Ya está conseguido el objetivo, Pablo Iglesias derribado.

Voy a poner por delante que si considero a alguien culpable de que la izquierda española no se haya reorganizado para frenar la locura neoliberal contemporánea: ése es Pablo Iglesias. No estoy nada de acuerdo con su gestión del vendaval enorme generado por la crisis que hizo manar el 15M. Ha caído en los pozos más tópicos, desde lo privado a lo público, transitando de lo asambleario a un cierto rasputinismo que algunos le achacan en todos los sentidos…

Pero Iglesias cambió la política española. En un momento de desesperación crítica, con la única perspectiva de repetir con los dos partidos causantes de una crisis que aún no ha acabado y de la que la actual es un corolario, hizo nacer una posibilidad de cambio repleto de ideología izquierdista que ha resultado, al cabo de una década, en un progresivo desinflamiento de esa fuerza generada para Podemos… un PSOE que no hay que olvidar que reventó por dentro y se vio obligados a renovarse y que, sin embargo, ha vuelto a su punto de partida incapaz de engañar ya más a su electorado masivamente… y un PP que se mantiene por la matrícula, toda su gestión previa prácticamente depositada en los juzgados por lo Penal.

Nunca un político en España ha sufrido un acoso como el sufrido por Pablo Iglesias, incluidas sus parejas, descendencia y hasta progenitores… díganme un sólo caso parecido, uno sólo.

No sabemos la vida de los hijos de nuestros políticos ni siquiera en los casos en los que han vivido del cuento de sus madres o padres. Otra cosa es que él haya siendo lo suficientemente torpe o soberbio para alentarlo o dar argumentos permanentes… pero en este caso hay que dar al mensajero, porque todo puede ser utilizado en contra de alguien…

Daba igual, dijera lo que dijera, el ventilador funcionaba expandiendo la versión más peligrosa para la mayoría: vivienda era expropiación, impuestos era desangrado, familia era desmembración, obras públicas era sovietización, prensa era control contra la libertad, religión era persecución, Historia era adoctrinamiento, debate era depuración, campaña era egoísmo para mantenerse… ¡qué le cabía hacer o decir!

Las amenazas no hacía falta que las recibiera en un sobre, basta abrir las redes sociales o un grupo de conversación cualquiera de supuestos moderados para oír toda clase de invectivas, descalificaciones y ataques personales que nada tienen que ver con lo ideológico.


Francisco Silvera