Nicolás Maduro recibió una dosis de su propia medicina e irónicamente vino gracias a sus “gotas milagrosas”. Sin embargo, el efecto resultó contrario a sus intereses. El revés lo dio Facebook, que no dejó pasar sus afirmaciones sin asidero científico sobre este supuesto fármaco para combatir el coronavirus. Por lo tanto, los filtros de la red social censuraron sus videos promocionales.

En concreto, la empresa le prohibió cargar en su plataforma contenido relacionado con el Carvativir, una sustancia amarillenta —cuyas propiedades carecen de aval científico— elaborada con plantas para enfrentar la propagación de la pandemia, según la agencia EFE.

Maduro se defiende. Vocifera que es un “abuso” del presidente de Facebook, Mark Zuckerberg, a quien le cuestiona su liderazgo comunicacional y lo desafía por ser “gente multimillonaria que pretende imponer sus verdades, sus razones, sus abusos en el mundo”. Lo retó a demostrar quién manda en Venezuela.

La censura de Facebook se suma al cuestionamiento de la Academia Nacional de la Medicina que en un comunicado emitió un “alerta” en la cual asegura que el Carvativir es un “tratamiento de mezcla de hierbas naturales” del cual “no se tiene conocimiento de estudio alguno que demuestre científicamente la efectividad de este u otro tratamiento natural”.

Una revancha con OMS incluida

Para «los próximos días» Maduro promete publicar los estudios realizados sobre estas «gotitas», que acumulan contradicciones de manera vertiginosa. Sus argumentos para defenderlas cambian a diario. Ahora, su versión ha pasado de afirmar que «neutraliza al 100%» a que sólo es «complementario». Y admite que esta corrección es a raíz de «tremenda polémica».

La diferencia en este momento es que la polémica tiene su precio. La Organización Panamericana de la Salud (OPS) le pidió el resultado de los hallazgos sobre el Carvativir y Facebook le impedirá promover este «medicamento» hasta que la Organización Mundial de la Salud lo apruebe.

Una guerra constante y el efecto búmeran

Hoy Maduro califica la medida de Facebook en su contra como “dictatorial”, pero sus diferencias con las redes sociales lo atormentan desde hace mucho tiempo atrás. Ejemplos sobran. Ahora, que irónicamente le toca sufrir los embates de la censura, evoca una imagen de mártir que pocos creen.

Su crítica a la compañía de Mark Zuckerberg por «castigar» su promoción de contenido sobre el Carvativir pretende ocultar aquel momento cuando el propio Maduro utilizó a la Asamblea Constituyente chavista e írrita en 2017 para intentar hacer una regulación en el uso de las redes sociales en Venezuela, con el objetivo de sancionar y silenciar a quienes —en su opinión— cometieran «delitos de odio», reseñó La Nación. 

Tal medida nació de la necesidad que tiene Maduro de acallar a quienes le adversan. Una prueba de ello fue cómo hace dos años intentó transmitir una jornada en vivo en la red y durante el evento recibió una ráfaga de comentarios adversos al régimen y en protesta por la crisis de Venezuela.  Hoy, las quejas continúan y su asedio a los medios también.

A finales de 2017, Maduro también ordenó citar a los representantes de las plataformas en Venezuela porque les tenía “una sorpresita” a lo que él llamó la “tiranía” del mundo 2.0  por “la guerra de vetar” sus contenidos cuando tenía “derecho a  defenderse”. Así lo dijo desde Miraflores.

Y es que las redes sociales son esa especie de territorio donde la ciudadanía venezolana vuelca opiniones que el régimen trata a su modo de atacar, como lo ha hecho con los vetos a cientos de medios que se transmitían en Venezuela y no eran afines a su propaganda. Canales internacionales como Caracol TV, NTN24, Todo Noticias de Argentina y CNN en Español han sufrido estos embates.

Es más, hasta agosto de 2017, la Comisión Nacional de Telecomunicaciones de Venezuela (Conatel) había ordenado el cierre de 41 emisoras y un canal público en varios estados del país que tenían gobiernos afectos al chavismo, según la ONG Instituto de Prensa y Sociedad reseñada por CNN.

Facebook hoy le marcó la pauta a Maduro, como él hizo en innumerables ocasiones con disidentes, detractores y medios de comunicación que le resultaban incómodos.

Si no acata la medida de la compañía estadounidense de dar veracidad a sus argumentos lo más probable es que quede sin tribuna en este espacio de interacción y de ahí en adelante las puertas se cerrarán en el resto de las aplicaciones que ofrecen esta misma posibilidad como Twitter, YouTube o Snapchat. Lo invisibilizarían, como tantas veces lo hizo con aquellos que se atrevieron a decirle algo que el régimen odiaba escuchar.