Desde su portada con un dibujo infantil cuyos trazos abrazan el lomo hasta su interior, el último libro de Juan Bautista Durán, escritor radicado en Barcelona, se presenta con un contenido que roba del lenguaje oral para constituir un estilo, a todas luces ya convencido de sí mismo.

Todo libro de relatos que se precie de serlo debe tener una columna vertebral. En este caso, da la impresión, son los animales y los niños o adolescentes. Algunas veces, los perros que se mueren de calor mientras una familia transcurre abstrusa entre una piscina y la comida a destajo; otras, un chico que simula que estudia pero en realidad lee a su escritora favorita en una azotea donde aprende a escudriñar las vidas de los demás.

La predilección en los argumentos por aquello que no se nos cuenta es a la vez una denuncia, más bien una crítica delicada al estado de las cosas, sin atenuar la técnica encerrada en lo anterior. Acechan el calentamiento global, las obsesiones por las vidas ajenas en mundillos literarios endogámicos o el momento de lucidez en el cual, de niños, los humanos aprehendemos nuestro entorno y percibimos que no todo es tan bueno.

En “Tantas cosas dicen”, su cuento más autobiográfico y que le da nombre a la obra, presenciamos cómo un niño disfruta de esparcir gotas de agua en la mesa mientras su padre, probablemente un editor, trabaja un texto de Rosa Chacel. El pequeño observa cómo los adultos mencionan hechos y agobios de los que él no tiene ni idea. Toma conciencia: el mundo es duro. Y como la literatura y el lenguaje, también es heteróclito y multiforme, a lo que muy bien refería Saussure, por lo que muchas vidas puedan estar contenidas en una sola experiencia y gozar con plenitud de sus rarezas.

Siguiendo bajo el mismo alero, el funcionamiento del habla como mina para extraer literatura es, por extensión, metaliteratura. Esta funciona como un recurso al que nos tiene acostumbrados el también responsable de Editorial Comba, que surgió en 2014, cumpliendo su rol de persona de letras que puede asimismo incluir a un reputado escritor del boom latinoamericano —aunque no tan conocido— entre sus personajes o  presentaciones de libros en los que la zalamería, la calentura y el elitismo no arrecian. El agrio Francisco Umbral y las menciones a Bécquer o a las “senectas” escriturales, como diría Hidalgo Bayal, de otro pilar del boom como lo fue García Márquez pueden incluso ser el núcleo de alguna de sus historias, una mofa quizás al siútico proceder de los escritores.

El autor conoce el abismo del espejo y el juego literario, sabe que la ficción sobre la ficción o la literatura sobre la misma literatura es uno de los placeres exquisitos del oficio. Por ello, nos regala en una coedición con Exodus este compilado en el que se evidencian la madurez que ha alcanzado y la escuela de influencias que sustenta su estilo.

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