Cuando el conteo de votos avanza hasta el 90% del electorado, la oposición al MAS denuncia fraude y trama movilizaciones en las principales ciudades. ¿Qué lleva a algunos sectores de la población a negar la realidad, ya aceptada hasta por el Gobierno de Estados Unidos?

Mientras el conteo de votos oficial avanza y da la victoria al Movimiento Al Socialismo (MAS), su oposición política entra en crisis de nervios en todo el país. En ciudades como Santa Cruz de la Sierra, Cochabamba y Sucre, la noche del martes 20 de octubre se reunieron cientos de personas con banderas de Bolivia para reclamar por el supuesto “fraude” electoral, aunque no pudieron ofrecer ningún indicio como prueba de esa denuncia verbal.

Por el contrario, su concentración se convirtió en una aberrante exhibición de racismo y, al grito de “El que no salta es indio, Carajo”, este grupo de negacionistas confirma las razones del retorno del MAS al poder: un país indígena no elegirá líderes racistas.

 

En algunos sectores de la población boliviana aparecen dificultades para aceptar el resultado electoral del último 18 de octubre, cuando el candidato del MAS, Luis Arce, obtuvo el 54,5% de voto, al 90% de votos escrutados por el Tribunal Superior Electoral (TSE).

Más de 25 puntos porcentuales debajo de Arce quedó el segundo, Carlos Mesa, de Comunidad Ciudadana (CC), con el 29,2%. Tercero se ubica el empresario cruceño Luis Fernando Camacho, de Creemos, con el 14,1%.

El golpe de Estado contra el expresidente Evo Morales, el 10 de noviembre de 2019, contó con gran apoyo entre la sociedad civil. Aproximadamente, un porcentaje similar al que Camacho y Mesa ostentan ahora en el electorado.

Aceptar la pérdida

Muchos de los derrotados de la jornada del 18 de octubre reconocieron la victoria del MAS. Entre otros, la presidenta transitoria Jeanine Áñez, el mismo Mesa y el Gobierno de Estados Unidos. Pero Camacho aún insta a mantener una “vigilia” en la entrada de los Tribunales Electorales Departamentales de Santa Cruz y Cochabamba, para controlar sus votos.

En las elecciones del 20 de octubre de 2019 acusaron al gobierno de Morales de “fraude”. Para sostener esa versión, argumentaron que el MAS manejaba el Tribunal Supremo Electoral (TSE), encargado de realizar los comicios. Pero para las elecciones del domingo pasado, las autoridades del TSE habían sido designadas por Áñez en noviembre de 2019.

Entonces, ¿por qué un sector de la población se niega a reconocer el triunfo avasallador del MAS?

Performances de la derrota

En la ciudad de Potosí, al suroeste del país, el candidato de Creemos a vicepresidente Marco Pumari invitó a la población que lo rechaza para que lo encuentren en la plaza principal y le digan —y hagan- lo que les viniera en gana.

En los días golpistas de 2019, Pumari fue uno de los dirigentes de las revueltas ciudadanas contra el supuesto “fraude” del MAS, junto con Camacho. Ahora, llegado el momento de la verdad, en su departamento Creemos obtuvo el 2,7%.

Esta acción performática rindió frutos. Miles de personas se juntaron en la plaza 10 de Noviembre con cáscaras de naranjas, bananas, monedas y un sinfín de objetos que, una vez lanzados al aliado de Camacho, lo decidieron a buscar refugio en la sede de una cooperativa.

Las obras de arte contemporáneo seguirán esta noche en la ciudad de Cochabamba, donde la Resistencia Juvenil Cochala (RJC) también convocó a la ciudadanía para decirles y hacerles lo que les saliera del corazón.

“Salvajes”

Durante el gobierno de facto de Jeanine Áñez, en varias ocasiones emitió comentarios en la prensa denigrantes para los pueblos indígenas. 

Varios hechos asientan las afirmaciones del psicólogo social e investigador. Por ejemplo, en ese domingo de 2019 cuando se realizó el golpe de Estado contra Evo Morales, lo primero que hicieron muchos integrantes de las fuerzas policiales fue recortar la wiphala de sus uniformes.

Esta bandera de los pueblos indígenas de los Andes de Bolivia tiene rango constitucional desde 2009, luego de cientos de años en los cuales fue prohibida. Actualmente, la enseña tricolor (rojo, amarillo y verde) y la wiphala tienen el mismo rango entre los símbolos nacionales.

Que haya sido quemada y ultrajada durante los días golpistas de 2019, motivó una respuesta movilizada en las calles de la población que se sintió afectada. Según los últimos censos nacionales, el 60% de las y los bolivianos se reconocen indígenas. Esa es, aproximadamente, la proporción del electorado que votó por Arce el 18 de octubre último.

Hay un fenómeno importante en Bolivia: un sector importante de la población tiene doble residencia, porque vive tanto en el área rural como en alguna de las ciudades. Por la pandemia del COVID-19, muchos indígenas y campesinos tuvieron que volver a sus comunidades porque perdieron sus trabajos en las urbes. Ellos también votaron.