El dramático colapso del West Texas Intermediate (WTI) en Nueva York ha sacudido al mercado y con el sacudón, a países como Venezuela que dependen del crudo.
Y aunque el colapso no durará para siempre y el mercado tenderá a un equilibrio, para la golpeada economía venezolana, el hundimiento en la cotización del WTI es gasolina para un incendio que empezó con la caída de la producción y que se agravó con el endeudamiento. La cesta venezolana cotizó la semana pasada en apenas 18 dólares por barril, un margen de precios que hace inviable generar flujo de caja para el chavismo.

Los futuros del petróleo para entregas en mayo, cotizaban durante la jornada del lunes 20, por primera vez en su historia, en territorio negativo, alrededor de -37 dólares por barril.

Sí: los productores de petróleo, en la práctica, pagan por deshacerse del commoditie, en un contexto de sobresaturación de los inventarios y caída de la demanda como consecuencia del coronavirus: la cuarentena es mundial, aunque algunos países como Alemania ya asoman una relajación de las medidas de confinamiento.

Pero la noticia tiene sus letras pequeñas. Los contratos con entrega en junio seguían cotizándose en 21 dólares por barril, un precio más cercano al equilibrio, aunque con tendencia claramente bajista.

Ni siquiera el reciente (y también histórico) recorte de producción de la OPEP ha sido suficiente para detener un colapso en el mercado que inició con una crisis en Apple, y terminó con el hundimiento de las bolsas a nivel mundial, lo que ha provocado que la Reserva Federal haya anunciado paquetes billonarios de estímulos a la economía.

No es el fin del mundo, pero el colapso del chavismo ya viene desde la Era Chávez

El petróleo protagoniza los titulares de la prensa. Pero la caída es absolutamente temporal. Tan temporal como la crisis en Wall Street, pues la cuarentena va a terminar en algún momento y la demanda volverá a estabilizarse, lo que ocasionará nuevamente el equilibrio en los inventarios y por ende, en la cotización del crudo.

Y aunque la crisis sea temporal, el cuadro de Caracas tras 20 años de erradas políticas económicas es agudo:

-Porque la cesta petrolera venezolana cotizó la semana pasada con promedio de 18 dólares por barril, un precio que no le deja mucho margen de maniobra al chavismo si hablamos de costos de producción, que siendo demasiado optimistas, giran en torno a los 12 dólares, aunque algunas fuentes han señalado que el mismo podría llegar hasta 20 dólares.

-Porque el precio del WTI, que es referencial, empujará hacia abajo la cesta venezolana.

-Porque dada una recuperación del mercado a corto plazo, la producción de petróleo de Pdvsa es ridículamente baja, inferior a los 700 mil barriles diarios.

-Porque el endeudamiento con China y Rusia asfixia la poca producción disponible, y en consecuencia, la producción neta para generar cash-flow (flujo de caja) de caja es nula.

-Y porque aunque el efecto rebote de los precios esté próximo, el chavismo tiene un problema mucho mayor: el desastre generalizado de su industria petrolera, golpeada hasta la náusea desde la Era Chávez, cuando fueron despedidos más de 20 mil trabajadores: La industria jamás se recuperó.

El colapso del WTI perjudicará al chavismo gobernante, ávido de flujo de caja para maniobrar bajo cualquier circunstancia. Los venezolanos seguirán sintiendo los coletazos de la crisis, que ya acumula seis años de recesión y dos de hiperinflación, en un contexto de elevada dependencia de las remesas y un sistema de transacciones comerciales dolarizadas, además de una pérdida pronunciada de puestos de trabajo tras la culminación de la cuarentena.


Con información de El Cooperante, El Nacional,  Bloomberg

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