Esther Morales Ayma, hermana del expresidente Evo Morales, falleció este domingo en un hospital de la ciudad boliviana de Oruro, donde permanecía internada por coronavirus, un cuadro que se agravó por complicaciones renales que arrastraba hace tiempo. Esther Morales estaba a cargo de un pequeño comercio. Muchos tras su muerte recordaron que pudo haberse convertido en primera dama en 2006. Pero la hermana mayor de Evo siempre cultivó el perfil bajo, aunque desde su cercanía a las mujeres de la Bartolina Sisa no le escapó a los debates políticos y sociales. El exmandatario, que se encuentra en Argentina luego de su salida forzada el 10 de noviembre, despidió a su única hermana, a quien consideraba una madre, y lamentó la imposibilidad de despedirla como corresponde en Bolivia. 

En el año 2006 Esther Morales se hizo mundialmente famosa por aparecer como la posible primera dama del primer presidente indígena de Bolivia. En una entrevista, la hermana del ex presidente propuso, medio en broma medio en serio, que una de las soluciones a los conflictos con Chile sería casar a Evo con Michelle Bachelet, entonces presidenta.

Esta es la entrevista:


Luego de muchas especulaciones acerca de quién sería la Primera Dama de Bolivia, Evo Morales optó por confiar este cargo (de manera simbólica) a Esther, su hermana mayor. Casada y con tres hijos, cuenta que desde que Evo es Presidente, por su casa desfilan oportunistas, interesados, curiosos y periodistas. Mientras tanto, ella sigue atendiendo su carnicería, como lo ha hecho durante los últimos 20 años. Medio en broma y medio en serio, dice que quiere unir a Evo con Bachelet.

Esther Morales, Primera Dama de Bolivia, tiene tres hijos, una carnicería en su propia casa, dos perros y un diente de oro. Esta casada con Ponciano Wilcarani, profesor de escuela rural y vive en Oruro hace más de 30 años. Su único nieto (gracias a Dios, dice ella), se llama Roger, tiene cinco años y cuando llegamos a su domicilio nos abre diciendo “soy Superman”; el niño lleva puesta como capa una bandera roja del Partido Comunista Boliviano (PCB). Nos estudia un rato y sin decir más, utiliza sus ‘poderes comunistas’ para desaparecer y cerrar la puerta en nuestras narices. Un par de minutos después aparece su abuela Esther. La mujer, de 56 años, ríe constantemente y el trozo de metal precioso que lleva en su boca refleja el sol intenso del altiplano. “Pasen, los estaba esperando”, dice y nos reparte cariñosa un beso por mejilla.

En el segundo piso de la casa está su oficina. Una especie de living adornado con tejidos típicos, whipalas (bandera multicolor del tawantinsuyo) y fotos de Evo Morales, Álvaro García Linera, Tupac Katari y Bartolina Sisa. Se nota que fue acomodado hace poco tiempo para recibir este tipo de visitas. Esther, sin cortar su amabilidad y sencillez, adopta la postura de entrevistada. Su nieto la acompaña con la capa de la hoz y el martillo y unos guantes de goma anaranjados.

Antes de comenzar cuenta que su hermano se tenía que llamar Evaristo pero era un nombre muy largo. “Mi papá miró en el almanaque Bristol y vio que el nombre que correspondía al 26 de octubre era Evaristo. Pero como no le gustó, inventó Evo, de tres letras no más. A mí me tocaba Estefanía y me lo cambió a Esther”.

¿Ya se acostumbró a que le digan Primera Dama?
No pues, un poco molestoso es, no me gusta ese nombre. Muy fino, y yo no soy una dama pues, nosotros en mi familia somos medio obreros. Ese nombre es para otra clase de gente, por eso yo voy a ser Esther para Bolivia.

¿Pero ha hablado con su hermano acerca de la designación?
Si, hablé con él. Él dice que el despacho va a pasar a austeridad por su política de ahorro. Yo no sé bien. De todas formas yo voy a estar ahí para apoyarlo, como ha sido siempre. Quizás mi cargo va a ser así, más simbólico. Hasta ahora lo he acompañado en varios eventos como Primera Dama, pero de la oficina y esas cosas no sé. Acá me presionan, creen que me estoy haciendo rogar, que abandoné a mi hermano, pero eso no es así. Evo tiene que decidir que se va a hacer con la Primera Dama, si él me dice que lo sea, pues lo seré.

Mientras tanto usted sigue con su tienda…
Si, claro, está acá mismo debajo de esta oficina, pero en la mañana nomás se atiende. Con tanta pobreza la gente en la mañana no más consume, en las tardes ya no, no se vende. Yo no la cierro porque tengo que mantener a mis tres hijos.

¿Se acostumbró a la fama?
(Se ríe y cruza las manos sobre su pierna izquierda como si se preparara a revelar un gran secreto) Ahora llega mucha gente a mi casa. Graciela o Gabriela, esa que sale en Telemundo estuvo acá, hemos conversado con sus cámaras y sus luces. También los de roters, riters… reuters, eso. Varia gente ha venido a verme. Es curioso y molestoso a la vez porque antes ni rogando uno se podía hacer entrevistar.

La gente ahora le debe pedir muchos favores, supongo.
¡Ay , si!, muchos. Es muy molesto. Me piden que sea aval, que les consiga trabajo, que les preste plata, que sea madrina… de todo. Yo les digo que no, que no los conozco, que nunca avalo a nadie. Así es la vida pues. La gente es interesada… antes qué nos iban a querer dar la mano si quiera. Antes nos discriminaban. Aquí mismo, en el barrio, decían ‘ese indio qué va a poder, ese llocalla (palabra quechua para niño, actualmente de uso despectivo) qué cosas está hablando’. Ahora esos que criticaban vienen y dicen “vamos a apoyar y que viva el Evo”.

VOLVER A SER NIÑA

¿Es verdad que usted crió a su hermano?
Eso dicen, pero en realidad no es tanto así. Todo hijo mayor tiene que ayudar en la casa. La mamá nos dejaba para cuidar a los animales, entonces yo me tenía que hacer cargo de Evo también. Siempre hemos estado juntos y no nos vamos a separar, somos hermanos pues. Pero la verdad es que de niños no hemos visto tanto sufrimiento. De niño uno sabe que barriga llena, corazón contento. Con sólo maíz tostado uno se conforma. Pero cuando uno crece y sale del pueblo y ve las desigualdades, ahí comienza el sufrimiento… Yo quisiera volver a mi niñez, comiendo lagua (mazamorra de maíz), sucia y con mis abarcas… con nuestro chuño o tostado éramos felices.
¿Y desde chiquito fue revolucionario?
Si, era así como este niño… (señala a su nieto que pareciera tener puesta una pila alcalina mientras revolotea por el salón) A Evo le gustaba mucho jugar fútbol, con bolas de lana que se hacen en el campo, porque allá no hay pelotas, ni cómo comprar siquiera, al mes con suerte llegaba un bus a Orinoca (pueblo natal de los hermanos Morales). Él se la pasaba jugando y su primera palabra fue tamta que quiere decir pelota. Me acuerdo que una vez mi mamá nos estaba cocinando y él estaba exigiendo comida. Ella dijo que se aguante un poco y él, para protestar se metió en las brazas. Ni siquiera lloró. Se quemó el brazo y la oreja y no se quejó nada. Él todavía tiene las cicatrices en el bracito y la oreja.

¿Qué opina usted de los sectores populares que le han dado 90 días de plazo a Evo?
Ellos están presionando mucho. Siempre han sido así y siempre van a ser así. Nosotros los conocemos y yo creo que no están con el proyecto de cambio. Cuando uno está pensando en el país se tiene que dar un tiempo prudente, pero ellos dicen que en tres meses lo van a sacar… Mucha gente me dice ‘usted debe sentirse orgullosa de que su hermano sea Presidente’. Pero no es así. Ahora estoy mucho más preocupada. De todos los lados atacan y no dejan que el país avance…
(El niño, Súper Comunista, rebota por la sala, corriendo y gritando. La Primera Dama ‘virtual’ le grita con la mano en el aire, “Calladito papito, calladito, anda a jugar abajo”)
Toda clase de cosas la gente habla. Me vienen a decir a la tienda que va a haber golpe y toda clase de rumores que no sé de donde se sacan. No entiendo yo. Me da miedo pues, cada cosa que ha pasado él. No ha sido fácil su vida, los demás presidentes llegaban a palacio comprando votos.

¿Y qué opina de Álvaro García Linera (vicepresidente de Bolivia)?

(Se ríe cómplice y mueve la cabeza hacia los lados en señal de reprobación, cierra el gesto con un suspiro y se suelta a hablar) Lo conozco pero… bueno él esta acompañando, ojalá sea fiel a mi hermano. Eso queremos. El 2002 hemos elegidos diputados y senadores para el partido, pero no han sido fieles a la ideología y con esa experiencia hay que desconfiar de todo y de todos. Uno nunca sabe. Ojalá, Dios mío, yo no sé, tengo algo de miedo. Me da pena por todos los que antes fueron senadores por el MAS y no han colaborado en nada, solamente se han aprovechado ellos de él. Evo siempre decía ‘estos senadores busca plata no han ido con nuestro proyecto político, ellos se han servido y no han servido al pueblo’. Da pena francamente, si todos fueran con las mismas condiciones de servir al pueblo sería otra cosa. En pocas palabras, caras vemos corazones no sabemos.
Evo tuvo que aprender a desconfiar…
Eso si, de todos desconfiamos. Yo quisiera que haya unos diez ‘Evos’ a su alrededor. Ahí si estaríamos sin miedo. Pero no es así, siempre estamos con miedo de que lo traicionen. Mucha gente dice que los que le rodean son malas personas, y como no los conocemos bien a todos, nos preocupamos.

¿Ahora todos quieren ser del MAS (Movimiento al Socialismo)?

Claro, ahora todos dicen que son del partido, pero muchos lo que buscan es trabajo.

BACHELET Y EVO

Cuéntenos un poco de usted, ¿hace mucho que salió del campo?

Uff, años ya de eso. Cuando vine de empleada acá a Oruro tenía 15 años, mi papá me puso en una academia de corte y confección. Como a veces no hay plata para comprar ni cinco panes, uno a la fuerza tiene que trabajar aunque sea medio día. Así yo trabajaba de sirvienta como se dice, y los patrones pues eran muy malos. Yo viví muchas cosas feas. En esa edad de desarrollo y crecimiento ellos tenían sus pancitos bien contaditos y uno muriendo de hambre qué va a hacer, mirar no más. Yo me comía las migas que dejaban los patrones. Si yo me sacaba un pan entero ellos me hubieran botado o hubieran alzado calumnias diciendo que se les habían perdido más cosas. Por eso ahora tengo la frente en alto. Así nos enseñaron nuestros padres, que no hay que alzarse nada, ni prestarse plata. ‘Con lo que tenemos hay que vivir’, decía mi mamá. Si tenemos lo hacemos, si no tenemos, no hacemos nada. Pero acá en la ciudad es más difícil transmitir esos principios. Es muy peligroso vivir en la ciudad, peor para educar a los hijos. En el campo no hay licorerías ni estos bailes de las luces rojas… qué se llaman pues… (puteros, doña Esther, puteros) acá hay mucho de eso.

¿Es difícil la vida en el campo?

Así es pues, yo tuve seis hijos, pero tres se me murieron por falta de atención médica. Mi papá por ejemplo, murió de diarrea. En el campo no encuentras ni un remedio, ni un veneno siquiera. Por eso nosotros nos fuimos a Chapare (trópico cochabambino donde se encuentran extensos sembradíos de coca) para hacer estudiar a Evo y a Hugo. Pero mi papá murió joven. Entonces, así como yo estudie y trabajé, Evo también. Él salio del colegio acá (Oruro) y mientras estudiaba fue panadero, ladrillero, trompetista y hasta heladero. A nosotros nos tocó trabajar para tener un pan, unos zapatos.

¿Qué me dice de Bachellet, mujer y más encima socialista?
Si…. Felices pues allá que tienen a una mujer de Presidenta. ¿Dicen que es soltera también? Entonces lo que hay que hacer es unirlos a ella con el Evo, no ve que también es soltero… (Esther ríe a carcajadas y frota sus índices extendidos cuando, en su rol de hermana casamentera, habla de formar la pareja Morales-Bachelet) Hay que casarlos pues. Bonito sería.

Por último, ¿qué opina de la polémica que ha causado la vestimenta de su hermano?

(Se ríe) Es la chompita bonita es de alpaca. Como le decía, él no ha cambiado y muchos dicen que es feo eso de que no use corbata, pero es que esas cosas a él no le importan, a él le importa trabajar por el pueblo. Y como nosotros somos humildes pues, no se va a poner otras ropas así. Hasta hace poco él solito se lavaba su ropa interior. A mí me dijeron que me va a cambiar la vida. Pero por qué, no tengo que cambiar, yo soy yo. Como Evo y su ropa, el no tiene porqué cambiar. Mi vida no cambió, tú acá no me ves con tacos ni con peluquera. Yo sigo siendo Esther Morales, con tres hijos y sólo un nieto, gracias a Dios.

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