El libro «La Invasión Consentida«, escrito por Diego Maldonado – a todas luces un seudónimo-, y publicado por la editorial Debate, acaba de salir a la luz cargado de detalles íntimos no solo sobre la entrega por parte de Hugo Chávez al gobierno de los Castro de las estructuras más sensibles de Venezuela, sino la enorme masa de dinero que le ha regalado el chavismo a Cuba cambio de nada. O casi nada.

La investigación arranca el año 2009, cuando Chávez ordena que la bandera de Cuba se exhiba en el Panteón Nacional. Da cuenta de los viajes oficiales realizados por Chávez a La Habana, 24 veces en diez años, y cómo en demasiadas ocasiones el presidente venezolano lucía acompañado de altos oficiales de Cuba, como Ramiro Valdés, a quien el autor define como «uno de los principales operadores de la penetración castrista en Venezuela». También estuvo en Venezuela José Ramón Machado Ventura, vicepresidente de Cuba, quien se atrevió a tomar la palabra en un acto militar donde se celebraban 10 años de la revolución bolivariana, para asegurar que «esta revolución cumplirá 50 años»… lo que resonó como una orden al interior de los cuarteles.

Para escribir La Invasión Consentida, cabe imaginar que hubo filtraciones graves de parte de algunos cercanos a Miraflores que no estaban ni están de acuerdo con la presencia cubana. Allí se revela cómo en 2008 se firmó un convenio militar secreto entre ambos gobiernos, que le permitía a los cubanos estar presentes en todas las áreas del estado venezolano. En Miraflores, en Ministerios, Institutos Autónomos y, por supuesto, en todos los cuarteles y bases navales. Hoy habitan un edificio completo en Fuerte Tiuna.

«El gobierno cubano conoce toda la base de datos de los venezolanos.Tiene pleno acceso a la oficina de Identificación y Migración. Está al tanto de cada transacción civil o mercantil, maneja los software de la administración pública y redes de fibra óptica. Y por si fuera poco, tiene un panorama detallado del sistema eléctrico nacional, de la industria petrolera y «un mapa muy completo»- como lo confesó el propio Chávez-, de las reservas minerales del país», asegura Maldonado.

Por el contrario, el chavismo no tiene acceso ninguno a la fortaleza castrista.

«Cuba recibe la ayuda venezolana casi como un tributo.La ascendencia chavista en las decisiones del gobierno de Cuba es nula. Los cubanos no comparten el acceso a su base de datos y mucho menos permiten que Venezuela tenga acceso información estratégica privilegiada».

Cada año (hasta la caída de los precios del petróleo y la crisis actual), el gobierno de Venezuela le pagó a Cuba 5 mil millones de dólares por los miles de «trabajadores» cubanos instalados en Venezuela como médicos, maestros, entrenadores deportivos y activistas políticos, lo que suma 220 mil cubanos según datos oficiales. Por cada medico cubano el gobierno de Cuba recibía 13 mil dolares mensuales, de los cuales 300 se le daban al médico para su subsistencia. Tanta fue la influencia de Cuba sobre Venezuela, que Caracas país desplazó a España como primer socio comercial de la isla, a la que destinó 13 mil millones de dólares anuales para financiar «mercancías, inversiones directas y proyectos petroleros»

Se trata de una invasión mucho menos escandalosa que la ocurrida recientemente en algunas playas venezolanas y donde el gobierno chavista, y ahora el de Maduro, han permitido la entrega del país a manos extranjeras sin otra compensación que la supuesta garantía de que permanecerán en el poder gracias a la ayuda de la inteligencia y el espionaje cubanos, traducida hasta en torturadores importados que «trabajan» y entrenan a los venezolanos en las oscuras celdas del régimen porque saben que un cambio de poder en Venezuela significaría un golpe muy duro para el régimen cubano.

El libro, que ya está disponible en Kindle y en Amazon -donde se pueden leer las primeras páginas de forma gratuita-, pone en blanco y negro una de las situaciones más vergonzosas que hayan ocurrido en la historia política de Venezuela. Basta ver el cambio cosmético ocurrido en la embajada de Cuba en Caracas para creer mucho de lo que sostiene el autor del libro. Porque lo que fue una casa vieja y fea, ubicada en la urbanización Chuao de Caracas, es hoy un bunker de lujo que, año tras año, ha ido extendiendo sus dominios a las casas de ambos lados de la embajada e incluso hacia algunas que se encuentran en la acera de enfrente, sospechosamente vacías, mientras una poderosa guardia militar vigila día y noche la calle donde se encuentra la embajada, calle cerrada desde hace algunos años a cualquier venezolano que quiera pasar por allí, como si fuese un extraño en su propio país.


Con información de El Cooperante