Apenas si quedó algún edificio en pie, alguna casa con techo, algún árbol que no obstruya el camino. Los sobrevivientes organizaron el rescate de los cuerpos bajo los escombros, los hospitales y los centros de salud colapsaron. Nadie estaba preparado para una tragedia de esa magnitud.

La historia utiliza métodos crueles para aleccionar ¿no te parece?, me dijo Camila mientras se ataba el pelo en una cola alta y ajustaba el marco de los anteojos sobre la nariz. Se tomó un momento para suspirar profundo. Luego, continuó despacio, sopesando las palabras.

La ciudad de México era un gran caos donde la muerte se paseaba a sus anchas. En el mercado de la Ciudadela, se improvisó un centro de campaña para primeros auxilios y a un costado, sobre el cemento, se depositaban los cadáveres hasta tanto fueran reclamados por alguien.

En medio del desconcierto, de la confusión generalizada, una viejita machacaba unos chiles en su pequeño molcajete. Cada tanto, la mujer dejaba el pilón a un lado para agregar algún ingrediente: un trozo de jitomate, un poco de cilantro, etc. Luego reanudaba su labor en silencio, en una completa y profunda abstracción. Uno de los soldados que pasaba con un cuerpo al hombro, se paró al verla. Le dijo, casi a los gritos:

Oiga madre, ¿para qué tanta preparación? ¿Acaso no ve la cantidad de muertos?

Sin levantar la vista de sus utensilios, la mujer contestó:

¿Y acaso no van a tener hambre, allá?

El soldado levantó las cejas como otorgando un consentimiento que nadie pidió. Atrás, una nube de polvo se asentaba lenta, parsimoniosamente. El pilón volvió a rodar sobre la concavidad de la piedra. Otros ruidos y otros gritos llenaron la tarde.

Camila interrumpió su relato y nos quedamos mirando el cielo por la ventana. Las palomas se posaban sobre un cartel, las cortinas apenas se movían. Creo que teníamos un poco de miedo del futuro.


Paulo Neo nació en noviembre de 1980, en Río Gallegos, Argentina. Ha colaborado en diversas revistas y medios de Argentina, Perú, Colombia, España, Venezuela, México y Estados Unidos. En el 2015 publica “Microficciones Ilustradas” a través de la Editorial Libris, con ilustraciones del artista plástico mendocino Andrés Casciani. Puedes leer más de su trabajo en su WEB

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