El virtual candidato demócrata superó en intención de voto al presidente de Estados Unidos hace un mes y todas las encuestas le dan una ventaja media de más de 8 puntos sobre su rival. La crisis del coronavirus y las protestas raciales están pasando factura a la gestión del mandatario republicano.

En 100 días el mundo sabrá quien es el próximo presidente de Estados Unidos. Los cuatro años de Donald Trump han polarizado políticamente a la primera potencia mundial y la cuestión ahora es si el polémico candidato republicano podrá o no revalidar el cargo el próximo 3 de noviembre de 2020. El equipo de Trump asegura que no se fija en encuestas, pero su popularidad se ha desplomado en las últimas semanas.  

El virtual candidato demócrata, Joe Biden, se está demostrando como un político “atrapalotodo”. Su propuesta convence a un sector poblacional amplio y su campaña se está centrando en ello. Su objetivo es atraer al electorado afroamericano, al latino, a las mujeres y a los sectores más izquierdistas de su partido, pactando programa con Bernie Sanders.

Todas las encuestas de julio dan por ganador a Biden. La más ajustada por dos puntos, pero la más amplia por hasta 15 puntos. No se daban previsiones de diferencias de dos dígitos entre los candidatos desde las elecciones que enfrentaron a Bill Clinton y Bob Dole en 1996.

Donald Trump se sigue aferrando a su electorado base, que es mucho más limitado que el de su rival. La población que vota mayoritariamente a Donald Trump es blanca, suelen ser hombres y, en muchos casos, sin estudios superiores. Pero no tiene asegurada la victoria ni en estados habitualmente de voto republicano que le dieron la victoria en 2016.

En Florida, Biden aventaja en 13 puntos a Donald Trump, según una encuesta divulgada por la Universidad de Quinnipiac. Si esto fuera verdad, sería un duro golpe a las aspiraciones de reelección. La batalla electoral en este estado será clave para el discurrir general de los comicios.

La crisis del coronavirus, una batalla que está perdiendo la administración Trump

La principal causa de esta caída en la popularidad del presidente se debe a su gestión de la crisis sanitaria del coronavirus. En un principio, el líder republicano apenas dio importancia a la pandemia y se opuso sistemáticamente al cierre y cuarentenas de los estados más afectados. Los enfrentamientos con las administraciones estatales y locales han sido constantes en los últimos meses.

El mandatario hasta llego a cuestionar la utilidad del uso de mascarillas en público. La cuestión del tapabocas se convirtió en un enfrentamiento que pasó a terreno político. Seguidores republicanos del país optaron por no llevar puesto este elemento protector, mientras que los demócratas defendían su uso.

Pero el número de casos y fallecidos se disparó en Estados Unidos. Actualmente es el país más afectado del mundo, con casi 4.200.000 positivos y 146.500 decesos, según reporta el rastreador de la Universidad Johns Hopkins. Estos datos superan ampliamente las previsiones del mandatario y se acercan más al peor escenario posible previsto por la Casa Blanca.

Algunos estados como California, Texas o Florida se encuentran seriamente sobrepasados por la cantidad diaria de nuevos contagios, algo que, desde luego, afecta a la popularidad del candidato republicano y presidente.

Aunque su equipo de campaña asegura que no se fijan en las encuestas, la actitud de Donald Trump ha cambiado cuando los sondeos han empezado a venir muy negativos para sus intereses. El objetivo ahora es no salirse del guion en la lucha contra el Covid-19.

Donald Trump promueve desde hace unos días el uso de mascarilla, y hasta ha llamado a este gesto “un acto patriótico”. Ya no se le ve reticente a usarla en público como antes y el esfuerzo económico del Ejecutivo en las últimas semanas en la búsqueda de una vacuna se ha ampliado. Trump sabe que si la situación epidemiológica mejora de aquí a noviembre, la intención de voto a su candidatura también lo hará.

“Nada me importa más que la salud y el bienestar del pueblo estadounidense”, manifestó el mandatario en un discurso en la Casa Blanca, en el que apareció rodeado de banderas de Estados Unidos.

Además de esto, en las últimas fechas instó a los jóvenes a no concentrarse en grandes multitudes, aceptó que no todas las escuelas abrirán con la llegada del otoño y este jueves 23 de julio, hasta canceló la Convención Nacional Republicana que iba a celebrarse en Florida.

Este último punto es lo que atestigua con más claridad su giro político de 180 grados en lo que a la pandemia se refiere. Su ansiada convención apenas ha durado un mes en la nueva sede, la ciudad de Jacksonville, en Florida. Esta localización fue asignada después que las autoridades de Carolina del Norte limitasen el aforo de la convención en su sude original, la ciudad de Charlotte.

Los republicanos pretendían reunir a unas 15.000 personas en un estadio al aire libre para el discurso de aceptación de Trump y otros actos políticos, pero el impacto del coronavirus en Florida ha frustrado sus planes.

Pese a que los grandes eventos de la convención que debían tener lugar en Jacksonville el 25, 26 y 27 de agosto quedan cancelados, Trump dijo que los delegados republicanos siguen citados el 24 en Charlotte para oficializar su candidatura a la reelección en las elecciones del 3 de noviembre.

La cuestión ahora es saber si los republicanos harán una convención al estilo demócrata, en la que se combine el seguimiento virtual y el presencial del candidato.

La cuestión racial y la ola de protestas

Desde finales de mayo, cuando un policía asfixió con su rodilla en Minneapolis a George Floyd, un ciudadano afroamericano, las protestas contra la brutalidad policial y el racismo institucional se multiplicaron en todo el país a pesar de la pandemia. Cientos de ciudades se levantaron, especialmente, contra la respuesta de Donald Trump.

Aunque la magnitud de las protestas ya no es tan grande como en las primeras semanas, en donde se llegó a convertir en un hito global gracias al movimiento “Black Lives Matter”, todavía hay varias ciudades, como Portland o Chicago, que registran protestas diarias. La reacción de la administración Trump ha sido enviar agentes federales a sofocar los disturbios, algo que ha generado más conflicto.

La ruptura entre la candidatura de Donald Trump y la población negra parece ser muy grande debido a su reticencia de refundar cuerpos policiales y revisar la violencia ejercida por algunos de los agentes hacia la población afroamericana y latina en Estados Unidos.

Con todo esto, Donald Trump encara su recta final de la legislatura. El mandatario tiene la esperanza de que las encuestas vuelvan a equivocarse, como ya sucedió en 2016 con su rival Hillary Clinton. La única diferencia con respecto a los últimos comicios es que ahora si que tiene una gestión que evaluar a sus espaldas y que la coyuntura del coronavirus puede hacer ganar votos a su rival Joe Biden.

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