Hace 75 años, George Orwell logró, después de varios rechazos, que se publicara “Rebelión en la Granja”, un libro con el que quería destruir el “mito soviético” y exponer el brutal régimen de Joseph Stalin, a fin de proteger al socialismo en Occidente de la propaganda de Moscú.

Al dictador georgiano le sucedieron otros tiranos, hasta que la Guerra Fría provocó finalmente la desintegración de la URSS en 1991, pero esta sátira política del periodista y escritor británico sigue siendo una herramienta muy útil para sobrevivir al mundo “orwelliano” del siglo XXI.

“Orwelliano” en el sentido de que los poderosos en las sociedades actuales, igual que los personajes de “Rebelión en la Granja”, replican las estrategias de manipulación del lenguaje para controlar el pensamiento de las masas, explica Jean Seaton, directora de la Fundación Orwell.

En esta alegoría, recuerda Seaton, el autor “nunca predica, nunca te dice que este sistema es malo”, sino que “uno mismo saca conclusiones” sobre lo que hacen los personajes, sobre “la valentía de las gallinas, lo maravilloso que es Boxer o qué fantástica es Clover”.

“Es una buena técnica para ponernos en alerta ante problemas similares, es un buen ejercicio sicológico”, propone Seaton, quien precisa que, aunque Orwell se refería al “comunismo soviético”, esta actitud crítica debe servir para mantenerse en guardia ante nuevos poderes, como las redes sociales.

“TikTok, Facebook, Google. Te dan mucho de lo que supuestamente nos gusta para enriquecerse y, quizás de manera involuntaria, llevan a la gente hacia posiciones cada vez más extremas. Estamos rodeados por este tipo de propaganda extraña, abstracta e industrializada”, opina la experta.

Subraya que Orwell, quien siempre se consideró un socialista demócrata, estaba en contra de “todas las tiranías”, ya fuese la soviética o la que experimentó durante la Guerra Civil española, cuando el Gobierno de Madrid, parcialmente controlado por los comunistas, persiguió en 1937 al sector troskista en el que su mujer y él mismo estaban enrolados.

También criticaba a la “gente que permitía que cualquier tipo de tiranía le arrancase de la realidad” y cree que, ahora mismo, Orwell (1903-1950) rechazaría “todos los mecanismos que te alejan de ella”, ya sean redes sociales o Gobiernos autoritarios como el de China, donde aún está prohibido “Rebelión en la Granja”.

Edición ucraniana

En el prefacio de la edición ucraniana, publicada en 1947, Orwell escribe que los acontecimientos en España y en el bloque soviético le mostraron “la facilidad” con la que la “propaganda totalitaria” puede controlar “la opinión de personas ilustradas en países democráticos”.

“Las cacerías de personas en España ocurrieron al mismo tiempo que las grandes purgas en la URSS y eran un complemento a éstas. Tanto en España como en Rusia, la naturaleza de las acusaciones (es decir, conspirar con fascistas) era la misma y respecto a España, por lo que me concierne, tengo todos los motivos para creer que las acusaciones eran falsas”, denuncia Orwell en ese texto.

“Cuando regresé de España -concluye-, pensé en exponer el mito soviético en una historia que fuese fácilmente comprendida por casi todo el mundo y que pudiera ser traducida a otras lenguas”.

De hecho, el estilo de Orwell en “Rebelión en la Granja” recuerda al de Jonathan Swift en títulos como Los viajes de Gulliver, con los que logran que “una obra de sátira política parezca otra cosa”, arguye Sophie Duncan, profesora de literatura inglesa en la Universidad de Oxford.

De hecho, observa, el primer título de la fábula animal de Orwell fue “Rebelión en la Granja: Un Cuento de Hadas” (cambiado tras su publicación en Estados Unidos en 1946), lo que “le daba un aire de cuento simple”, si bien “aborda asuntos de gran complejidad”.

“Me llama mucho la atención cómo su lenguaje se ha integrado sin dificultad en el discurso actual. La expresión, por ejemplo, de ‘todos los animales (o personas) son iguales, pero algunos son más iguales que otros’ la conoce mucha gente, aunque no sepa necesariamente que proviene de una alegoría sobre un marxismo fallido”, dice Duncan.

En ese sentido, también lamenta que algunos sectores, los más reaccionarios sobre todo, interpreten “Rebelión en la Granja” como una “metáfora sobre la inutilidad de intentar cambiar las cosas”, pues los animales del libro hicieron la revolución para cambiar un sistema malo por otro igual o peor.

“Salir de nuestra zona de confort”

Debe servir, insiste, para navegar por esta sociedad “orwelliana”, para obligarnos a salir de “nuestra zona de confort” y mirar más allá de la burbuja ideológica que crean las redes sociales.

“Yo sé que, en mi caso, reacciono muy rápidamente cuando entiendo que alguien cree en cosas ridículas. Como las explicaciones de Trump sobre la actualidad, los que dicen que los Gobiernos quieren controlarnos con la vacuna contra el coronavirus, que el 5G provoca el COVID-19 o las informaciones de China sobre los manifestantes de Hong Kong. Pero me preocupa pensar que quizá yo también pueda estar equivocada”, confiesa Duncan.

Por ello, alerta sobre algo que Orwell ya detectó en los métodos de propaganda soviética, que la información que obtenemos hoy en día de las redes sociales y de algunos medios de comunicación “no circula, sino que se repite” y la repetición, advierte, “puede llegar a legitimar” cualquier mentira.

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