Es preciso que nos ocupemos también del periodismo de ideas. Ya hemos dicho que la concepción que tiene la prensa francesa de la información, podría ser mejor. Se quiere informar rápido en lugar de informar bien. La verdad no se beneficia con ello.
Por lo tanto, no podemos razonablemente lamentarnos de que los editoriales tomen, en parte, el lugar que tan mal ocupa la información. Algo al menos es evidente: la información, tal como se suministra hoy a los periódicos y tal como éstos la utilizan, no puede prescindir de un comentario crítico. La prensa, en su conjunto, podría tender hacia esta fórmula.
Por una parte, el periodista puede ayudar a la comprensión de noticias mediante un conjunto de observaciones que den su alcance exacto a informaciones cuya fuente e intención no son siempre evidentes. El periodista puede, por ejemplo, en la composición del periódico, enfrentar noticias que se contradicen, y lograr así que una cuestione a la otra. Pueden informar al público acerca de la credibilidad que conviene atribuir a una información sabiendo que emana de tal agencia o de tal corresponsalía en el extranjero. Para dar un ejemplo preciso, es seguro que, de la gran cantidad de corresponsales que las agencias mantenían en el extranjero, sólo cuatro o cinco ofrecían las garantías de veracidad que debe exigir una prensa decidida a desempeñar su papel. Corresponde al periodista, mejor informado que el público, presentarle, con el máximo de reservas, las informaciones cuya precariedad conoce bien.
A esta crítica directa del texto y de las fuentes, el periodista podría agregar unas explicaciones tan claras y precisas como fuera posible, que pusieran al público al tanto de la técnica de la información. Puesto que al lector le interesan el doctor Petiot y la estafa de las alhajas, no hay razón inmediata para que no le interese el funcionamiento de una agencia internacional de prensa. Lo beneficioso sería, alertar su sentido crítico en lugar de apelar a su inclinación hacia lo fácil. El problema consiste solamente en saber si esta información crítica es técnicamente posible. Mi convicción sobre este punto es afirmativa.
Hay otro aporte del periodista al público. Consiste en el comentario político y moral de la actualidad. Frente a las fuerzas desordenadas de la historia, cuyo reflejo son las informaciones, puede ser positivo escribir cada día las reflexiones de una persona o las observaciones comunes de varias personas. Pero esto no puede hacerse desaprensivamente, sin distancia y sin cierta idea de la relatividad. Desde luego, el amor por la verdad no impide tomar partido, más aún, si se ha comenzado a comprender lo que tratamos de hacer en este periódico, el uno no se entiende sin el otro. Pero, en esto como en lo demás, hay que encontrar un cierto tono sin el cual todo se desvaloriza.
Para tomar ejemplos de la prensa actual, es cierto que la rapidez sorprendente de los ejércitos aliados, y de las noticias internacionales, la certidumbre de la victoria que sustituye de pronto a la esperanza infatigable de la liberación, en fin, la proximidad de la paz obligan a todos los periódicos a definir sin dilaciones lo que el país quiere y lo que es. Por eso se habla tanto de Francia en sus artículos. Pero, desde luego, se trata de un tema que sólo se puede abordar con infinitas precauciones y eligiendo las palabras. Si se pretende volver a los tópicos y a las frases patrióticas de una época en que se llegó a irritar a los franceses con la sola mención de la palabra patria, no se aporta nada a la definición que buscamos. Al contrario, se le quita mucho. Para tiempos nuevos son necesarias, si no palabras nuevas, al menos un nuevo ordenamiento de palabras. Sólo el corazón y el respeto que inspira el verdadero amor pueden dictar este nuevo enfoque. Solamente así contribuiremos, modestamente, a dotar a este país de un lenguaje que sea escuchado.
Como se ve, esto exige que los artículos de fondo sean profundos y que las noticias falsas o dudosas no sean presentadas como verdaderas. A este conjunto de elementos llamo periodismo crítico. Y, una vez más, es necesario un tono y el sacrificio de muchas cosas. Pero bastaría, quizá, con que se empezara a reflexionar sobre todo esto.
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