Los tics de Sebastián Piñera son un viejo conocido para los chilenos. Para muchos un reflejo de su personalidad nerviosa, acelerada, para otros una forma fácil de imitarlo como en los humoristas con complejo de mimo. Lo cierto es que hoy en día esos tics comienzan a relacionarse con lo que podría ser algo mucho más profundo: una enfermedad degenerativa que incluso podría ser un impedimento para ejercer el poder.

Esta semana, la salud del empresario se convirtió en parte del debate político. El diario El Mostrador cuestionó la capacidad de Piñera para ejercer el poder y exigió que, al menos, el gobierno transparentara la condición médica del presidente.

“En un régimen democrático es derecho de la ciudadanía saber si el Presidente de la República está enfermo, o no. Sobre todo en un sistema hiperpresidencialista como el chileno, en que casi todas las decisiones importantes pasan por quien es, al mismo tiempo, jefe de Estado, de Gobierno y de coalición de Gobierno. Se trata de un asunto del mayor interés nacional, con alta relevancia pública, política y noticiosa, y que bajo ninguna circunstancia debe ser ocultado o callado”, señaló el medio.

Según el diario, la opinión pública tiene derecho a saber si los tics, andar vacilante, rigidez del brazo izquierdo, espasmos incontrolables y descontrol físico en general que evidencia  Piñera, apreciables a simple vista en transmisiones televisivas y en videos que circulan copiosamente por las redes sociales –por ejemplo, en el captado durante el funeral de su tío Bernardino Piñera–, son consecuencia de una enfermedad, física o mental, o no.

Una semana antes, la reputada periodista Mónica González planteó el asunto en una entrevista, exigiendo lo mismo: Chile debe saber qué le pasa a su presidente.

En el pasado, el neurobiólogo Óscar Lazo, utilizó un video para dar cuenta de su preocupación del estado físico de Sebastián Piñera, ya que en las imágenes se observa como el Presidente tiene dificultades en mantener su cabeza erguida.

El investigador nacional publicó en Twitter una serie de mensajes en los que aconseja al Presidente Piñera que duerma. “Los líderes políticos tienen que ayudar a combatir el paradigma del ‘superhombre’, dar ejemplo de autocuidado”, escribe Lazo.

“Por un año me he dedicado a ver decenas de videos de Piñera en distintas situaciones y mi conclusión es que simplemente está reventado y seriamente deprivado de sueño”, plantea el neurobiólogo, quien agrega que “a menudo Piñera está literalmente cayéndose de sueño, a niveles en que podría tener un accidente grave”.

“Hay una cierta inestabilidad postural y parece haber ciertas contracciones musculares involuntarias en hombros y brazo izquierdo, pero no hay pérdida de control motor fino (…) No hay nada que indique seriamente que tiene alguna enfermedad neurodegenerativa”, cerró.

 

Normal funcionamiento

Según El Mostrador, la continuidad y funcionamiento normal del régimen político, sobre todo en un sistema de verticalismo presidencial como el de Chile, indica que el bienestar de la Nación depende en gran medida de la salud física y mental del Primer Mandatario.

Los hechos han empezado a emerger de una manera casi subliminal en Chile, se diría en el modo nacional más antiguo de hacer política, esto es, decir las cosas a medias o filtrarlas. Incluso la Constitución que nos rige trata los impedimentos para el ejercicio del cargo presidencial de una manera elíptica y sin mayores detalles constitucionales.

Esto es peligroso y favorece la posibilidad de las intrigas y acuerdos de dudosa legitimidad. Y que, contra toda responsabilidad pública, su entorno cercano trate de tapar información para “proteger” al Presidente de manera indebida, intentando –incluso– acciones u operaciones comunicacionales en pos de proyectar una imagen del Mandatario distorsionada, como si existiera normalidad donde no la hay. Eso, además de ilegal, lo único que hace es dañarlo y generar la sospecha de intereses aviesos detrás de lo actuado.

Contribuye a la preocupación y a la desconfianza el hecho de que frente a los episodios en que el Presidente dice o hace cosas en contrario a lo anunciado previamente o derechamente infringe protocolos y reglas que obligan a todos los ciudadanos, siempre hay funcionarios públicos, incluso ministros, que salen a desmentir o explicar cosas que toda la ciudadanía mayoritariamente sabe que están mal hechas, sentencia El Mostrador.