Sobredimensionar los efectos y sensaciones eróticas es un defecto muy común, producto en muchos casos de las pelis porno. Por eso, desde esta sección de Bizkaia Dmoda dedicada a la Sexología, hoy queremos darle una vuelta más al tema de la pornografía de la mano del psicólogo y sexólogo Rafael Torregrosa Rodríguez.

Lo primero es responder a la pregunta, ¿realmente se ve tanto porno? Para empezar, no todo el mundo lo hace, sin embargo, el acceso fácil, rápido y barato provoca que esté al alcance de cualquiera. Hay un factor central que suele determinar quién recurre más a ella: el género de la persona.

Por un lado, como ya sabemos, a las personas socializadas desde lo masculino se les anima a explorar su sexualidad, mientras que a las que lo están desde lo femenino, todo lo contrario. Mientras que los hombres tienden a animarse y retarse entre ellos para verlo, o como mínimo no critican a quien lo consume, las mujeres no suelen confesar que ven porno. Es algo que tiende a quedar en la esfera privada por miedo a ser señaladas por esta doble moral que castiga toda manifestación de la sexualidad femenina.

La otra cara de la moneda es que la mayor parte de la pornografía representa un erotismo más centrado en el protagonismo masculino. El guion siempre sigue el mismo patrón engañoso: chica se encuentra con chico en una situación cotidiana y, sin mucho preámbulo, él acaba sin pantalones. Lo que no falta es una penetración vigorosa, mecánica y sin descanso a la chica. En todo momento, ella gime como si no hubiera un mañana. Finalmente, la escena acaba cuando el chico eyacula sobre ella.

Esto también pasa en el porno homosexual. La mayor parte del porno lésbico está enfocado al placer masculino, nunca cerrando la puerta a que aparezca un hombre para unirse a la fiesta. Y en cuanto al porno gay, casi siempre uno de los actores asume un rol femenino (sumiso); y el otro, masculino (dominante).

En definitiva, si bien esa forma de representar la erótica puede gustar a algunas, muchas mujeres no acaban de verlo. En parte, porque siempre se representa a hombres triunfadores en la cama con mujeres que se derriten por ellos, aunque las maltraten.

Sigamos hablando de otros factores irreales que ocurren en el porno:

– Para empezar, ni a todos los hombres les gusta ser dominantes ni a todas las mujeres les gusta ser dominadas. De hecho, varias de las cosas que se hacen en el porno no siempre agradan (como podrían ser el sexo anal, doble penetración, felaciones forzadas…).

– Compararnos con esos actores y actrices no es realista. Se selecciona a personas con cuerpos muy determinados, con mucho ejercicio y alimentación controlada. Además, aquí empiezan los primeros trucos, se utilizan ángulos de cámara o actrices con manos pequeñas para que los penes parezcan más grandes, se realizan diversas operaciones de aumento de pecho o de nalgas, las vulvas se operan para tener labios pequeños, se practican posturas acrobáticas al alcance de pocos o se utilizan buenas dosis de maquillaje.

– Recordemos que no deja de ser una película y, por lo tanto, las escenas se cortan, se repiten, se dan descansos, etc. Para grabar una escena de unos treinta minutos a lo mejor se han llevado toda una tarde o incluso varias, ante las miradas de todo un equipo cinematográfico con un director que suele interrumpir para proponer correcciones (poco erótico, ¿verdad?). No es extraño que muchos actores utilicen Viagra o fármacos similares para mantener la erección. Y en algunos casos las eyaculaciones de ellos y ‘squirtings’ de ellas son de mentira, por no hablar de los orgasmos, especialmente de ellas al ser las protagonistas ante la cámara.

Una buena manera de darnos cuenta de todo esto es fijarnos en la actitud que tienen los actores en los vídeos. Como ya hemos indicado, el objetivo es provocar el placer masculino, por lo que se le pide a la actriz que haga bastante teatro dado que muchos espectadores únicamente se van a fijar en ella. El actor casi siempre va a ser el gran ignorado, por lo que no tiene que disimular. En general, si nos fijamos en ellos tienen una cara más bien, de aburrimiento, como le pasa a Ángel Muñoz García, más conocido como Jordi.

Recapitulando, ¿es malo ver porno? No tiene porqué, ¿es recomendable? Creemos que lo recomendable es no creérselo. Se tratan de historias de ficción donde se muestra un erotismo irreal. Como indicador claro, decir que únicamente mediante la penetración vaginal, la mayoría de las mujeres tiene dificultades para llegar al orgasmo, dado que la vía más eficaz es la estimulación del clítoris, gran ausente en el porno. A su vez, una mayoría de penes no mantienen erecciones tan largas ni tardan tanto en eyacular. Recordemos que en el porno hay múltiples trucos para conseguir esos efectos. En la vida real no los tenemos, pero ni falta que hace.

Como colofón, apuntar que exigirnos rendir sexualmente como en el porno puede llegar a producir dificultades en la erección, en el tiempo de eyaculación, en la calidad o presencia de los orgasmos, etc. También las relaciones entre las personas involucradas pueden deteriorarse. Al fin y al cabo, el mayor efecto negativo del porno es que nos mata la imaginación, nos pone un listón altísimo al que nadie puede llegar sin trampas y genera un modelo erótico único. Cada vez que tengáis una oportunidad, comunicaros y probad cosas diferentes, pero sin imitar por completo a los actores y actrices porno, no tenemos todos sus trucos y ni falta que hacen.

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