En su característica esencial, hay Cojudos Conservadores que hacen las mismas cojudeces desde que nacen basta que mueren, y Cojudos Liberales, que cambian de cojudez constantemente, desorientando a la humanidad. El Cojudo Nacional Promedio, por ejemplo, se baña en tina y, cuando va a la playa, nada en estilo clásico, tal como lo hacía mi tatarabuelo hace cien años. Pero un día cualquiera, al Cojudo puede entrarle la veleidad de bañarse en ducha o con manguera de jardín, y nadar estilo bicicleta en el mar, hasta que se resbale y muera de conmoción cerebral, en el primer caso, o lo tengan que rescatar con helicóptero, para que no se ahogue de calambre, en el segundo. En general, las opiniones sobre los Cojudos están muy divididas. Hay quienes ofenden al Cojudo, lo desprestigian y lo desdeñan con olímpico desprecio, pero los que actúan de esa manera cometen un error y, al mismo tiempo, demuestran ser más Cojudos que los otros, porque los Cojudos comunes y corrientes, tienen plena conciencia de que lo son, mientras sus críticos no son, sino Cojudos que naufragan porque pretenden navegar con bandera de Pendejo. Aunque parezca lo contrae, los Cojudos le dan vida y actividad al Perú, le quitan la monotonía y aburrimiento, producen entusiasmo y deseos de vivir. Son algo así como la sublimación del alma nacional, el encanto del quehacer cotidiano y el verdadero motor energético que todas las mañanas pone en movimiento la gran maquinaria del país. Yo soy un decidido partidario de los Cojudos en general. No porque necesite de ellos o porque piense utilizarlos de algún modo, sino por una razón muy simple:

Porque si en el Perú, no hubiera Cojudos, la vida sería una cojudez.

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