“En 1950 estalló en los Llanos una rebelión contra la dictadura conservadora. Éramos los liberales defendiéndonos de la violencia del Gobierno […] Después nos quedamos los campesinos, peleando solos contra la Chulavita: así se llamaba la policía de la dictadura. Gente violenta, amaestrada, enseñada a ver en todo lo que no fuera gobiernista un enemigo de Dios, del orden y de la patria. Nosotros solo peleábamos por el derecho a la vida y a un pedazo de tierra llana”.

Con ese relato arranca El potro chusmero. La película, sin embargo, no es un registro documental de las guerrillas liberales y los combates contra la policía conservadora. Cuenta la historia de una yegua recién parida. Es la yegua de uno de los guerrilleros campesinos que cabalgaban el Llano. El potro, al que no quieren dejar abandonado, se vuelve un encarte para el grupo, que es perseguido por los chulavitas. El centro de la narración es el potro, sí, pero bajo ese pretexto el guion logra explicar, por fuera del discurso de los grandes políticos, cómo se vivía en los territorios la violencia bipartidista de mediados de siglo.

Se iba a estrenar por televisión, pero, a dos meses de elecciones parlamentarias, Belisario Betancur Cuartas le prohibió a Focine, financiador de la película, tener “sesgo político”. La interpretación de ese mandato por parte de Focine fue prohibir el estreno de una película de corte liberal. Luis Alfredo Sánchez, quien dirigió El potro chusmero, dijo que había sido censurado.

Premio Mejor Sonido a Lina Uribe¸ III Festival de Cine de Bogotá – 1986. Premio al Mejor Cortometraje y Mejor Interpretación al colectivo de actores¸ Salón Internacional de Cine de BogotḠ1985. Director: Luis Alfredo Sánchez. Duración: 25 minutos. Año 1985. País: Colombia. Intérpretes: Santiago García, Antonio Aparicio, Fernando Peñuela y Henry Romero.