Por María Luisa Ramos Urzagaste

Grupos violentos intentan desconocer los resultados de las elecciones en Bolivia, a pocas horas de concluir el cómputo oficial de votos. Son una minoría, pero su violencia es conocida y no están dispuestos a permitir el retorno pacífico a la democracia.

Según el conteo oficial del Órgano Electoral Plurinacional (OEP), con más del 80% de las actas escrutadas, las cifras muestran una tendencia irreversible: la victoria del MAS es arrasadora, supera el 53%, ante una participación histórica del 87% de los habilitados a votar.

Los resultados del voto popular son tan contundentes que, hasta la propia presidenta transitoria, el expresidente Carlos Mesa y otros, reconocen esa victoria.

Pero se podría decir que era hasta sospechoso el silencio del excandidato presidencial Luis Fernando Camacho, quien ahora ha salido a la palestra a sembrar dudas, rechazo y violencia.

Camacho, conocido por sus discursos sanguíneos, exacerbados, solo puede actuar ante un escenario de crispación, y sabe que es el momento oportuno para revivir su liderazgo, que no sale de las fronteras de la ciudad de Santa Cruz y en el país no supera el 15%. Ahora convoca a la desconfianza, para generar un escenario violento propicio a sus intereses, en momentos en que Bolivia ya decidió retornar al camino democrático.

​En su primera alocución frente a los resultados preliminares, el día 20 de octubre, no hizo un reconocimiento público del triunfo de Arce Catacora, candidato del MAS, y se remitió a negar la historia de un pueblo, Santa Cruz, al decir que “por primera vez Santa Cruz tendrá una bancada digna”, refiriéndose a sus parlamentarios que ganaron en ese departamento.

Esas expresiones negacionistas de la historia, como si esta se hiciera a partir de su presencia y que antes de él no hubo nada, ha hecho saltar de indignación a muchos, incluso a aquellos que no simpatizan con el MAS, pero que quieren que el país no ingrese en una nueva espiral de violencia.

En la jornada del 20 de octubre, en especial las últimas horas, se observa en Bolivia algo que no debe pasar desapercibido. Es muy sintomático, que de manera coordinada, en varias ciudades del país, algunos grupos se han “autoconvocado” a vigilias y la amenaza, pues no les gustan los resultados electorales.

Bolivia ya conoce los métodos de Camacho y su entorno. Durante los días violentos previos a la renuncia obligada de Evo Morales en noviembre de 2019, él mismo contó que se tuvo que “disfrazar de policía o militar” usando sus uniformes (lo cual es un delito) para movilizarse en Bolivia, protegido por sectores de la policía y militares y confesó que su padre coordinó con policías y militares.

Así actúa, esa es su forma, no entiende de democracia. Camacho ha vuelto a sus andanzas, en realidad nunca las dejó de lado, pues lo único que sabe hacer es mentir, manipular, generar violencia y amenazar.

​En un anterior artículo me quedé corta y hasta pequé de ingenua al decir, que en el Parlamento, el MAS y Comunidad Ciudadana tendrían que lidiar con esa bancada del partido de Camacho que posee el 15% del voto. Las expresiones de la manifestación dizque autoconvocada el 20 de octubre por redes sociales en la ciudad de Santa Cruz muestran que no aceptan el Parlamento como plataforma de convivencia, diálogo o de representatividad.

Es ingenuo pensar que se trata de una reacción espontánea de masas, al contrario, está organizada y encaminada para sentar las bases para que luego, aparezca el “salvador y líder”, Camacho para montarse en esa ola de protesta.

Estos grupos seguirán usando los viejos métodos violentos, que es lo único que conocen, pues de diálogo y convivencia pacífica no saben y no quieren. Así es el paramilitarismo, no está dispuesto a dialogar, sino a imponer, mentir y discriminar.

No se puede olvidar que en situaciones de crisis, el fascismo, para ganar adeptos, juega con los sentimientos más nobles de la gente, manipula, para luego imponer sus reglas y someter a la gente y sus instituciones.

Urge a Bolivia encapsular y anular ese brote fascistoide y paramilitarista. Bolivia, y en especial la ciudad de Santa Cruz, no merece que la violencia se reinstale.

Las arengas de desconocer los resultados electorales muestran que Camacho no está solo en su proyecto antidemocrático de no reconocer los inminentes resultados.

Suena hasta lógico que ese puñado que lo encumbró, aconsejó y apertrechó hará lo imposible por no perder los espacios de poder que creían haber ganado.

Acto de campaña de Luis Arce, candidato del MAS
© REUTERS / DAVID MERCADO
¿Podrá Bolivia recuperar su democracia?

Ante este escenario, de posibles protestas en Cochabamba, Chuquisaca y Santa Cruz, el presidente del Tribunal Supremo Electoral de Bolivia, Salvador Romero, exhortó a esperar el trabajo de todos los tribunales electorales departamentales y respetar los resultados finales.

La extrema derecha fascistoide ha perdido las elecciones en Bolivia, pero Camacho, que personifica el paramilitarismo y el golpismo, no se siente derrotado y eso debe alertar no solo a Bolivia, sino también a los veedores internacionales, a la ONU, a las organizaciones de integración regional y en general a la comunidad internacional para que la violencia no resurja.

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