Ya ni Mike Pompeo, secretario de Estado estadounidense, parece capaz de salvar a Juan Guaidó. El opositor venezolano que fue portada de revistas y periódicos, invitado a la Casa Blanca, está siendo desplazado por un antiguo dirigente de la política venezolana: Henrique Capriles, quien fue candidato presidencial contra Hugo Chávez y Nicolás Maduro.

El resurgimiento de Capriles estaba preanunciado. El dirigente, alejado del centro de atención mediática, venía sosteniendo que la “ficción de gobierno” de Guaidó era insostenible, en particular debido al próximo escenario de elecciones de la Asamblea Nacional que implicará una renovación del poder legislativo.

Su regreso al centro de la escena se dio en cuatro pasos. En primer lugar, con su rechazo público al proceso de unidad planteado por Guaidó. En segundo lugar, con el reconocimiento del indulto otorgado por Maduro a 110 opositores venezolanos como un paso importante, a diferencia de dirigentes de la oposición que cuestionaron la medida.

Indultos

En tercer lugar, porque al día siguiente de los indultos trascendió la información que Capriles habría mantenido un contacto con el canciller de Turquía, Mevlut Cavusoglu, como parte de los esfuerzos de diálogos. El diplomático había estado en Caracas en agosto, luego de su paso por República Dominicana para la toma de posesión del presidente Luis Abinader, a la que asistió Pompeo.

En cuarto lugar, Capriles anunció el miércoles su decisión de dar la disputa en las elecciones legislativas: “no le vamos a regalar a Nicolás Maduro la Asamblea Nacional”, afirmó. Su postura de indefinición acerca del 6 de diciembre quedó así resuelta: apostará a la elección, alejándose de la línea abstencionista.

No es el único en haber dado ese giro. Stalin González, dirigente del partido Un Nuevo Tiempo, que también habría hablado con Cavusoglu, anunció su alejamiento del partido por no compartir la estrategia de no participar en las elecciones.

Esa migración política de la abstención al bloque de quienes participarán era predecible: Guaidó, acusado de acaparar política y recursos -con sonados casos de corrupción- no ha ofrecido nada nuevo en medio de su agotamiento, y Estados Unidos, que llama a la oposición a mantenerse tras de su figura, tampoco aportó ningún elemento novedoso más que anuncios de nuevas sanciones económicas.

En cuanto a las voces abstencionistas alejadas de Guaidó, tampoco tienen mucho eco. María Corina Machado, por ejemplo, quien plantea que es necesaria una “operación internacional de paz y estabilización” en el país, fue descalificada por Elliot Abrams, encargado de Estados Unidos para Venezuela, quien calificó su postura como de “realismo mágico”.

El mapa de la oposición venezolana se modifica así a tres meses de unas elecciones que serán clave en varios sentidos. Por un lado, para lograr que una parte mayoritaria de la oposición regrese al camino electoral, lo cual significa una ruptura con la estrategia de Washington. Por otro lado, para que exista un reconocimiento internacional de la contienda, del poder legislativo que emerja de los resultados, y de las elecciones a alcaldes y gobernadores que seguirán.

De cara al reconocimiento internacional, el gobierno venezolano envió una carta-invitación a la Unión Europea y la Organización de Naciones Unidas para participar como observadores y acompañantes electorales en las elecciones. El indulto presidencial fue bien recibido, por ejemplo por Josep Borrell, ministro de Asuntos Exteriores Europeos, por Michelle Bachelet, Alta Comisionada de Derechos Humanos de Naciones Unidas y por el canciller argentino Felipe Solá.

La postura estadounidense se mantiene: Washington no reconoce las elecciones del 6 de diciembre, llama a mantenerse tras Guaidó, y amenaza con nuevas sanciones económicas, entre las cuales podría estar el fin de las exenciones petroleras, que afectarían a Venezuela en su capacidad de abastecerse de diésel, combustible esencial para, entre otras cosas, el transporte por tierra de mercancías y personas.

¿Terminará Washington por soltar a Guaidó más adelante? Habrá que esperar los resultados del 3 de noviembre en Estados Unidos para tener mayores certezas al respecto.