Rimbaud y Verlaine partieron de viaje hacia Londres. Los primeros días fueron muy intensos, pero pronto regresó esa otra cara de su convivencia: la de las peleas, el menosprecio que sentía Rimbaud por su amante. Fruto de una discusión, Verlaine decidió abandonar a Rimbaud, quien, al verse solo, decidió escribirle esta carta.

A Paul Verlaine

Londres, julio de 1873

Regresa, regresa, mi querido amigo, mi único amigo, regresa. Te juro que seré bueno. Si me he mostrado desagradable contigo, fue tan sólo una broma; me cegué, y me arrepiento de ello más de lo que puedes imaginar. Vuelve, porque cuando regreses todo estará totalmente olvidado. ¡Qué desgracia que hayas tomado en serio esta broma!

No paro de llorar desde hace dos días. Vuelve. Sé valiente, querido amigo. Nada esta perdido todavía. Sólo tienes que emprender el viaje de vuelta. Viviremos aquí nuevamente, valientemente, pacientemente.

Te lo suplico. Además, es por tu bien. Vuelve, encontrarás aquí todas tus cosas. Espero que no tengas duda alguna, ahora, de que no discutía en serio. Que suceso y situacion más desagradable.

Porqué, cuando te hacía señas para que bajaras del barco, ¿por qué no lo hiciste?
¿Hemos vivido juntos durante dos años para llegar a esto? ¿Qué vas a hacer? Si no quieres volver aquí ¿quieres que vaya yo a tu encuentro, dónde tú estés?

Se que yo tengo la culpa. No me olvidarás ¿verdad?
No, tú no puedes olvidarme.
Yo te tengo aquí siempre.
Di, contesta a tu amigo ¿acaso no volveremos a vivir juntos los dos?
Contéstame pronto.
No puedo quedarme aquí por más tiempo.
Escucha unicamente lo que te dicte tu corazón.
Dime pronto si tengo que reunirme contigo.

A ti, para toda la vida.

Rimbaud

P.D. Si no puedo volver a verte, me alistaré en el ejercito o en la marina.
Regresa; no paro de llorar a cada momento. Dime que vaya a tu encuentro, iré, dímelo, ponme un telegrama – tengo que irme el lunes por la tarde ¿dónde irás? ¿qué quieres hacer?

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5 de julio de 1873

Querido amigo, tengo tu carta fechada en el mar. Te equivocas, esta vez, te equivocas mucho. Primero no hay nada positivo en tu carta: tu mujer no vendrá o vendrá en tres meses, tres años, ¿qué sé yo? Respecto a lo de dar el portazo ¿te conozco?
Así que vas, mientras esperas a tu mujer y a tu muerte, a forcejear, errar, aburrir a todo el mundo. Qué, ¿todavía no te has dado cuenta de que los enfados eran tan falsos por una parte como por la otra? Pero tú eres el último en equivocarse, ya que incluso después de haberte llamado repetidas veces, has persistido en tus falsos sentimientos. ¿Crees que tu vida será más agradable con otros que no sean yo? ¡piénsalo! ¡Ah, seguro que no!
Sólo conmigo puedes ser libre, y ya que te prometo ser bueno en el futuro, que deploro mis errores, que tengo el espíritu limpio, que te quiero, si no quieres volver, o que te alcancen; cometes un crimen del que te arrepentirás durante muchos y largos años, por la pérdida de toda la libertad. Los enojos más atroces, y todo eso que has sentido. Después de eso vuelve a pensar en lo que eras antes de conocerme.

Respecto a mí no vuelvo con mi madre. Me marcho a París, intentaré irme el lunes por la tarde, habré tenido que vender todos tus trajes, no puedo hacerlo de otro modo. Todavía no los he vendido, hasta el lunes por la mañana no vendrán a recogerlos. Si quieres mandarme cartas a París, envíalas a L. Forais, 289, rue Saint Jacques para A. Rimbaud. Él sabrá mi dirección.
Es verdad. Si tú mujer vuelve, no te comprometeré escribiéndote. No te escribiré nunca. La única palabra verdadera es: vuelve, quiero estar contigo, te quiero. Si escuchas esto, mostrarás valor y un espíritu sincero. Si es de otro modo, te compadezco. Pero te quiero, te abrazo, y volveremos a vernos.

Rimbaud,

8 Great College, etc, hasta el lunes por la tarde o martes a las doce, si llamas.

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Verlaine escribió a Rimbaud para pedirle que se uniera a él, pero no en Londres, sino en Bruselas. Fue en esta ciudad en la que se produjo todo el incidente que desembocaría en su drástica separación. Rimbaud le responde con esta carta:

7 de julio de 1873

Lunes a las doce de la mañana.

Mi querido amigo.

Vi la carta que enviaste a la Sra. Smith. ¡Quieres regresar a Londres! ¡No puedes imaginarte cómo va a recibirte todo el mundo! ¡Y la mala cara que me pondrán Andreu y otros si vuelven a verme contigo! Sin embargo, seré valiente. Cuéntame tu plan sinceramente. ¿Quieres volver a Londres por mí?, ¿qué día?, ¿es mi carta la que te convenció? Pero no queda nada en mi habitación.
Lo he vendido todo, excepto un gabán. Tengo dos libras con diez. Pero la colada está todavía en la blanqueadora y he conservado un montón de cosas para mí: todas las camisas, calzoncillos, jerseys, gantes y todos los calcetines. Todos los libros y manuscritos están seguros. En suma, no he vendido más que tus pantalones, negros y gris, un gabán y un chaleco, el bolso y la caja de gorros. ¿Pero por qué no me escribes a mí directamente?

Sí, mi querido pequeño. Voy a quedarme todavía una semana. Y tú vendrás, ¿no es cierto? Dime la verdad. Habrás dado una prueba de tu valentía. Espero que sea cierto, puedes estar seguro de mí, tengo muy buen carácter.
Para ti. Te espero.

Rimb.

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