Por Alba Cabrera Meneses

Socióloga intentando ver el mundo con gafas violetas. Interesada en temas como la sexualidad, la pornografía, la política o la educación, Descubriendo realidades

Desde el pasado martes, una plataforma pornográfica (la cual no nombraré, ya que, no quiero hacerle publicidad gratuita) ha decidido sumarse a la iniciativa de muchas compañías, las cuales están ofreciendo a toda la ciudadanía española, el acceso gratuito a sus respectivos productos o servicios, en estas semanas de confinamiento. En este caso, a esta empresa se le ha ocurrido la “brillante idea” de que los/as usuarios/as tengan acceso ilimitado a todos los vídeos de la plataforma, es decir, la opción Premium se extiende a todo español y española que quiera masturbarse con la versión gore del sexo.
Un amigo me comentó (mediante llamada de Skype) que no veía el problema al asunto, y yo internamente me indigné y dije, “este artículo es más que necesario”. Lo que se está ofreciendo gratuitamente, no es una simple película, sino una mayor posibilidad de acceso a la violencia, concretamente, a la violencia sexual; esa contra la que estamos luchando diariamente y por la que salimos a las calles hace dos semanas.

El porno es la expresión de la violencia sexual porque la mujer se convierte en un simple objeto, aparentemente, sin deseo y sin capacidad de decisión, que actúa y se somete a las órdenes de uno o varios machos alfas. Luego está el caso de las escenas donde solo aparecen mujeres, pero cuyos actos sexuales están únicamente destinados a satisfacer a usuarios hombres; la mujer es invisible fuera de la escena. Muy pocas películas porno comerciales, están orientadas a satisfacer la lívido de las mujeres, aunque me pregunto, ¿qué mujer quiere ver a otra siendo tratada de una forma tan violenta?, me cuesta pensar en la falta de sororidad entre nosotras, pero todo es posible.

El porno es la expresión de la violencia sexual porque la mujer se convierte en un simple objeto, aparentemente, sin deseo y sin capacidad de decisión, que actúa y se somete a las órdenes de uno o varios machos alfas.

Quizás todavía, no vean la violencia que se expresa en esas escenas sexuales, pero a disgusto les voy a poner algunos ejemplos que he encontrado en esta página el día 18 de marzo de 2020: un hombre estrangulando a una mujer mientras la penetra, una mujer practicando sexo oral hasta el punto de ahogarse, un hombre dando golpes a una mujer mientras la penetra, una niña siento penetrada ( no se le ve la cara así que no se puede saber si es menor de edad o no), varios hombres penetrando y eyaculando sobre una mujer de manera agresiva, mujeres vestidas de colegiadas siendo penetradas por “sementales” etc., y así miles y miles de vídeos que están colgados en este medio.

Lo que quiero que entiendan con estas palabras, más allá de su naturaleza violenta, ya de por si preocupante, es a quién llegarán estas escenas durante este mes. Estas maravillosas películas gratuitas, podrán llegar a una mayor cantidad de adolescentes y niños/as, que a falta de entretenimiento acuden al porno para pasar el tiempo. Un colectivo reconocido como pornonativos y pornonativas, porque a falta de educación afectivo- sexual acuden a la pornografía, antes de experimentar en propia persona las relaciones sexuales con otros/as. Esta realidad tiene como consecuencia el que normalicen las prácticas de riesgo que vean y las apliquen en sus experiencias sexuales.

En resumen, lo que estamos permitiendo con esta oferta, y en general con el porno comercial gratuito, es que un colectivo vulnerable como son los/as menores de edad, se conviertan en potenciales agresores y sumisas tanto fuera como dentro de la cama. Si esta frase no les convence, les dejo la siguiente gráfica en la que se plasma el porcentaje de mujeres menores de 19 años que han sido víctimas de violencia de género entre 2011-2018 y tienen una orden de protección. En ella podemos observar como a partir del año 2013 ha habido un aumento constante del porcentaje (salvo en 2016 que hay un ligero descenso del 12,5% al 12,34%), llegando al 14%, aproximadamente, en 2018, superando el 13,16% de víctimas que hubo en 2011.

Por lo tanto, ¿se puede llegar a entender que la visualización de pornografía está correlacionada con el incremento de conductas de riesgo que pueden dañar a otros/as?, se podría considerar y más si tenemos en cuenta los datos aportados por La Agencia de Datos de Europa Press: el 47,4% de hombres jóvenes y el 39,6% de mujeres jóvenes han afirmado que ocasionalmente han incrementado sus conductas de riesgo a casusa de la pornografía.
En definitiva, respondiendo a la pregunta del título, tenemos pornografía gratis, pero consiguiendo una sociedad enferma de violencia. Realmente, ¿nos merece la pena?

Opina que es gratis