A Jean Paul Sartre, que me ha contado

la historia de Alí el de los Ojos Azules.

 

Alí el de los Ojos Azules

uno de tantos hijos de hijos,

descenderá de Argél, sobre barcas

a vela y de remos. Serán

con él miles de hombres

con los cuerpecitos y los ojos

de pobres perros de los padres

sobre las barcas varadas en los Reinos del Hambre. Traerán consigo a los niños pequeños,

y el pan y el queso, en las cartas amarillas del lunes de Pascua.

Traerán a las abuelas y a los asnos, sobre las trirremes robadas a los puertos coloniales.

Desembarcaran en Crotone o en Palmi,

en millones, vestidos de andrajos,

asiáticos, y de camisas americanas.

Inmediatamente los calabreses dirán,

como los malandrines a los malandrines:

“¡He aquí a los viejos hermanos,

con los hijos y el pan y el queso!”

De Crotone o Palmi subirán

a Nápoles, y de allí a Barcelona,

a Salonica y a Marsella,

en las ciudades de la Malavida.

Almas y ángeles, ratas y piojos,

con el germen de la Historia Antigua,

volarán delante a las vilayas.

Ellos siempre humildes

ellos siempre débiles

ellos siempre tímidos

ellos siempre ínfimos

ellos siempre culpables

ellos siempre súbditos

ellos siempre pequeños,

ellos que nunca quisieron saber, ellos que tuvieron ojos sólo para implorar,

ellos que vivieron como asesinos bajo la tierra, ellos que vivieron como bandidos

en el fondo del mar, ellos que vivieron como locos en medio del cielo,

ellos que construyeron

leyes fuera de la ley,

ellos que se adaptaron

a un mundo bajo el mundo

ellos que creyeron

en un Dios siervo de Dios,

ellos que cantaron

a las masacres de los reyes,

ellos que bailaron

en las guerras burguesas,

ellos que rezaron

por las luchas obreras…

… deponiendo la honestidad

de las religiones campesinas,

olvidando el honor

de la mala vida,

traicionando el candor

de los pueblos bárbaros,

tras su Alí

de los ojos azules – saldrán de debajo de la tierra para asesinar –

saldrán del fondo del mar para agredir – descenderán

de lo alto del cielo para robar – y antes de llegar a París

para enseñar la alegría de vivir,

antes de llegar a Londres

para enseñar a ser libres,

antes de llegar a Nueva York,

para enseñar como se es hermano

– destruirán a Roma

y sobre sus ruinas

pondrán la semilla

de la Historia Antigua.

Luego con el Papa y cada sacramento

irán sobre como gitanos

hacia el noroeste

con las banderas rojas

de Trosky al viento…


(de El libro de las cruces, 1964)

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