Las elecciones legislativas del 6 de diciembre serán un posible parteaguas en el conflicto venezolano, donde el chavismo intentará recuperar el poder legislativo perdido, una parte de la oposición buscará validar su posición de nuevo actor protagonista, mientras que Guaidó intentará, en paralelo, realizar una “consulta popular”.

En diciembre de 2015 la oposición logró la mayoría en las elecciones a la Asamblea Nacional (AN), su primera gran victoria en las urnas. Fue un parteaguas: el conflicto, que ya estaba marcado por la dinámica de violencia política callejera y crisis económica —en ese entonces de desabastecimiento de productos de primera necesidad— ingresó a una nueva etapa.

Cinco años después vuelven a darse elecciones del Poder Legislativo. Entre una fecha y la otra sucedieron acontecimientos políticos y económicos que pusieron por momentos al país cerca del precipicio.

La AN fue el espacio principal desde el cual la oposición desplegó diferentes mecanismos de desestabilización. En 2016, por ejemplo, la AN decretó que el presidente Nicolás Maduro había incurrido en “abandono de cargo”, una figura que fue retomada en el 2017, seguida por un asalto al palacio presidencial entre marzo y julio. En 2019, también desde el legislativo, la oposición decretó la “presidencia interina” de Juan Guaidó.

 

Ese parlamento entregó al país, los principales recursos fueron robados, saqueados.  La entrega ocurrió con diferentes activos, como la empresa CITGO con sede en Estados Unidos (EEUU) y propiedad de la petrolera estatal PDVSA.

Un hilo temporal de diciembre de 2015 a diciembre de 2020 permite construir la trama de un conflicto que tuvo profundas consecuencias sobre la política, la economía, la democracia, la institucionalidad, las ideas, las migraciones. Esa trama tuvo a la AN como uno de sus puntos neurálgicos.

Las elecciones legislativas del 6 de diciembre son entonces más que el cambio de correlación de fuerzas políticas dentro de un poder del Estado. Son la posibilidad de modificar uno de los pilares alrededor del cual se articuló una estrategia de derrocamiento del Gobierno de Maduro.

La oposición que se presentará

Una de las diferencias centrales entre este diciembre y el del 2015, es que en esta ocasión existe una división de la oposición. En aquel entonces la mayor parte de la derecha estaba articulada en la Mesa de la Unidad Democrática, desde la cual desarrolló una campaña unitaria.

Hoy, en cambio, la fragmentación es uno de los elementos centrales de la oposición. Esa situación se evidenció a partir del 2018, cuando un sector se presentó a las elecciones presidenciales, mientras que otro no, se profundizó en el 2019 con la conformación de la Mesa Nacional de Diálogo entre el gobierno y una parte opositora, continuó con la disputa entre fracciones opositoras en la AN en enero de 2020, y terminó de concretarse en la elección legislativa.

Hace bien a la democracia tener sectores de la oposición conscientes de que el juego se gana en el terreno del voto y no en los procesos de guerra, esta oposición entendió este derecho, y la extrema derecha se quedó cada vez más sola.

El sector que se presenta, que no reconoce al “gobierno interino” de Guaidó, necesita una alta participación para validar su peso político, su lugar como posible nuevo actor central de la oposición. Al igual que el Gobierno, ha hecho campaña llamando con énfasis a acudir a los centros de votación el 6 de diciembre.

No es el único punto en común que tiene con el Gobierno: también se opone al bloqueo económico conducido por EEUU y al intento de derrocamiento por la fuerza. Sin embargo, si bien son más nacionalista, están arraigados al esquema neoliberal.

El mapa opositor que irá a las elecciones es heterogéneo. Resaltan figuras como la del evangélico Javier Bertucci, sectores del partido Acción Democrática, formaciones como Soluciones para Venezuela, y Cambiemos. De conjunto sostienen un discurso que se opone al Gobierno, a Guaidó, y a la política de injerencia de EEUU. Buscan ocupar el centro de la oposición, desplazando a quienes ya parecen agotados políticamente.

La consulta popular

Guaidó ya no es noticia en los medios venezolanos, tiene más presencia en los medios internacionales que en los nacionales, salen más los candidatos de la oposición democrática que los que en una época fueron alabados por los medios y eran entrevistados.

Esa pérdida de protagonismo lleva varios meses. El último momento de centralidad de Guaidó ocurrió a inicios del 2020 fuera de Venezuela, cuando fue recibido por los Gobiernos de Colombia, Inglaterra, Francia, o en el Congreso y la Casa Blanca en EEUU. A partir de allí su declive fue constante.

La posición de Guaidó fue la de desconocer las elecciones legislativas de diciembre, una política decidida en EEUU, desde donde se desplegó una campaña de presiones diplomáticas para que un arco de Gobiernos, centralmente de América Latina y de Europa, se sumara al no reconocimiento de la contienda.

Junto con eso, la oposición todavía nucleada alrededor de la estrategia del “gobierno interino”, decidió convocar a una “consulta popular”, que tendrá lugar entre el 7 y el 12 de diciembre.

Se tratará, según fue anunciado, de realizar un boicot a la jornada electoral y una consulta para contestar tres preguntas:

  • ¿Exige usted el cese de la usurpación de la presidencia por parte de Nicolás Maduro y convoca la realización de elecciones presidenciales y parlamentarias libres, justas y verificables?
  • ¿Rechaza usted el evento del 6 de diciembre y solicita a la comunidad internacional su desconocimiento?
  • ¡Ordena usted adelantar las gestiones necesarias ante la comunidad internacional para activar la cooperación, acompañamiento y asistencia que permitan rescatar nuestra democracia?

​La consulta recuerda al plebiscito de julio del 2017. En ese entonces, la derecha realizó lo que denominó un plebiscito, donde preguntaba, entre otras cosas, si se apoyaba el pedido que la Fuerza Armada Nacional Bolivariana respaldara la AN y no al poder ejecutivo, y se aprobaba la conformación de un “gobierno de unidad nacional”.

Qué pasó con esas elecciones? Hubo una medición entre comillas de la oposición porque no hubo manera de contar las papeletas, además luego de recolectar esas firmas que no tenían asidero legal, esas firmas fueron quemadas, olvidadas, y lo que generaron fue una molestia, una decepción porque no llegaron a nada.

La consulta popular tendrá otro objetivo central: buscar refrendar la posible permanencia de Guaidó en la “presidencia interina”, una presidencia que ya no podrá ser justificada como decisión de la AN ya que ese sector de la oposición quedará fuera del Legislativo.

El cambio en Washington

El desconocimiento de las elecciones del 6 fue una política planteada desde Washington que, al igual que el reconocimiento de Guaidó como “presidente interino”, contó con el apoyo del Partido Demócrata y del Republicano.

Sin embargo, con la toma de mando de Joe Biden en enero del 2021, es probable que ocurran cambios en la Administración estadounidense en la manera de abordar el intento de cambio de Gobierno de Venezuela. Existe una conclusión que puede leerse en publicaciones de medios demócratas, como Bloomberg: la estrategia que llevó adelante Trump no dio resultado.Parte de los posibles cambios estarán ligado a los resultados del 6 de diciembre, donde una actuación marginal de la “consulta popular” quitaría aún más apoyo a un “presidente interino” que no logró ningún objetivo político en casi dos años.

A su vez, una alta participación en las elecciones legislativas será una carta de fuerza tanto para la oposición que se presentará, como para el chavismo, ante posibles instancias futuras de diálogos y negociaciones, nacionales e internacionales.

La participación será un elemento central en la contienda. Se tratará de una elección marcada por la pandemia, por un desgaste producto del conflicto prolongado que ha golpeado al conjunto de la política, y la situación económica que, en el caso de este año, estuvo marcada por el desabastecimiento de gasolina, la crisis de varios servicios públicos, y, en estos últimos días, un aumento marcado del dólar, es decir una nueva devaluación.

En el 2015, los meses anteriores a la votación también fueron particularmente críticos, centralmente por el desabastecimiento y la falta de productos alimentarios y de higiene.

Por último, y con un lugar central, aparece una pregunta: ¿cuáles serán las propuestas e iniciativas en la AN? Esas propuestas no fueron eje central de la campaña chavista, marcada por el discurso centrado en la necesidad de recuperar el poder legislativo perdido como forma de desactivar la agresión política y económica.

El principal reto que tendrán los diputados y diputadas del chavismo, y de la diversidad de la izquierda venezolana, la principal tarea será escuchar ese pueblo y hacer factibles las leyes que se presenten desde las bases y avanzar en aquellas que quedaron pendientes.

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