El ministro de Hacienda de Colombia, Alberto Carrasquilla, finalmente presentó la tan esperada reforma tributaria con la que el gobierno de Iván Duque, que se montó a la presidencia prometiendo rebajas de impuestos, piensa meter la mano en el bolsillo de los ciudadanos.

Bajo el eufemismo de ‘Ley de Solidaridad Sostenible’, la reforma incluye polémicas alzas en los impuestos a la canasta básica y deja de lado sectores aliados del gobierno. 

El texto se centra en temas que tienen que ver con el IVA, el impuesto de renta de personas naturales y nuevas tributaciones de personas jurídicas, que por su parte ya generó todo un debate. Sin embargo, hay colombianos que se preguntan qué pasó con propuestas como gravar las bebidas azucaradas o ponerle impuestos a los centros religiosos.

Frente a los productos azucarados, Diana León, investigadora de Dejusticia, planteó este 15 de abril en su columna publicada en La Silla Vacía que: “Si hay que subir impuestos, ¿por qué no empezar por las bebidas azucaradas?”. Allí, expone que, “una de las formas de desincentivar o reducir el consumo de productos nocivos es subiendo el precio final de estos productos. A medida que sube el precio, las personas tienden a demandar menos de los bienes normales. Un ejemplo colombiano de esto fue el aumento en los impuestos al tabaco en el 2016″.

Sobre este punto, en la rueda de prensa Carrasquilla fue cuestionado sobre por qué no incluyó un impuesto a las bebidas azucaradas, y esto respondió:

Nosotros no lo incluimos pero somos conscientes de que eso entrará a la discusión en el Congreso. El presidente tiene un escepticismo sobre la bondad de este impuesto, yo no estoy seguro de que ese impuesto tenga los efectos sobre las externalidades sobre la salud de la ciudadanía, pero estamos dispuestos a ese debate.

Cabe recordar que, en 2016, cuando Iván Duque era senador del Centro Democrático, criticó que el Gobierno presentara un proyecto para poner este impuesto, asegurando que el problema de la obesidad en Colombia correspondía más al sedentarismo que al consumo de bebidas azucaradas.

¿Y de los curas qué?

Sobre el tema de aplicar gravámenes a los centros religiosos, sean cristianos, evangélicos, católicos o de otras creencias, suscitó un debate en días pasado luego de que la representante del Partido Verde, Katherine Miranda, propusiera que estos lugares pagaran impuesto a la renta, y así no afectar a la clase media.

“Proponemos que las iglesias empiecen a pagar este impuesto de renta, que hoy no pagan, ya que eso nos implicaría un recaudo anual de 1,8 billones de pesos, sin necesidad de tocar a la clase media. Según cifras del Dane, el 41 % de los jefes de hogar se sienten pobres, y el 56 % piensan que su situación ha empeorado. Sí hay opciones para una reforma tributaria sin meterle la mano al bolsillo a la clase media”manifestó la congresista en Semana.

Finalmente, en el borrador dado a conocer por el Ministerio de Haciendo no se plasmó esa propuesta. Carrasquilla también salió a explicar por qué.

“Las iglesias son parte de un universo que conocemos tributariamente como entidades sin ánimo de lucro, hemos llegado a la conclusión como sociedad de que esas entidades tengan un tratamiento especial desde el punto de vista tributario”, explicó el ministro, quien además agregó, que si llegarán a gravar las iglesias tendrían que hacerlo también con fundaciones sin ánimo de lucro.

Con esta reforma tributaria el Gobierno nacional busca en un principio recaudar 17,6 billones a través de gravar a las personas naturales, $10,5 billones se lograrían por medio del IVA y otros $3 billones con impuestos a las personas jurídicas. Aunque el ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla, afirmó en Semana que, aspiran a recaudar en total $23,4 billones anuales.

En redes le recuerdan a Duque vallas de “menos impuestos, más salario  mínimo”

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