Merca, cocucha, fafafa, falopa. El castellano argentino tiene mil palabras del lunfardo para hacer referencia a la cocaína, una de las drogas más nocivas que se pueden conseguir en ese país. ¿Pero cuál es el origen de esta expresión?

Para ello, hay que remontarnos algunos años atrás, más concretamente a 1919. En aquel entonces, el Presidente Hipólito Yrigoyen promovía un decreto que restringía la importación de opio y preparados como heroína y cocaína.

Según explican Mauro Federico e Ignacio Ramírez en su libro Historia de la droga en la Argentina, la normativa limitaba el consumo recreacional de estas drogas que, hasta entonces, se comercializaban libremente en todas las farmacias y droguerías del país. Si bien muchos estudios ya advertían los riesgos de estas sustancias, su consumo hasta entonces estaba permitido por la ley.

La cocaína no se producía en el país, sino que se importaba de Holanda y Alemania. Las empresas encargadas de hacerlo eran Merck y Bayer, que cada semana enviaban cargamentos con millones de frascos de esta sustancia.

Como dice el refrán, hecha la ley, hecha la trampa. Dado que la normativa aún permitía el uso médico y científico de esta sustancia, los dueños de las farmacias continuaron vendiendo cocaína a sus clientes sin la necesidad de prescripciones.

Si bien esto se corrigió algunos años más tarde, la prohibición volvió a la sustancia muy popular y recibió el apodo de «merca» en honor a la inscripción que figuraba en los frascos de la farmacéutica holandesa.

 

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