¿Dónde está el maestro que enseñó a Shakespeare? ¿Dónde el que enseñó a Franklin, a Washington, a Bacon, a Newton? Todo gran hombre es único. El escipionismo de Escipión es precisamente aquello que no pudo tomar prestado de nadie más. No se hará nunca un Shakespeare mediante el estudio de Shakespeare. Haz lo que te ha sido asignado, y no esperes demasiado ni te atrevas a demasiado. A ti te aguarda una oportunidad de expresión tan audaz y grandiosa como la del colosal cincel de Fidias, o la de la llana de los egipcios, o la de la pluma de un Moisés o un Dante, aunque distinta de todas ellas. Es improbable que la plétora del alma elocuente, con sus mil lenguas de fuego, se digne repetirse; pero si puedes oír lo que estos patriarcas dijeron, seguramente podrás responderles en el mismo tono, porque el oído y la lengua son dos órganos de naturaleza idéntica. Mora en las regiones simples y nobles de tu vida, obedece a tu corazón, reproduce nuevamente el mundo anterior al diluvio.